
Un día le dijeron (tampoco recordaba quién, había tanto que no recordaba...) que la luz, por más tenue que sea, refulge cuanta más oscuridad y negrura se encuentre.
Por eso, quizá, es que sus caminos le llevaban una y otra vez por paisajes sombríos.
Por eso, quizá, se acostumbró a vivir en una oscuridad perpetua, en donde su imaginación se encargaba de llenar de formas y colores una vida de penumbras.
La hora del crepúsculo era su hora.., ese instante del tiempo en donde el sol se perdía entre una bruma grisácea y el mundo parecia suspendido en un universo que recordaba un sueño (o una pesadilla, quizá)
A veces, las nubes o el aire contaminado de la ciudad ocultaban las estrellas y la luna, el nocturno espejo del sol, entonces la oscuridad adquiría más consistencia. Era un manto pesado y sofocante que cubría todo, con parches de luz aquí y allá (las lámparas en las calles, las luces encendidas de las casas..), pero que alrededor de esos oasis, se extendía, cubriendo, devorando toda forma y contorno..
La oscuridad, la soledad...
Sus compañeros de camino, siempre presentes.., uno al lado del otro, sin que recordara cuando llegaron a su vida, o más bien, le parecía que habían nacido juntos, los tres.., al mismo tiempo. Que habían tomado camino como algo natural. Y aunque en tramos parecía que alguno se perdía, se retrasaba, se alejaba.., todo era temporal, unos pasos más adelante, en un recodo del camino, al hacer un alto para descansar ahí estaban de nuevo. Soledad, oscuridad.., y ella.
Un día le dijeron que aún la luz más tenue alumbra en la noche más cerrada.
Sería por eso que ella se aferraba a la mínima chispa de claridad que podía vislumbrar. Viviendo siempre en esa frontera irreal.., entre el existir y el no; sin ser día, ni noche. Caminando un sendero que no se sabe a donde conduce y que sin embargo, hay que transitar...sola, y en tinieblas...
Cualquier punto de luz lo recibía agradecida, la flama temblorosa de una vela, el relámpago que por un instante iluminaba el cielo, y el negro manto de la noche hinchado de estrellas que tejían su encaje de luz alrededor de un circulo plateado y brillante en las noches de luna llena. Todo era para ella una bendición, una pausa, un soplo de aliento...
Momentánea, pero esperanza al fin, le daba fuerzas para continuar. Para seguir buscando la razón, el porqué, la respuesta a la única pregunta que había en su mente, en su corazón: ¿qué hago aquí?
Por más que después de esas rafágas de luz, la oscuridad se hiciera más insondable; por más de que su corazón se desgarrara una y otra vez en la ilusión de que había por fin encontrado su respuesta y al final volviera a quedar a mitad del camino con sus eternos compañeros; por más de que más de una vez se hubiera quedado tendida, sin fuerzas y pensando que ese era su límite, que no podía más..,
La claridad aparecía de nuevo, ¿de donde? tampoco lo sabía, pero hasta sus ojos, ardorosos y secos volvía a abrirse paso aquel reflejo ámbar y brillante..: luz, de nuevo un faro.., cerca o lejos, grande o apenas perceptible..y entonces, sacando fuerzas de donde ya no había nada (o donde parecía ya no haber nada) se había vuelto a levantar.., una y otra vez, para seguir el resplandor.
Y siempre que lo pensaba, le parecía una broma cruel, el saber que su nombre era Luz.
luz, 2010.


