"Quiero que algo de mí perdure después de mi muerte"
Anne Frank*Recientemente he leído una polémica local entre escritores y críticos de literatura acerca de algo que llaman "intertextualidad" de la obra literaria.
Se refiere esto, (por lo que he podido entender) a la libertad que se toma un autor de hacer referencia a un texto ajeno, sin citar la fuente o entrecomillar para hacer notar que se está partiendo de un escrito anterior.
El autor aduce que no copia textual, sino que toma la referencia y de ahí elabora su propia obra y que por ello no necesita ni poner comillas, ni notas de pie de página, ni citas. En el ínter, le pega un ladrillazo a quienes -como yo- no somos lo suficientemente "cultos" como para saber que se está apoyando en tal o cual escritor.
Aduce que si los lectores no tienen la referencia, no es su problema.
El crítico desliza (sin escribirla con todas sus letras) la palabra "plagio" y de ahí deriva la polémica en donde uno y otro (con sus respectivas huestes de simpatizantes) acaban dandóse con todo combinando los conceptos más "literarios" con los adjetivos más ofensivos (sin perder las cultas formas, se entiende)
Al final del día la polémica acabó donde empezó, es decir, en nada y al parecer eso fue el fin del doméstico problema.
Todo este extenso y aburrido preámbulo me lleva a reflexionar en algo que ya había medio escrito en una ocasión: a saber, la conciencia personal de que no debe haber mucho por descubrir en un mundo que lleva ya tanto tiempo existiendo antes que llegásemos a turistear en él nosotros mismos.
En el libro Eclesiástes de la biblia, se lee: "no hay nada nuevo bajo el sol" y si eso era hace más de dos mil años.., ¿qué podríamos esperar ahora?
¿A donde voy con esto?, bueno, básicamente a que me parece un ejercicio bastante ocioso el desgarrarse las vestiduras queriendo demostrar al mundo que se acaba de descubrir el hilo negro.
En este caso, en el de un escritor, el pensar que está sentando precedentes cuando la verdad de las cosas es que, muy seguramente, muchas otras personas, en diferentes lugares y momentos, han llegado, o están llegando a las mismas conclusiones que ellos mismos.
En esto, me parece, habría que diferenciar dos líneas de pensamiento principales: la que se refiere a la motivación ( o vocación, impulso o como quiera llamársele) del artista, la necesidad de expresar la voz de su alma en cualesquier forma que su talento le permita, ya sea escritura, pintura, música, etc., Yo creo, y esto desde luego es una personalísima opinión, que en este rubro, no habría aquel deseo personal de lograr un reconocimiento general (por lo menos no, como fin último) por la creación artística, ni tampoco el elevarse como individuo sobre su creación que -pienso yo- resulta superior.
El otro orden de ideas es el que deriva de lo anterior y que vendría a ser una especie de antítesis, sería el de querer precisamente el reconocimiento, el trascender como individuo a traves de la obra y que esta sea no el fin, sino sólo el medio para lograrlo.
Ahí si habría entonces la lucha por lograr el reconocimiento, ganar el "derecho de autor" y defenderlo a ultranza, tomar en todo momento el reflector y no abandonarlo cuidando siempre de recordar que lo importante es El Autor y la obra es un mero vehículo.
Me parecería este segundo pensamiento el más vacío y fútil. Generalmente, los grandes artistas han trascendido por su obra. Muchos de ellos incluso después de que físicamente se han ido, siguen recibiendo el homenaje de aquellos que constantemente les reviven en cada generación que les descubre.
Pero tampoco son inventores del agua tibia, conforme uno se asoma a las páginas atrás de la historia, se encuentran los cimientos, las bases de aquello que a primera vista parece novedoso y recién descubierto. ¿En que se basa entonces su importancia?
Supongo que los que verdaderamente trascienden son aquellos creadores que se rigen por el primer punto que expongo: la simple necesidad de expresar. Sin más pretensión que "hacer" lo que sienten y lo que saben. No necesitan recurrir a la "intertextualidad" ni apoyarse en tal o cual.., pueden o no tener los conocimientos, pero rara vez se lo cuestionan.., por el contrario, aquellos que conocen de los cánones muchas veces son los más entusiastas infractores de estos mismos, y, el resultado suele ser, si no "novedoso" si por lo menos refrescante, (en algunos casos genial) y ahí encuentran la inmortalidad.
Y del otro lado están los que quieren trascender por sí mismos, y desgraciadamente son legión, por ello tanto best-seller, tanta "arte" "conceptual" y "modernista", tanta basura auditiva con envoltura "light"
Pero al final del día, hay que reconocer, en este mundo moderno, en esta sociedad consumista del "úsese y tírese", donde el parecer es más importante que el ser, tenemos exactamente la cultura que nos merecemos.
Bienvenidos pues los nuevos "genios" de la cultura.
luz, 2009*Annelies Marie "Anne" Frank, conocida en castellano como Ana Frank (Fráncfort del Meno, Hesse, Alemania, 12 de junio de 1929 - campo de concentración de Bergen-Belsen, Baja Sajonia, Alemania, 12 de marzo de 1945) fue una niña judía alemana, que dejó constancia en su diario de sus experiencias en un escondrijo o desván construido en un edificio de oficinas, mientras se ocultaba con su familia de los nazis en Ámsterdam (Países Bajos) durante la Segunda Guerra Mundial. Su familia fue capturada y llevada a distintos campos de concentración alemanes, donde morirían todos salvo su padre, Otto. Anne fue enviada al campo de concentración nazi de Auschwitz el 2 de septiembre de 1944 y, más tarde, al campo de concentración de Bergen-Belsen. Murió allí de fiebre tifoidea el 12 de marzo de 1945, pocos días antes de que éste fuera liberado.
Años después, su padre publicó su famoso diario, conocido en español como el Diario de Ana Frank