miércoles, 11 de julio de 2007

UNIFORMES PARA TODOS...






Cuando cursaba la instrucción básica usaba ese tipo de ropa especial: el uniforme (una-forma). En ese momento no tenía una mayor importancia, por el contrario, era una situación cómoda el no tener que pensar o decidir que ropa usar, ya había una desición tomada y era necesario seguirla a rajatabla. No era una opción, era una obligación.


Pero pasado el tiempo, uno aprende (o en teoría debería aprender) a pensar, tomar desiciones propias y adquirir personalidad e individualidad, guardar el uniforme y definir las reglas de motu propio.


Y conforme se va adquiriendo ese desarrollo, las diferencias con cada persona nos afirman en nuestro propio ser individual: es cierto, todos somos seres humanos, dudosos homo sapiens, pero no iguales.


Pues bien, tal vez ya no sea así (o a mí me parece), de repente la consigna de la modernidad es: ¡queremos ser todos iguales! ¡igualdad para hombres, mujeres y quimeras! ¡igualdad o muerte!


Que paradoja, todo el tiempo luchando por proclamar nuestra individualidad, porque se nos reconozca como alguien especial y único para venir, al final del día, a pugnar por una igualdad entre todos.


¿Y porqué digo esto? Bueno, simplemente que veo a todos los activistas peleando por los derechos de las mujeres, los niños, los minusválidos (perdón, las personas con capacidades diferentes, no sea que los defensores de lo "politicamente correcto" se manifiesten también) los homosexuales, los pro-vida, los pro-muerte, los católicos, los mormones, los vegetarianos, los ....bueno, así ad nauseum. Quieren igualdad, y yo me pregunto: ¿igualdad a qué? o ¿a quién? Perdón, pero somos diferentes..., es ilógico pedir igualdad cuando física, intelectual, social, moral y/o ecónomicamente SOMOS DIFERENTES. Quieren un mundo de paz y felicidad en donde todos seamos iguales; no por favor!, ¿y quién va a determinar los parámetros de igualdad ?, ¿qué se hará con aquellos que no resulten en masa homógenea como todos?, ¿cómo nos vamos a distinguir si todos usamos nuestro uniforme que nos iguale y nos quite nuestra individualidad para hacernos parte del todo colectivo?


"Hemos de ser todos iguales. No todos nacimos libres e iguales, como dice la Constitución, sino todos hechos iguales. Cada hombre, la imagen de cualquier otro. Entonces, todos son felices, porque no pueden establecerse diferencias ni comparaciones desfavorables. (....) Domina la mente del hombre. (...) Y así, cuando, por último, las casas fueron totalmente inmunizadas contra el fuego, en el mundo entero ...ya no hubo necesidad de bomberos para el antiguo trabajo. Se les dió una nueva misión, como custodios de nuestra tranquilidad de espíritu, de nuestro pequeño, comprensible y justo temor de ser inferiores. Censores oficiales, jueces y ejecutores. " *


¿Eso queremos?, masas de seres robotizados que son "felices" mientras no haya aquellos que salgan de la norma, obedeciendo todos a una "moda" que se vuelve ley y de la que nosotros mismos nos volvemos guardias y jueces, porque bajo el trasfondo de defender a las minorías, parádojicamente se aglutinan renunciando voluntariamente a su individualidad en pro del "reconocimiento" no de sí mismos, sino de su "grupo".

No lo sé, dicen que el hombre es un animal de sociedad por naturaleza. Que necesita vivir en grupos para desenvolver mejor todo su potencial; estoy de acuerdo. La soledad y el aislamiento debieran ser también opciones de libre albedrío para quién esté dispuesto a tomarlas, pero de igual manera, aún viviendo o conviviendo en sociedad, ese mismo libre albedrío, esa libertad que también debiera ser innata, no tendría porque perderse, ni abandonarse. Por más que resulte fácil, cómodo o sencillo; por más que nos proporcione una tranquilidad, seguridad, felicidad el que otros decidan por nosotros y formar parte de una masa amorfa, no deberíamos ponernos el uniforme y salir a pedir con singular alegría la tan llevada y traída "igualdad para todos".


Luz, 2007.


* Farenheit 451, Bradbury, Ray.

Ray Bradbury
(EEUU, 1920)
Escritor estadounidense de ciencia ficción, conocido ante todo por sus novelas y colecciones de relatos, entre las que destacan El hombre ilustrado (1951), Fahrenheit 451 (1953), ambientada en una sociedad futura donde la palabra escrita está prohibida, y El vino del estío (1957). Crónicas marcianas (1950), una novela sobre la colonización y conquista de Marte, es la más famosa de sus obras y consolidó su posición como principal autor de ficción científica.





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