miércoles, 30 de octubre de 2013

VENERO






Y de sus labios resbalaron caricias,
brotando como de un manantial,
de una fuente,
de un venero.

Los demás decían que eran palabras,
sonrisas;
no para mí,
para mí todo eran besos...

luz, 2013


martes, 29 de octubre de 2013

DESAPEGOS






Hay ocasiones en que todo parece señalar a un punto. Una frase, una palabra, una imagen..., alguien te hace un comentario y de repente todo va hacia el mismo tema.
Leí una frase: "el hecho de que conozcas al amor de tu vida, no significa que vayan a estar juntos"
Después, varias cosas me llevaron al tema del desapego, de la serenidad y el valor de dejar ir lo que ya no te corresponde, la despedida, el desprenderse...
¿Se refiere todo ello a tí? 
He intentado soltarte tantas veces. He tratado de ser fuerte, cerrando los ojos y abriendo mis manos para soltar las tuyas. He arrojado por la borda todo lo que me recordaba, tus fotos, tus cartas, tus canciones...
He dejado pasar los días ignorando tu nombre y tu imagen que se me presenta por las mañanas, cuando abro los ojos; por las noches, cuando voy a dormir.., y durante todo el día mientras hago cualquier cosa, mientras susurro una canción, o cuando mi boca deja salir tu nombre en un suspiro. 
He vivido todo este tiempo masticando la tristeza como una medicina amarga que hay que tomar por necesidad, para recuperar la salud, o, por lo menos, para seguir viviendo con un mínimo de calidad. 
Pero vuelvo a buscarte, cualquier pretexto es bueno, cualquier pequeña coyuntura me hace olvidar mis mejores propósitos y siempre encuentro una justificación aceptable. 
De esos encuentros, invariablemente salgo malherida. Es lógico, sigo esperando de tí lo que hace mucho ya no puedes darme. Cerraste el capítulo del amor y lo único que conservas es un tibio afecto que sobrevive de uno que otro recuerdo, de una que otra sonrisa. 
"Hay que soltar...", "hay que dejar ir..." 
¿Se refiere todo ello a tí?
Dicen que cuando uno pide un consejo, es porque esperamos oír algo que reafirme nuestro deseo, porque bien sabemos que ese, nuestro deseo, no es la decisión correcta; pero de manera infantil esperamos escuchar que alguien más nos apoya; que alguien más nos dice: "si, estás en lo correcto.." aunque sepamos que no es así. 
Sé que debo dejarte ir.
¿Porqué me cuesta tanto...?


luz, 2013

THE AIR THAT I BREATH


A veces, (diría que siempre) todo lo que necesito es un poco de aire para respirar...y amarte.



EL SUEÑO DEL ÁNGEL











Este ángel soñó que no podía volar. Ni ser invisible, ni permanecer mudo espectador. Soñó que era tan común y corriente que hasta él mismo se iba olvidando de quién era. 
Todos los días, al abrir los ojos, comenzaba su pesadilla...
¿los opuestos se atraen...?



luz, 2013

viernes, 25 de octubre de 2013

WHEREVER YOU WILL GO...



Y pensar que ese tatuaje que se hizo la chica en un brazo, algunos lo hacemos en el corazón...



jueves, 24 de octubre de 2013

TAL VEZ











Tal vez, si nunca te hubiera conocido
no me habría enterado
que el infierno con el que tanto amenazaban los curas en la iglesia
no estaba abajo,
ni arriba,
ni después de la muerte, ni en una cama de enfermo.
Nunca hubiera sabido
que el infierno,
ese lugar sin tiempo,
ese espacio sin fronteras,
esa eternidad de lágrimas,
es tu ausencia.

luz, 2013

martes, 15 de octubre de 2013

MARINERA








Fascinada por la inmensidad de ese azul que se perdía en el horizonte. Las nubes viajaban en el cielo y parecían correr a la par que las crestas de aquellas olas que batían una y otra vez, incansables, infinitas...
El mar parecía hacerle una invitación constante: "ven.., ven.." decían las olas cada vez que se acercaban a la orilla. "Ven..., ven..." con sus dedos de espuma queriendo jalar sus pies, firmemente hundidos en la arena. Le enredaban sus brazos de cálida humedad por las piernas, por la cintura.., apretaban su cuerpo queriendo llevarla más adentro, allá donde el estruendo parecía apaciguarse, donde el romper de las olas se volvía tan suave como un arrullo.
Y las olas se retiraban una y otra vez, después de llenarla con sus rumores de mil historias desconocidas,
de lágrimas vertidas, de risas tranquilas o de carcajadas plenas.., y las olas volvían una y otra vez, sin cansarse, sin variar en nada su llamado suave, cálido, arrullador: "ven.., ven..."

Pero era cobarde, le fascinaba el espectáculo de la inmensidad, de la libertad que no conocía límites, de esas fronteras que se encontraban tan lejos una de otra, que no había manera de abarcarlas con la mirada. Eso era hipnótico, todas los pensamientos, todas las situaciones, todo lo que traía consigo lo olvidaba entonces. Concentrada en ese sonido monótono, en ese vaivén incansable, interminable... ¿Hubiera querido perderse en esa inmensidad?, ¡sí! gritaba rápidamente su corazón, ¡sí!, con igual pasión gritaba su cuerpo y sus brazos se extendían -con vida propia- hacia el azul infinito, acariciando las blancas crestas que se aferraban a sus dedos conduciéndolos... Pero sólo era un segundo, enseguida, su miedo, su eterno miedo la hacía enterrar sus pies con más fuerza en la arena, volver sus brazos hacia su cuerpo, abrazándose fuerte, temiendo que no le obedeciera y se dejara llevar por la corriente. El miedo, la única cosa de la que nunca, en ningún momento o lugar la abandonaba.

Un día, -pensaba- un día subiré a una barca y me iré. Viajaré hasta donde la corriente me lleve. Iré a conocer esos fantásticos lugares de los que me habla la brisa, todo aquello que las olas me han contado, las historias que susurran los caracoles a mi oído.
Un día, abriré mis brazos como alas contra el viento, los ojos cerrados a la luz del sol que me enceguece y la sal del océano en mi cara; un día veré al mar tragarse la gran bola de fuego enrojecida que es el sol de la tarde, y por la mañana, lo veré levantarse nuevamente entre velos de púrpura y rosas encarnadas, y los seres del mar viajarán a mi lado y ellos también me hablarán de sus muchas historias, de todos los caminos que han recorrido, de todas las maravillas que han visto, y de los infinitos tesoros que guarda ese universo extraordinario que es el mar.

O me dejaré llevar, simplemente, por esas olas recurrentes y cálidas que constantemente me guían desde la orilla, caminaré sin miedo y seré yo también parte de ese concierto. Las algas envolverán mi cuerpo como un traje de fiesta, los corales y estrellas serán mis ornamentos y los peces del mar serán mis compañeros. 
Un día, -pensaba-, un día...


******


Así la retiraban cada día de las orillas, después de pasar horas mirando embobada el romper de las olas.
Sin hablar, sin moverse; presa en un cuerpo que hacía mucho estaba muerto, que no daba señal alguna de tener animación, ni entusiasmo, ni sensación para bien o para mal...
Sólo el romper de las olas parecía provocarle algo, porque, invariablemente, su cara mojada por las lágrimas, parecía llevar en sí, toda la sal contenida en las olas que mansamente lamían las ruedas de la silla en donde permanecía por siempre anclada.
-¿Que pensará, qué sentirá...? preguntaba la fiel sirvienta al médico de guardia, cuando la llevaban de regreso hasta su cama.
- Nada, no piensa, no siente..., es mejor que sea así, en ella todo está muerto. Un día dejará de respirar, descansará por fin, 
un día....



luz, 2013







sábado, 5 de octubre de 2013

INTERNET, O COMO VOLVERSE LOCO SIN SALIR DE CASA.






La historia del internet, esta prodigiosa herramienta de la que poco a poco dependemos más, es relativamente corta (a esta época) Sus orígenes se encuentran en los finales de la década de los 50's, y es en la década de los 90's que se implementa la hoy popular World Wide Web (www.) que hoy es un concepto y "objeto" de uso tan común como un día lo fue un lápiz, una pluma o un cuaderno.
Multitud de lugares virtuales se pueden consultar para enterarse de toda la historia de internet, con lujo de detalles y explicaciones más o menos autorizadas. Este no es el tema en este lugar.
Aquí sigo hablando de las personas que utilizan este medio (al final del día, personas como las que un día crearon todo este sistema). La manera en que han diversificado sus aplicaciones para desarrollar lo que hoy conocemos como "redes sociales", esos curiosos sitios virtuales en donde se supone que se interactúa como solíamos hacerlo allá, en aquellos tiempos de las cavernas en donde las personas acostumbrábamos sentarnos ante una taza de café..y charlar. O tomar una hoja de papel y escribir una carta, un mensaje, una tarjeta. O simplemente mirar al vecino al lado y sonreír, sin necesidad de apretar botones, mover "mouses" o insertar emoticones. Esos tiempos bárbaros en los que se privilegiaba el trato, la mirada, los gestos y la caligrafía, tiempos de oscuridad, tiempos arcaicos.

Pero regresemos a este siglo dorado de comunicación. Todo es rápido, expedito, preciso y puntual. Textos, imágenes, búsqueda, información..y amistad. Todo se reduce a una pantalla, y se reduce literalmente, ya que las pantallas compiten por ser cada vez más pequeñas, más delgadas, más ligeras.., una nueva generación de seres humanos van poco a poco cambiando su manera de enfrentar al mundo.., ya no -como lo marca el verbo- de frente, sino encorvando el cuello para mirar la pequeña pantalla en su mano, tecleando (los más obsoletos) o tocando (los de vanguardia), el brillante artilugio que los "conecta" con el mundo entero, pero que les desconecta de su realidad inmediata. Y aún más, estos sitios virtuales, estos lugares de reunión (que no reúnen a nadie) y centros de convivencia amigable (en donde no se convive ni se amiga) permiten la posibilidad de ser quién quieras ser. No hay que probar nada, como ni siquiera hay que verse (si no se quiere por medio de una cámara) el sexo, la apariencia, la ocupación, la edad, el gesto, el tono de voz, los ademanes, todo ello,  se da a gusto del usuario. En la red, y específicamente en los sitios sociales, inclusive los nombres se olvidan. Todos son "nicks" o apodos que reflejan las fobias y filias de quién los utiliza. Los códigos son distintos, las maneras de tratar de entender a alguien son otras. Las reglas se van implementando a cada momento y se "navega" en aguas, las más de las veces, bastante traicioneras.

Hay un sector de personas que han encontrado en este medio su lugar en la vida, su caldo de cultivo ideal, su hábitat natural por así llamarle. Son una generación de seres humanos que poco a poco van aborreciendo cada vez más (por lo menos su actitud asi lo lleva a suponer) su condición de "humanos", es decir, por la manera en que hacen del mundo "virtual" su razón de vivir, pareciera que les sentaría mejor el evolucionar hacia unos simples bits de información y penetrar en esa red de fórmulas y algoritmos que los sustrajera de la realidad y convirtiera en realidad su sueño de ser, ya no las personas del mundo real, sino esos personajes alternativos que han escogido para interactuar en el mundo del internet.

De entrada, la idea suena demasiado extrema, pero, si se le piensa un poco, no lo parece tanto si nos ponemos a analizar como han ido desarrollándose las normas sociales cada día, como evolucionan (o involucionan, como yo suelo decir) los valores, la cultura, el lenguaje o las convenciones sociales. Todo parece ir llevado por el nuevo adelanto tecnológico, todo lo que no tenga que ver con redes, información instantánea, artefactos novedosos o lo que gire alrededor de ello, se va volviendo arcaico, obsoleto, irrelevante.

De regreso a uno de mis libros de cabecera (casi, casi libro de texto para mí) Farenheit 451, yo prefiero decir como el viejo profesor Fáber: un artilugio pequeño, algo que pueda cubrir con la palma de mi mano y decir "sshtt.., calla, tú no eres más que un aparato que puedo desactivar cuando quiera"
Y así, apagar las brillantes pantallas y regresar la vista hacia el deslumbrante y real mundo.

luz, 2013

viernes, 4 de octubre de 2013

UNA HISTORIA III






Soñaba con un príncipe azul. Sí, así tal cual se leen en los cuentos de hadas, en las historias de amor. Pero no todo era fantasía, había crecido en una familia en donde los matrimonios (por más que fueran infernales, mal avenidos, disfuncionales...) eran para toda la vida. En mi caso, en mi universo de niña consentida, no era tan terrible el panorama. La historia de amor de mis padres me parecía un vivo ejemplo de que "el amor eterno" era completamente posible y realizable. Pasaron muchos años para que yo me enterara de las andanzas de mi padre, de los arranques de ira y la intransigencia de mi madre, de las amargas peleas que se libraban lejos de nuestros oídos y ojos. Ante nosotros, mis padres eran -por lo menos para mí- el "Ideal", el amor a toda prueba, la pareja destinada a vivir unida "hasta que la muerte los separe".
Y eso quería para mí, ¿quién podría culparme?, ¿quién podría señalar como utopía el querer a un hombre fuerte y entregado, amoroso y solidario, honesto y fiel?
Pasaron los años, el príncipe tardaba en llegar y yo desesperaba. Cierto, no era guapa, ni atractiva, sólo tenía a mi favor mi cacareada inteligencia, mi disciplina, mi paciencia, el medallón de "buena hija" que llevaba grabado en el pecho como una divisa que, por cierto, nadie más que mi familia podía ver y no se cansaban de alabar en público. Pero yo no quería el reconocimiento de aquella multitud de personajes ancianos y condescendientes, no: yo quería el AMOR, así con mayúsculas, el amor que pudiera hacer que todo aquello, lo poco o mucho que había logrado hasta entonces tuviera un sentido, un fin, su verdadera razón de ser. Y yo guardaba todos los logros, todos los halagos, todos los triunfos -pequeñas luces de artificio que tal vez valían poco pero eran espectaculares en su belleza-, todo ello eran un tesoro que guardaba para ponerlo en el ara de ese amor sublime, poderoso, infinito.

Cuando el "príncipe" llegó no me detuve a pensar en otra cosa que aquel maravilloso traje en el que había trabajado pacientemente tantos años, no me detuve a pensar si le quedaba bien o no, si era adecuado, si iba bien con su persona. Simplemente se lo puse encima y me dediqué a buscarle todas las justificaciones posibles; todas los inconvenientes, todas las fallas, todas las barreras me parecían poca cosa ante la fuerza de mi convicción: él era el elegido, era por quién había esperado tanto tiempo, ¿cómo podría detenerme ante consideraciones nimias como edad, estado civil, condición económica, nivel cultural...?. Pequeñeces, nada que el Amor, esa poderosa y suprema arma no pudiera vencer o doblegar. El príncipe por fin había llegado, y era tan perfecto en su traje de luces, revestido con todos los atributos que yo había celosamente guardado para ponerlos a sus pies. Todo, mi vida incluso era prescindible ante ese maravilloso milagro.
 
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Fue una relación que la marcó para siempre. Fue..., como una nube de tormenta que de repente se posó sobre su vida y aunque todos veíamos la sombra, y la amenaza que representaba, ella sólo veía un día soleado a su alrededor.
Una relación que fue más lágrimas y sufrimiento que momentos de felicidad, a decir verdad, no entiendo muy bien porque fue que siguió porfiando en ello tanto tiempo, aún a costa de su salud. Su cuerpo enfermó, pero antes de eso, su alma y su espíritu se quebraron. El mirar cada día esa batalla que libraba, esa lucha constante entre ese amor que quería salvar a toda costa y los obstáculos que aparecían a cada momento. Y debo decir, que muchos de esos obstáculos provenían de ese hombre a quién ella había puesto en un altar.
Efectivamente, no había nada que ella no estuviera dispuesta a justificar.
Ahora que lo recuerdo, me duele el corazón al entender lo que debió sufrir, entre el amor que siempre sintió por nosotros, su familia, y esa especie de fanatismo, de adoración equívoca que desarrolló por aquel que sólo vió en ella una prolongación de la juventud que se le escapaba, o un trofeo que pudo presumir por un tiempo, antes que la novedad se esfumara y su realidad lo llamara de nuevo a su vida tranquila, resuelta, bien planeada, en donde, por supuesto, ella -mi hija- no tenía ningún lugar ni sentido.
Todavía recuerdo esa ocasión en que por primera vez, después de muchos días, recuperó la conciencia en esa cama de hospital: sola, aterrada, devastada por el dolor físico y moral, volteó a ver que entraba por la puerta y sonrió con una tristeza infinita, me preguntó: "no ha llamado, ¿verdad?, no me ha buscado..."

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Continuará...



luz, 2013