La historia del internet, esta prodigiosa herramienta de la que poco a poco dependemos más, es relativamente corta (a esta época) Sus orígenes se encuentran en los finales de la década de los 50's, y es en la década de los 90's que se implementa la hoy popular World Wide Web (www.) que hoy es un concepto y "objeto" de uso tan común como un día lo fue un lápiz, una pluma o un cuaderno.
Multitud de lugares virtuales se pueden consultar para enterarse de toda la historia de internet, con lujo de detalles y explicaciones más o menos autorizadas. Este no es el tema en este lugar.
Aquí sigo hablando de las personas que utilizan este medio (al final del día, personas como las que un día crearon todo este sistema). La manera en que han diversificado sus aplicaciones para desarrollar lo que hoy conocemos como "redes sociales", esos curiosos sitios virtuales en donde se supone que se interactúa como solíamos hacerlo allá, en aquellos tiempos de las cavernas en donde las personas acostumbrábamos sentarnos ante una taza de café..y charlar. O tomar una hoja de papel y escribir una carta, un mensaje, una tarjeta. O simplemente mirar al vecino al lado y sonreír, sin necesidad de apretar botones, mover "mouses" o insertar emoticones. Esos tiempos bárbaros en los que se privilegiaba el trato, la mirada, los gestos y la caligrafía, tiempos de oscuridad, tiempos arcaicos.
Pero regresemos a este siglo dorado de comunicación. Todo es rápido, expedito, preciso y puntual. Textos, imágenes, búsqueda, información..y amistad. Todo se reduce a una pantalla, y se reduce literalmente, ya que las pantallas compiten por ser cada vez más pequeñas, más delgadas, más ligeras.., una nueva generación de seres humanos van poco a poco cambiando su manera de enfrentar al mundo.., ya no -como lo marca el verbo- de frente, sino encorvando el cuello para mirar la pequeña pantalla en su mano, tecleando (los más obsoletos) o tocando (los de vanguardia), el brillante artilugio que los "conecta" con el mundo entero, pero que les desconecta de su realidad inmediata. Y aún más, estos sitios virtuales, estos lugares de reunión (que no reúnen a nadie) y centros de convivencia amigable (en donde no se convive ni se amiga) permiten la posibilidad de ser quién quieras ser. No hay que probar nada, como ni siquiera hay que verse (si no se quiere por medio de una cámara) el sexo, la apariencia, la ocupación, la edad, el gesto, el tono de voz, los ademanes, todo ello, se da a gusto del usuario. En la red, y específicamente en los sitios sociales, inclusive los nombres se olvidan. Todos son "nicks" o apodos que reflejan las fobias y filias de quién los utiliza. Los códigos son distintos, las maneras de tratar de entender a alguien son otras. Las reglas se van implementando a cada momento y se "navega" en aguas, las más de las veces, bastante traicioneras.
Hay un sector de personas que han encontrado en este medio su lugar en la vida, su caldo de cultivo ideal, su hábitat natural por así llamarle. Son una generación de seres humanos que poco a poco van aborreciendo cada vez más (por lo menos su actitud asi lo lleva a suponer) su condición de "humanos", es decir, por la manera en que hacen del mundo "virtual" su razón de vivir, pareciera que les sentaría mejor el evolucionar hacia unos simples bits de información y penetrar en esa red de fórmulas y algoritmos que los sustrajera de la realidad y convirtiera en realidad su sueño de ser, ya no las personas del mundo real, sino esos personajes alternativos que han escogido para interactuar en el mundo del internet.
De entrada, la idea suena demasiado extrema, pero, si se le piensa un poco, no lo parece tanto si nos ponemos a analizar como han ido desarrollándose las normas sociales cada día, como evolucionan (o involucionan, como yo suelo decir) los valores, la cultura, el lenguaje o las convenciones sociales. Todo parece ir llevado por el nuevo adelanto tecnológico, todo lo que no tenga que ver con redes, información instantánea, artefactos novedosos o lo que gire alrededor de ello, se va volviendo arcaico, obsoleto, irrelevante.
De regreso a uno de mis libros de cabecera (casi, casi libro de texto para mí) Farenheit 451, yo prefiero decir como el viejo profesor Fáber: un artilugio pequeño, algo que pueda cubrir con la palma de mi mano y decir "sshtt.., calla, tú no eres más que un aparato que puedo desactivar cuando quiera"
Y así, apagar las brillantes pantallas y regresar la vista hacia el deslumbrante y real mundo.
luz, 2013