Supo, en el mismo instante de mirarle por primera vez, que era el amor de su vida.
Le llevó algo más de tiempo el enterarse.
Sólo al final: cuando por fin, después de la ruptura, de idas y regresos siempre dolorosos y cada vez más violentos; de intercambios de reproches y perdones, más llenos de fastidio los primeros y de amargura los últimos.
Sólo entonces: cuando por fin pudo decir adiós al recuerdo, soltar las amarras de la culpa, abandonar los ¿porqués? y mirar adelante al camino que había abandonado mientras permanecía ahí, esperando en soledad por quién hacía mucho que se había perdido tras el horizonte.
Sólo entonces: cuando miró con extrañeza sus manos y se dió cuenta que el corazón sangrante que repetía su nombre en una agonía que creyó eterna, ya no era más que polvo que se llevaba el viento; sin dolor, sin lágrimas, sin tragedias.
Cuando ella misma repitió aquel nombre, ".... mi amor:." y el sonido y las palabras se perdieron en el vacío solitario y sin ecos en donde una vez aquel nombre reinó sobre todo y todos.
Sólo entonces: cuando dió la espalda a todo aquello y se atrevió a mirar el camino frente a ella, a sabiendas que nunca estaría a su lado, entendió con la total seguridad de la certeza que era el amor de su vida.
luz, 2012
