
El hombre caminaba pausado, erguido en su escuálida fisonomía y pulcramente vestido con el traje de tweed (que ciertamente había conocido tiempos mejores), los zapatos bicolores con bigotera y el sombrero de fieltro adornado con un par de plumas. Con total aplomo llevaba adelante su ridículo atuendo. Su brazo, parecía más largo de lo normal por el viejísimo portafolios de piel marrón que más que portafolios, parecía una extensión del brazo, al confundirse con el color de la piel enjuta de la mano, morena y delgada, con la que aferraba el asa del objeto.
Al llegar a un lugar determinado, justo al centro de la plaza por donde ya había dado dos o tres vueltas, se detuvo, volteó a uno y otro lado, sopesando con ojo experto las posibilidades que el lugar le ofrecía, sonreía con amabilidad a las personas que pasaban junto a él y no olvidaba retirar con toda propiedad el viejo sombrero, cuando una mujer le devolvía la sonrisa con algo de extrañeza.
Al final pareció satisfecho con su ubicación, y con la misma parsimonia y delicado cuidado, fue sacando del portafolios los enseres de su oficio. Primero, un pedazo de lona doblado con minuciosa exactitud, el cual fue extendido prolija y prontamente en el piso, a sus pies. Una cartulina, igualmente doblada, en donde estaba escrito, con letras grandes y claras, la mercancía que estaba a punto de ofrecer. La cartulina tenía, entre signos de pesos resaltados, la siguiente leyenda:
"Nueva guía actualizada de las formas, etapas, duración y síntomas más comunes del amor.
Una guía rápida, clara y sencilla para novatos y profesionales en las relaciones interpersonales."
Cuando todo estuvo a punto, el singular personaje se aclaró la garganta y empezó a promocionar su producto.
" Olvídese de una vez y para siempre de las indesiciones, malos entendidos y equivocaciones desafortunadas en el trato con sus semejantes.
Se acabaron las noches en blanco, los días de angustia perenne y las tardes (o mañanas) encogido y tenso en el sillón del psicoanalista tratando de adivinar en que momento debió dar la media vuelta y alejarse del engendro que por un garrafal error de cálculo es hoy su compañero o compañera, esposo o esposa, concubino o amasia.
¿Se encuentra indeciso acerca de la verdadera naturaleza de ese compañero de trabajo?¿no está seguro si es sólo un lambiscón, oportunista y trepador tratando de aprovecharse de usted, o si en verdad es el mejor amigo que ha tenido? ¡no se mortifique más! en este manual encontrará la descripción detallada y certera de los sentimientos que le inspira y lo que significan -sin el mínimo margén de error- cada uno de ellos.
Después de consultarlo, sabrá con seguridad: SE-GU-RI-DAD, no lo olvide. Mágica palabra, don de los dioses que nadie, escúcheme bien, NADIE, le ofrece en estos tiempos.
Decía yo: sabrá con seguridad si hay que abrazar al susodicho compañero con la euforia de un hermano querido reencontrado, o aplicarle la ley del hielo, o definitivamente, arrojarlo al agujero del más absoluto desprecio.
Ya no habrá la lucha interior por querer involucrarse con aquella persona, más allá de un simple encuentro casual y placentero. Duerma tranquilo, sabiendo que su corazón está a salvo y lo que siente es unicamente la calentura primaveral de un cuerpo sano. Despídase con una sonrisa de los escalofríos, sudoraciones, tartamudeos, y sonrojos al no saber si es tiempo ya de proponer noviazgo, matrimonio, sexo a aquella persona especial...o en el caso contrario, sepa si es el momento correcto de aceptar todo tipo de proposición."
Aquí, el mercader trashumante, hizo una pausa. Su voz, extrañamente modulada con agradable acento, con educada dicción, no parecía atraer a la multitud. De hecho, no parecía atraer a nadie. Algunas personas pasaban y volteaban a verlo con curiosidad, otros divertidos. En el momento que dejó de hablar, una muchachita despistada y masticando un chicle con absoluto desparpajo le preguntó: "¿es una revista de horóscopos, o de predicciones de año nuevo?" pero ni ella se detuvo un poco más a escuchar siquiera la respuesta a su pregunta. Echó una una última ojeada al hombre que la miraba con expresión benévola y se alejó con pasos rápidos y ligeros.
El hombre suspiró, sacó el pañuelo cuya punta asomaba por el bolsillo superior de su saco y limpió la comisura de su boca, luego volvió a doblarlo con igual delicadeza y tomando aire nuevamente volvió con su discurso:
"He aquí el equivalente de cualquier diccionario, prontuario, temario y compendio. El más útil, por cierto, el único que puede ahorrarle años de amarguras y por el contrario, abonarle tiempo de calidad y felicidad al tener la certeza de cuando abandonar una relación, cuando comenzar otra, cuando dar el siguiente paso, y el siguiente, y el siguiente.
No hay porqué ir de nuevo con la técnica tardada y poco segura de "prueba-error", no hay porque seguir exponiendo el corazón, ese órgano fino y delicado que a pesar de su resistencia y vitalidad, puede también ser más frágil que el cristal más delgado. Hágase el favor de preservar sus sentimientos, su tiempo, su salud espiritual, mental y física consultando en todo momento este manual que el día de hoy tengo el privilegio de venirle ofreciendo.
Con toda certeza, y sin temor de caer en ningún tipo de blasfemia o despróposito, le digo a usted, que este manual le será más útil y de más cotidiana consulta que la misma biblia. Tome en cuenta que el manual, en su versión actualizada y corregida, cuenta con índices temáticos, citas claramente señalizadas, notas de pie de página con ejemplos prácticos y como un regalo para quién se decida a adquirirlo, un anexo, con los escenarios más comunes de las relaciones típicas en base a: situación socio-economica, política, racial y cultural del individuo, todo ello con un lenguaje sencillo y coloquial para que no haya lugar a dudas. "
Durante el día, bajo los rayos inclementes del sol, el hombre siguió repitiendo su letanía, siempre con la misma convicción, sin perder un momento la seguridad de su discurso. Por más que el día avanzaba y aún nadie se animaba a solicitar uno de sus maravillosos y, evidentemente, increíbles manuales. Llegó la tarde, el sol por fin se iba ocultando tras los árboles polvorientos que adornaban la plaza. El hombre miró el tono rojizo que iba rodeando al sol en su despedida y las nubes que se volvían grises y oscuras mientras la noche se aprestaba a tomar su lugar. Suspiró, con una sonrisa que no estaba en sus labios, sino en la chispa ambarina de su mirada, empezó a doblar con todo cuidado su cartulina amarillenta y ajada por los dobleces, después de guardarla siguió los mismos pasos con su polvoriento pedazo de lona. Cerró el portafolios, sacudió y acomodo con toda parsimonia su traje y calándose con garbo el sombrero se dispuso a abandonar su sitio. Fue en ese momento que se le escuchó murmurar:
"ya veremos si mañana, con los frascos de agua de la eterna juventud, hay más suerte..." y con su mismo paso erguido y sosegado, se perdió en la semi-oscuridad de la noche, entre la sombra ominosa de los viejos troncos de la plaza.
Luz, 2008.