
Hay relatos que he escuchado, leído o encontrado en diferentes lugares, en distintos momentos de mi vida. La moraleja (o moralina) en esencia es la misma, son diferentes y variados, pero en resumen podríamos decir que se ejemplifican en los siguientes:
Pescador:
Un pescador en algún pueblecillo remoto se levanta temprano, sale de pesca recolectando lo necesario para su familia y un poco más para vender en el mercado. Regresa a su casa, cambia en el mercado su pescado por otros artículos que necesita en su hogar y el resto del día lo emplea en tomar una siesta, convivir con su esposa e hijos y contemplar el atardecer junto a su casa. Se retira a dormir temprano, y al otro día, vuelve a salir a pescar.
Un hombre de negocios que visita el pueblo, le pregunta un día porqué no se emplea más a fondo para obtener mayores beneficios por su trabajo. Le explica la estrategia necesaria para hacerse primero de más botes, luego de trabajadores, una planta procesadora y obtener una fortuna a largo plazo. El pescador le escucha y le pregunta que todo ello con que fin.., el corredor de negocios le contesta: con ello podría comprar una casa en un pueblo tranquilo, retirarse a descansar y disfrutar de su fortuna, convivir más tiempo con su mujer e hijos, tomar largas siestas, y olvidarse de preocupaciones.
El pescador le contesta que ya mismo, tiene esa vida.
Portero:
En una empresa X un día deciden que tienen que renovar absolutamente todo, el personal no es la excepción y el encargado del asunto empieza a entrevistar a todos los empleados con el fin de despedir a unos y ratificar a otros. Toca el turno al portero, aparentemente todo va bien y conservará su puesto, el gerente toma sus datos y le pregunta su dirección de e-mail, el hombre contesta que no tiene e-mail, de hecho, no sabe que es un e-mail. El gerente asombrado le pregunta si no sabe que es internet y no utiliza una computadora, el portero contesta que no, que para realizar su trabajo nunca la ha necesitado. Al final de la entrevista el portero sale de la oficina con su cheque de liquidación y sin trabajo.
Pensando que hacer, decide que, puesto que aprendió a realizar pequeños trabajos de albañilería, plomería, electricidad..,se dedicará por el momento a reparar su casa, cosa que no había podido hacer en años de trabajo dedicado a la empresa. Cuando los vecinos ven los arreglos que va haciendo a su hogar, le solicitan trabajos similares, al tiempo, el hombre tiene que contratar alguien que le ayude. Después ir consiguiendo más herramienta, habilitar un pequeño taller, comprar un vehículo para transportarse puesto que el trabajo ya lo reclama en lugares más alejados.
Por fin, se da cuenta que maneja un cantidad considerable de dinero y decide que tiene que ir a un banco a abrir una de esas cuentas que le permitan obtener alguna ganancia y más ventajas sobre su próspera empresa.
En el banco, el ejecutivo le atiende amablemente, toma sus datos y en un momento dado le pregunta la dirección de su e-mail. El hombre contesta que no tiene, el empleado asombrado le comenta: todo este capital pudo hacerlo sin tener acceso a las facilidades del internet?..¿que sería si tuviese esa herramienta? -le pregunta..
-sería portero de una empresa, contesta el hombre.
Turista.
Un turista llega a un país (supongo que de Oriente, es lo más común) lleno de íconos místicos y aires de antigüedad. Le han dicho que en cierto lugar vive un sabio muy célebre por sus atinadas sentencias, decidido a conocerlo, se apersona en la casa que habita y (supongo que por algún tipo de magia o meditación avanzada..) logra entrar a conocerlo.
En el lugar hay dos o tres cosas, una simple habitación desprovista de casi todo, apenas lo muy necesario. Ahí está el sabio.., el turista recorre con la vista el espacio vacío, y le pregunta: -¿Cómo es que siendo tan famoso, tu casa esté punto menos que abandonada? apenas cuentas con lo indispensable.
el sabio le dice: -Tú también no llevas nada, ¿en donde están tus pertenencias, tus bienes?
El turista se sonríe: -Claro que no llevo nada, yo aquí sólo soy un turista, voy de paso y mis pertenencias por lo tanto, no están aquí.
el sabio le responde: -Igual yo.
Estos tres ¿cuentos? por más que son de una simplicidad dignas de un folletín barato, (Coelho, Brown, Mandino y otros hacedores a destajo de best-sellers no las desprecian por cierto) me parecen ejemplares de un pensamiento que -fuera de la moralina retórica-, se va perdiendo en aras de un desarrollo que paradójicamente va hacia atrás en lugar de avanzar.
La modernidad nos arrebata poco a poco las cosas simples y sencillas para envolverlas con papeles brillantes y vistosos hasta hacernos perder de vista lo esencial y vivir en el culto a la apariencia y la fachada. No somos ya lo que somos, sino lo que aparentamos, y aún ni eso, somos lo que nos dicen que hay que aparentar, porque hasta de ello vamos perdiendo la facultad: la de decidir que queremos no ser, sino parecer.
Hoy día nos venden los conceptos de todo lo que debería ser libre decisión autónoma. Todo ya nos viene dado en envases atractivamente expuestos y asi, creemos que decidimos cuando únicamente funcionamos como una máquina a la que se le indica que hacer o que responder, o que procesar según un botón correctamente accionado.
¿Pero que tanto de responsabilidad tienen los mercaderes? al final del día, el comerciante cumple su cometido. Su labor es vender, vender bien y en cantidad; ofrecer su producto de tal forma que se vuelva indispensable, que cada vez sea más amplio el mercado que lo solicite y por lo tanto la ganancia se multiplique al infinito. ¿No sería responsabilidad individual el elegir que comprar y que no?
Ah, pero esa es la cuestión, tal pareciera que la "necesidad" que compramos no es un artículo como una casa, un auto, un objeto. La necesidad que nos venden es la de poseer, no es solamente EL objeto, es la capacidad de adquirir objetos y la cantidad de ellos que seamos capaces de atesorar.
Tal vez nosotros, como consumidores potenciales, tendríamos una pequeña (por más que pequeña siempre sería opción) injerencia en el proceso. No parecería lógico que actuáramos como entes que pasivamente esperan su porción de alimento digerido con ojos cerrados, manos atadas, cuerpos petrificados y por supuesto, sin posibilidad de pensar y decidir si queremos mantener la boca permanente abierta o en algún momento pudieramos cerrarla, el equivalente a decir "no" o por lo menos "¿porqué?"
Tristemente, mientras la globalización avanza y parece unir en un instante a la humanidad, los individuos parecen más solos y extraviados. Mientras las distancias entre paises se acortan, las diferencias entre las personas se agrandan. Mientras la ciencia descubre y explora los abismos insondables del espacio y los misterios hasta ahora velados de la increíble maquinaria del cuerpo humano, las motivaciones, los impulsos, las acciones de la humanidad en conjunto y de los individuos en particular se vuelven acontecimientos inexplicables, pasmosos, inverosímiles en muchos casos.
En un país de alto desarrollo economico, social, y cultural. En el continente europeo y llamado del primer mundo. Un padre de familia que durante años vive una apariencia de vida respetable y apreciada, se descubre un día como un hombre que mantuvo cautiva a su hija, manteniendo relaciones sexuales con ella, de las cuales procreó siete hijos y cuando uno de ellos murió lo incineró en la caldera de su casa. Fue descubierto cuando tuvo que llevar a un hospital a la hija mayor por enfermedad y durante las audiencias para llevarlo a juicio soltó esta frase definitiva: "no soy un monstruo, pude haberlos matado a todos y nadie se habría dado cuenta, sin embargo, no lo hice".
La opinión pública se mira sorprendida y escandalizada. Eso no causaría mayor sorpresa en algún país latinoamericano, africano, asiático..., en esos lugares, se entiende que "la gente" es bárbara, carente de valores y principios, sin una moral básica y sobreviviendo -que no viviendo- en base casi a instintos.
Bien, el problema parece ser que, efectivamente, confundimos las cosas según lo que hemos aprendido de los convencionalismos que los mercaderes nos ofrecen. Llamamos bárbaros a los que no son como nosotros (sea cual sea nuestro status, si no están con nosotros, están contra nosotros), decimos que no hay valores ni principios cuando queremos decir que no hay posesiones materiales, la "moral" en este caso también viene dictada por juicios de valor que rara vez se remiten a enunciados ético-filósoficos, sino a usos y costumbres de un grupo generalmente en el poder (poder social y mediático, que no siempre político).
Por eso es que, aunque sea poco, aunque sea un folletín barato, aunque sea de manera eventual, ocasional o por azar, deberíamos abogar por una "moda" que involucre el leer, el cuestionar, el tener siempre presente el "¿porqué?" como estandarte y no quedarnos únicamente en la fachada. Eso sería un buen recurso, para evitar que un buen día, despertemos bajo el imperio de los bárbaros y los escuchemos decir: "no soy un monstruo, pude haberte matado..y no lo hice"
Luz, 2008
* Esto se me ocurrió a raiz de un texto de Alessandro Baricco, "I barbari" (Los bárbaros), recomiendo ampliamente su lectura.
>Alessandro Baricco(Italia, 1958)

Novelista, dramaturgo y periodista italiano nacido en Turín. Licenciado en Filosofía, ha dirigido un programa de libros y ha fundado una escuela de técnicas de escritura, llamada Holden (como homenaje a Salinger). Baricco se convirtió en un fenómeno literario mundial con la publicación de su novela Seda (1996), una nostálgica búsqueda de sentimientos que nunca se nombran. Es autor además de las novelas, Tierras de cristal (Premio Médicis, 1991), Océano mar (Premio Viareggio, 1993), City (1999) y Sin sangre (2003); del monólogo teatral Novecento (1994) y de los ensayos, Rossini Il genio in fuga y El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin.
I Barbari, Repubblica (20 novembre 2006) (Publicado en Español por Anagrama en el año 2008).








