Me esperabas;
todo este tiempo,
todos estos años en el devenir
de una vida normal, casi ordinaria.
Me esperabas
sin saberlo;
sin tener conciencia clara
del nicho que existía
en tu interior, en tu alma,
ese hueco de nostalgia
que yo tenía que llenar cuando llegara.
Me esperabas;
en los días de sol, en las tardes de lluvia,
mientras acunaste en brazos
la esperanza nacida del amor.
y cuando la ilusión fue arena
escapando entre tus manos desmayadas.
Y me esperabas,
y ahora estoy aquí pero ¡oh capricho!
ni tú ni yo nos detuvimos;
pasamos sin mirar,
apenas nos cruzamos
y no hubo tiempo;
tristemente, no nos reconocimos.
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Llegas como el viento
asi,
sin apenas sentirlo, sin aviso.
Con los ojos cerrados te percibo
y sé bien que es inútil
el extender mis brazos
o querer retenerte entre mis manos.
Mi cuerpo es a un tiempo, agua
que se agita preludiando tormenta;
fuego, que reaviva apagadas pavesas,
y tierra, que se levanta en remolinos
al suspirar profundo de tu aliento.
Como se dobla la espiga contra el viento,
sin querer resistir,
dócil ante su embate,
asi te veo venir,
llegas asi
y nada puedo hacer
sólo verte llegar
sin saber cuándo o cómo
volverás a marcharte...
y nuevamente espejo cristalino serán las aguas mansas,
y la flama nuevamente será ceniza blanca
y el campo, la tierra siempre en calma
no dejará saber, el temblor tan intenso que movió sus entrañas.
Pero aquí, en el hueco que dejó,
la fuerza de tu paso,
se arraiga la amargura como hiedra
para cubrirlo todo
y recordarme siempre que una vez estuviste
y volverás de nuevo,
como el viento,
y asi también, te marcharás de vuelta.
luz, 2014





