jueves, 21 de mayo de 2009

POEMAS...



Mucho tiempo.., demasiado tal vez porque en algunas ocasiones el tiempo se desliza como el agua de un río..plácida, tranquila, pareciera que nada se mueve, nada cambia, y no obstante fluye y fluye todo el tiempo, arrastrando en su corriente areniscas, hojas secas, y desgastando inclusive las duras rocas que amurallan su cauce.
Asi el tiempo.., lenta, imperceptible, pero inexorablemente arrastra los días de nuestra vida.., días felices que pasan rápidamente. Como las corrientes de esos ríos que chocan entre murallas de piedras y se despeñan con el estruendo de su fuerza, entre nubes de agua pulverizada y fría.
Días felices que parece que se vuelven minutos..., que parecen no haber trancurrido, que se acumulan uno tras otro sin que se note su magnitud.
Y llega el tiempo de los días tristes.., los días sombríos.., los días que se vuelven eternidades llenas de nostalgia, de recuerdos que a más de ser agradables llevan en si el dejo amargo de lo que se ha ido...para siempre.
La corriente se vuelve un espejo que solo nos devuelve lo que queremos olvidar.., dejar atrás.., pero en su calmo devenir solamente podemos ver, una y otra vez, las imágenes de aquellos días felices, que se han ido.., y entonces, para no perder la razón, para no caer en el estupor que arrebata la voluntad y el deseo de vivir, queda un recurso.., escribir.
Y he aquí que volvemos al papel, que es paciente y con quién podemos repetir hasta la saciedad toda la tristeza que embarga nuestra alma.., la desilusión.., el dolor..
Podemos escribir, cosas como esta...


Saber.

-¿Aún no te vas?
No, no enciendas, da lo mismo,
sé que eres tú...
¿Cómo lo sé?
No, no me burlo,
me divierte la lógica tan simple
que explica porqué tú y yo nunca nos comprendimos.

¿Ahora quieres hablar?
Si entre nosotros ya todo lo hemos dicho,
¿Dices que me equivoco?
¿que necesitas tiempo para exponer tus puntos
y explicar a tu modo el porqué del adiós,
del engaño,
y del olvido?

Muy bien,
soy toda oídos...
repite con palabras lo que ya,
hasta el cansancio,
me gritan cada día tus desvaríos.

Es tan sencillo:
para tí el desamor es cosa de fastidio,
de razones complejas,
cansancio,
tedio,
un sinfín de motivos.

Y yo,
que respiro tu aliento,
que miro por tus ojos,
y el único lenguaje que conozco
es el de nuestros cuerpos
entrelazando juntos
las frases que conforman
el único discurso permitido;
yo, -te decía-
que sé mirarte el alma aún estando dormido,
hace tiempo que supe,
que ya te había perdido.

Luz, 2009