viernes, 30 de agosto de 2013
EL PRINCIPIO
Un día,
dos...
y la costumbre se mantenía:
estar; sin querer reconocer que lo esperaba.
Un día,
dos...
y el juego continuaba:
estar; sonriendo, paciente,
sabiendo que todo era cuestión de tiempo.
Un día,
dos...
y el azar intervino,
la misma charla impersonal, y de repente:
- Adolorido ¿sabes?,
he tenido un accidente,
en el subte,
me han llevado a urgencias, algo de sangre, poca cosa...
Un día,
dos,
cualquiera,
y ya estaba ahí, a su lado,
rendida, entregada...
- ¿Accidente?, ¿estás bien...?
Y la sonrisa franca,
plena,
enamorada;
un día cualquiera,
un día especial.
- Sí, muy bien. Justo en este instante, mejor...
En el principio...
luz, 2013.
domingo, 25 de agosto de 2013
CUIDADO..., NO TE QUEMES...
Me acuerdo de los tacos de frijoles que nos daba mi abuela.
Tortillas recalentadas, con sus orillas negras y rojizas al requemarse en la hornilla. Frijoles humeantes, que hervían en la olla de barro, panzona y requemada, sobre el brasero.
Me acuerdo que no se podían comer, había que soplar sobre el prolijo rollo de maíz relleno de negros granos.
Era ese un olor bueno, de hogar, un olor que relacionaba con la figura medio encorvada de mi abuela, con su cara tan llena de arrugas (ahora sé, que era porque siempre tenía sonrisas para nosotros, por eso su cara era esa arruga constante, cierta, acogedora...)
Me acuerdo de las manos arrugadas de mi abuela, formando el taco, colocándolo en las manos ansiosas. Su sonrisa plácida. Y su voz: "sóplale, está caliente..."
No volví a comer un taco de frijoles que supiera igual; y pasado casi medio siglo, hoy, al recordar, puedo oler de nuevo aquella tortilla recalentada, puedo sentir el humeante vapor desprendiéndose de ese humilde alimento y con el corazón latiendo con más fuerza, escucho la tranquila voz de mi abuela: "cuidado.., no te quemes.."
luz, 2013
lunes, 19 de agosto de 2013
CLARIVIDENCIA
Y como siempre, tienes ese instinto que no sé si bendecir o maldecir.
Esa seguridad para buscarme justo cuando ya estoy en camino de olvidarte.
¿Cómo lo haces?
No lo sé, pero tal pareciera que esperas el momento justo,
ni antes ni después, eres exacto.
Y no te arredra ni el tono indiferente,
ni los monosílabos cortantes,
ni los ruegos,
ni los desplantes de cólera mal representada..., no.
Ríes, sabes donde apuntar tus flechas,
que palabras emplear,
que cuerdas pulsar,
que recuerdos invocar...
Y como siempre, te vuelves a marchar sonriente,
triunfante,
la esclava sigue ahí,
ahí seguirá,
encadenada a una palabra, que, a tanta humillación
ya no me atrevo a pronunciar...
luz, 2013
jueves, 15 de agosto de 2013
UNA HISTORIA
Era una herida abierta.
Toda ella; una boca enrojecida sangrando a la menor provocación.
No había manera de saber en que momento, o por qué circunstancia, el dolor podía detonar y desencadenar el caos. Y tampoco había manera de saber de que manera se manifestaría esa reacción Todo era impredecible, y también, irremediable. Como ante un fenómeno de la naturaleza, lo único que podíamos hacer era observar, buscar refugio, orar porque terminara rápido y sin víctimas.
Lo peor era cuando se cubría con el disfraz de la dulzura. Era peor, porque en ese momento nos encontrábamos con la guardia baja, confiados y con esa tranquilidad y paz que tan bien sabía contagiar. No había persona más agradable, más simpática, más generosa. Su sola mirada podía destellar luz, todo era verla y sentir que un alma buena nos tocaba el corazón con una sola sonrisa, con un solo roce de sus manos.
Y sin saberlo, dentro de esa mirada, detrás de aquella sonrisa se escondía la tormenta, el huracán más devastador.
¿Cómo podíamos saber que con un comentario, con una palabra dicha al azar, sin intención, de hecho, sin pensarlo siquiera, abriríamos el dique del veneno?, ¿soltaríamos a la bestia que, tras de aquella máscara de ángel, arañaba la tierra esperando el momento de embestir con furia?, con esa furia que provoca el dolor. Justo así, como un animal herido, torturado, moribundo...
*****************
¿El primer dolor? No lo recuerdo. Es decir, he tenido tantos días de felicidad, en general, tantas bendiciones. A decir verdad, soy un ser privilegiado ¿sabe? tuve una familia excelente, todo el tiempo he sido cuidada, valorada, amada. Obviamente, como todo el mundo he tenido altibajos. He tomado muchas malas decisiones también, debido a esto es que he tenido que pasar por las consecuencias de esas malas decisiones, como todos. No creo, hasta ahora, haber tenido una vida mejor ni peor que el resto de los comunes mortales. Si he de ser sincera, mi vida ha sido mucho mejor que la de muchos, lo cual, es simplemente la verdad.
¿Usted me dice que tengo que ser sincera? La verdad estoy siendo mucho muy sincera, sobre todo, tomando en cuenta que no le conozco, pero bueno, suelo ser así, muy confiada con las personas. Demasiado confiada, diría yo. Ahora mismo, por ejemplo, estoy aquí contándole cosas de mi vida, siendo amable mientras llegan por mí, y usted se queda ahí, mirándome como quién observa un bicho raro y haciendo preguntas que me hacen pensar que sólo se burla de mí.
Evidentemente no me conoce, y créame, usted no quiere conocerme de verdad.
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Pero no podías más que sentir compasión por ella, a pesar de todo. Era digna de compasión, es decir, ¿quién no ha visto a esos animalillos abandonados en la calle?, huyendo de los golpes, buscando entre la basura, esquivando golpes y refugiándose de la lluvia y de las inclemencias hechos un ovillo en cualquier rincón. Si te acercas a ellos, y gruñen sordamente enseñando los dientes ¿cómo podría uno culparlos?
Y ella era eso también, un pobre animal arrojado a mitad de la calle: asustado, golpeado, perdido...
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CONTINUARÁ...
luz, 2013
martes, 13 de agosto de 2013
OLVIDO
Me olvidé hasta que punto dejé de ser yo para volverme tú.
Algo sé de cierto,
fue tan lentamente, imperceptible...
un día ya utilizaba tus palabras,
otro día ya escuchaba la música que me enseñaste,
al siguiente ya pensaba en tu tierra, en tus caminos...
y al fin,
cuando llegó el momento en que ya no era más yo,
sino una copia de tí, viviendo en mí,
cuando llegó el día en que estuve lista para decir:
"llévame de regreso contigo, somos uno al fin",
ese día decimos terminar.
Ahora soy una sombra de tí,
vagando perdida en una realidad que ya no me pertenece;
me olvidé...
luz, 2013
jueves, 8 de agosto de 2013
APUNTES EN UN DIA GRIS...
La mancha blanca, aunque borrosa, se distinguía en ese plano inmenso y negro. No había nada más, o por lo menos, no lo distinguía. Le resultaba gracioso que un cuerpo tan grande, tan luminoso en esa noche en particular, fuera, para ella, apenas un parche de luz opaca, de contornos difuminados.
Su miopía, claro. Si se calaba los anteojos, seguramente distinguiría mejor. Podría ver hasta las estrellas, pero no, esta vez quería atenerse a sus propios medios -por más que estuvieran ya tan limitados- la hierba bajo su cuerpo era suave y fresca, la sentía aún a través de la ropa, y en sus palmas desnudas que recorrían todo el contorno de su cuerpo, bueno, hasta donde podía alcanzar la medida de sus brazos. El viento era frío, traía consigo olores de la tierra, sonidos de la pequeña arboleda cercana: grillos, chicharras, el silbido de un pajarillo desvelado.
Sí, sólo sus sentidos desnudos y la noche. Era su cura de desintoxicación, su válvula de escape para que la locura no la atrapara. Una carrera para la que ya no creía tener fuerzas, una competencia que cada vez le costaba más trabajo resistir.
El caminar era otro alivio. Pero sólo ahí, en donde no había ojos vigilantes, ni miradas inquisitivas. Entonces podía doblar la espalda, agachar la cabeza y avanzar con la vista perdida en algún lugar del piso. A veces ya le resultaba tan doloroso el mantenerse erguida, el llevar la vista hacia arriba y caminar como quién marcha alegre a un día de campo, a una celebración o al encuentro del paraíso prometido. Todo era una farsa, todo una impostura que había que conservar para mantener a medias la tranquilidad de otros. Y también, claro, para evitar preguntas, para no tener que dar explicaciones. Hacía mucho que había entendido que nadie quería oír lo que tenía que decir, a nadie le importaba. Las personas a su alrededor se movían en una realidad que ella tampoco entendía, por eso tampoco podía culparlos. Era como vivir encerrada en una cápsula de cristal, no, más bien en un extraño material que trasmutaba sus palabras, sus pensamientos. Cuando ella decía algo, a los oídos de los demás llegaba otra cosa, otras palabras, hasta otra entonación. Y lo mismo le ocurría a ella, no podía creer a veces que las respuestas fueran tan distintas, los comentarios tan disparatados. Era como un diálogo de sordos en donde todos aparentaban entender y sonreían. Ella también aprendió a sonreír, a decir que sí a todo y a caminar erguida y tranquila entre todo ese caos que la rodeaba.
Y ahora había que regresar, conforme se alejaba de aquel prado raquítico y triste que ella llamaba "bosque" su respiración se hacía más profunda. Busco en uno de sus bolsillos los viejos anteojos y con un gesto de cansancio los colocó en su lugar. Ahora lo veía todo más claro, pero no hizo el intento de voltear al cielo, la luz artificial de las casas, los comercios, el alumbrado..., de cualquier manera ya no hubiera podido mirar nada, sólo un manto oscuro y sin matices, el cielo que todos miraban, más bien, el cielo que nadie miraba porque no había nada que observar en él. Ya estaba cerca de su casa. Ahora la sonrisa, muy bien, ahí estaba, tranquila y confiada, por último la postura: como quién se sacude el agua después de un aguacero, asi ella sacudió un poco los hombros, recompuso la espalda y levantó la cabeza. Estaba lista, con una última bocanada, tal y como lo hace un clavadista antes de saltar al vacío, abrió la puerta y entró a la iluminada casa a la que todos ahí, llamaban con gran satisfacción "hogar".
luz, 2013
miércoles, 7 de agosto de 2013
ESPERANZA
Las sombras al fin se alejarán,
cada noche, por más sombría,
por más eterna que parezca, esconde entre sus sombras la esperanza.
Otro día,
un nuevo amanecer de sol (aún cuando haya nubes que lo cubran)
Y las sombras irán a donde suelen ir
también las sombras duermen -quiero pensar,
también descansan...
luz, 2013
martes, 6 de agosto de 2013
UN DIALOGO CUALQUIERA, UN DIA CUALQUIERA.
No te conocía entonces.
- ¿Y ahora?
Ni ahora.
- ¿Cuál es la diferencia entonces?
Ahora ya sé que el miedo estaba justificado.
¿Has sentido alguna vez, esa sensación de tener un vacío en la boca del estómago? ¿ese miedo que es más intenso, porque ni siquiera sabes que es lo que lo provoca? Eso mismo sentí cuando nos conocimos.
- No lo hubiera creído, en todo caso, lo que se notó enseguida fue tu indiferencia. Casi hostilidad, diría.
Se llama mecanismo de defensa. Eso dicen...
- Creo que no sirvió ¿o sí?
No, no sirvió.
Pero no tengo toda la responsabilidad. Resistí tanto como pude.
- En eso tienes razón, tengo que admitir que yo hice todo lo posible por hacer que cambiara tu actitud, por lo menos para conmigo. Alguien podría llamarle acoso, incluso. Supongo que supiste como tocar mi vanidad; me diste en el orgullo, creo.
Yo sabía que saldría lastimada.
- ¡Ahí vas! sabes de memoria lo que pienso de esas tonterías del "destino" y la "predestinación" y todas esas paparruchas. Sí lo sabías y de todos modos te atreviste, entonces no tienes que llamarte a víctima. Además, te vuelvo a recordar que entre nosotros nunca hubo promesas, ni nada parecido.
¿Porqué sigues empeñándote en lastimarme?
- No. Eres tú la que sigues en ese empeño de auto-flagelarte. ¿Ya no te acuerdas quién comenzó esto?
- En todo caso, yo también quiero ser sincero. No todo fue simple vanidad ni orgullo herido. Tú fuiste un imán para mí, por muchas razones. Fue sincero todo lo que te dije entonces; fue real todo el sentimiento.
¿Ahora vas a probar la compasión?
- ¿Compasión? ¿A que viene esto? ¡Sigues siendo increíblemente complicada! ¡¡complicada hasta el hartazgo ¿sabes?!!
Pero es verdad, ¿qué caso tiene que a estas alturas el que menciones que todo fue sincero?. En todo caso, es algo que yo sé. A pesar de todo, yo sigo creyendo que todo fue sincero, entre ambos. No necesito que lo digas, no necesito tu compasión..., o tu lástima.
- Nunca voy a entender porqué haces esto. ¿Qué ganas? ¿Qué quieres conseguir?
Yo tampoco lo entiendo. Y sé que lo único que obtendré será hacer más grande esta brecha entre ambos. Agrandar la distancia, cavar más profundo en el abismo que nos separa. ¿Porqué lo hago?
- Creo que lo sé...
Sí, pero hazme un favor, no lo digas.
- Algún día tendrás que escucharlo, lo que es más: enfrentarlo. ¿No crees que ya es suficiente? Hace un momento me hablabas de compasión, ¿porqué no te haces un favor y muestras esa compasión hacia tí misma? Yo no..
No, te he pedido que no lo digas. Lo sé y no quiero escucharlo.
- Me voy.
Sí.
- Sabes que tengo que irme. Sabes que esto siempre termina así, que nunca lleva a nada.
Sí.
- ¿Estarás bien?
Siempre estoy bien, ¿no es así?
- Hace mucho que dejó de importarme.
También lo sé. No importa, estaré bien.
- Hasta luego entonces.
¿Vendrás.., algún otro día?
- Estoy cansado, creo que esto -por lo menos para mí- fue lo último.
Entiendo. Adiós.
luz, 2013
domingo, 4 de agosto de 2013
PIEDRAS, FLORES, PERSONAS...
Un día, un hombre caminaba por el campo. Hay que aclarar que este hombre, caminaba por el puro impulso de hacerlo, sin mucho detenerse a contemplar alguna cosa en específico, es decir, no tenía una motivación especial.
Entonces, mientras transitaba por ahí, en alguna vereda como hay tantas, miró de repente, y a lo lejos, un cierto resplando que le llamó la atención. Era algo en el camino..., lejos aún para distinguir lo que era, pero ciertamente, el brillo se alcanzaba a percibir claramente.
Más por curiosidad que por otra cosa, apresuró un poco el paso para llegar hasta el punto donde provenía, como era intermitente por momentos, intuyó que debía ser algo que reflejaba la luz, quizás sólo un trozo de espejo roto o un pedazo de hoja de lata -pensó.
Por fin llegó hasta el lugar en donde, entre hierbas y tierra, se encontraba esa piedra pequeña y plana que, a medias enterrada, dejaba ver uno que otro destello. El hombre se alegró, pensó que había dado con algún tipo de piedra preciosa (sin pulir, claro) pero que por alguna suerte había quedado ahí y él la había encontrado. Sin mucho pensarlo -y sin examinarla tampoco- la echó a su bolsillo y siguió su camino. Pensaba que tal vez alguien podría verlo y reclamar la gema, así que procuró caminar aprisa y alejarse del lugar.
Pero algo ocurrió entonces, a partir de ese momento, el hombre comenzó a imaginar las historias más fantásticas. A partir de pensar que en su bolsillo llevaba una joya, se le ocurrieron cosas que hacía mucho no pensaba. Recordó los cuentos de hadas de la infancia, las historias de reyes y caballeros, de dulces y hermosas damas que poseían todas las cualidades que podría tener un ángel y para quién estaban hechas las más hermosas joyas, engarzadas con piedras como las que llevaba en el bolsillo, por cierto.
También, mientras recordaba todo ello, su semblante (aunque él no lo notara) dió un cambio. Una sonrisa de alegría sencilla y limpia apareció en su rostro mientras recordaba los momentos felices de la infancia, los placeres sencillos que sólo se conocen y disfrutan teniendo el corazón inocente de los niños, que son felices con cosas tan simples como una sonrisa, una galleta, una tarde de juegos...
Pensó nuestro hombre, que había sido muy afortunado en encontrar algo que era casi como un tesoro, y que estaba ahí, tan a la vista de cualquiera pero que le había tocado a él mirarlo y tomarlo para sí. De repente se acordó que él no creía en la suerte, ni el destino, ni en nada parecido a un milagro; y sonriendo se dijo que tal vez había sido demasiado severo, tal vez demasiado dogmático. Tal ves, sólo tal vez, todo aquello era posible.
Levantó la vista y miró al cielo, "caramba -pensó- hacía cuanto que no volteaba a mirar las nubes..." y cuando regresó la vista a su alrededor percibió que el paisaje era otro, ¿o no?. Era quizá que hacía mucho, tampoco había puesto atención a la belleza de la naturaleza, así sin más.
Y así por fin decidió que ya se había alejado suficiente del lugar donde había encontrado su "tesoro" y pensó que ya era tiempo de mirarla con más detenimiento, de solazarse un poco admirando su hermosura, sopesando su real valor. Metió la mano al bolsillo y sacó la piedra.
Por un momento pensó que había cometido un error, o que por descuido había dejado caer la gema, pero entonces, ¿cómo había llegado a su bolsillo esa vulgar laja del camino?
Porque lo que tenía en ese momento en su mano era una piedra gris y sin valor, un pedazo de canto como hay tantos otros entre la tierra. Nuestro hombre abría los ojos intrigado ¿cómo era posible?, ¿en donde estaba el brillo? ¿en donde la belleza?
La tarde había caído, su espíritu racional le dió la respuesta: una circunstancia, la posición de la roca en el suelo, la incidencia de la luz del sol, su propio punto de vista mientras caminaba a lo lejos. Respuestas reales, concretas, racionales. Hechos duros, la razón siempre acaba imponiéndose -pensó-, no hay magia, no hay milagros, no hay suerte ni destino. Todo había sido una ilusión, o una alucinación más bien, se dijo el hombre, mientras arrojaba lejos la piedra que había llevado todo ese tiempo con él.
Se sintió molesto y frustrado, una sensación de desencanto invadió su corazón y volviendo a su gesto adusto se alejó por el camino sin voltear atrás.
Pero yo creo, que pasado un tiempo, el hombre reflexionó en el hecho de que ese episodio si fue parte de un destino bueno que le fue obsequiado: el poder retomar, en un momento de su vida en que lo necesitaba, la posibilidad de creer y confiar, de saber que hay más de lo que perciben los sentidos como tales y que la ilusión y el amor siempre deben estar vivos y alentando en el corazón.
Piedras, flores, personas..., son instrumentos nadamás. Pretextos, circunstancias que aparecen de pronto para recordarnos esto y dejar en el rostro una sonrisa y en el corazón una caricia.
luz, 2011
viernes, 2 de agosto de 2013
COULROFOBIA *
payaso, sa.
(Del it. pagliaccio)
1. adj. Dicho de una persona: De poca seriedad, propensa a hacer reír con sus dichos o hechos.
2. adj. C. Rica. Se dice del artista ambulante enmascarado que debuta en las mojigangas.
3. m. y f. Artista de circo que hace de gracioso, con traje, ademanes, dichos y gestos apropiados.
R.A.E.
No puedo recordar desde cuando he tenido esta animadversión (o fobia casi) por los payasos. En los anales de la historia se encuentran unas viejas fotografías de una bebé llorando a lágrima viva mientras unos señores disfrazados de "reyes magos" la sostienen tratando de que sonría a la cámara. Tal vez ahí se desarrolló ese miedo y/o aversión a estos personajes de cara pintada y ademanes exagerados y escandalosos que, sin embargo, suelen ser el encanto de muchos niños (y no tan niños)
No es propiamente tampoco el que carezca de sentido del humor, por el contrario, suelo ser bastante simple y casi cualquier chiste o broma bien contado me hace reír. Pero con los payasos, simplemente no hay manera, algunos me producen miedo: principalmente esos payasos de cara blanca que se maquillan los ojos simulando lágrimas o con unos círculos rojos en las mejillas que resaltan diría yo que obscenamente sobre ese fondo blanco y sin matices del rostro.
Todo me parece repulsivo, el maquillaje, la exageración, el tono de voz y la actitud. No hay manera de que pueda aceptar el tener a uno de estos personajes cerca y todo el tiempo estoy pensando que un ser malévolo se oculta tras ese rostro pintado y esa actitud pseudo-infantil o atolondrada.
Y luego esa costumbre que tienen la mayoría de los escritores y no-escritores de no llamarles payasos. Utilizan la palabra en inglés "clown" para referirse a ellos, en medio de un escrito cualquiera, de una novela, de un poema.. Uno está leyendo una descripción, un relato, una referencia y de repente aparece la mención: " y en eso apareció la figura del clown llenando con su..." ¿porqué?, ¿porqué -en nombre de la simpleza- no pueden poner "payaso"? Ese sólo detalle me pone de malas y me crispa los nervios, no entiendo en que enriquece el escrito el tomar el término en inglés y se complace en reiterarlo cada y cuando se ofrece. Supongo que será alguna poderosísima razón literaria pero yo, ni la entiendo ni me agrada.
Pero regresemos a los personajes. Dicen los psicólogos, o los que se dedican a estudiar estos fenómenos de la fobias y las reacciones de las personas, que el hecho de que utilicen esta especie de máscara (el maquillaje) junto con el estrafalario atuendo que es también una forma de ocultar la verdadera identidad, es lo que puede provocar la fobia de las personas hacia los payasos.
Puede ser. En mi caso, creo que esa sea la razón por la que me inquietan tanto. El no saber que o quién está detrás. El no poder aquilatar sus intenciones, sus verdaderos gestos ni siquiera por el tono de voz, por su expresión corporal, por sus maneras al hablar y al expresarse.
Como a la mayoría de las personas, me atemoriza lo que desconozco, lo que no puedo, por lo menos en un mínimo, prever o sopesar. Me inquieta el estar ante un desconocido que, en sí mismo, por su tradición o por su generalidad, tiende a inspirar confianza y simpatía, pero en mi caso, todo lo contrario: me hace desconfiar y ponerme a la defensiva.
Y cuando más o menos llevaba de forma tranquila y mesurada mi fobia, un día, me siento tranquilamente ante la t.v. a ver una película llamada "It" ("Eso"), basada en una novela de ese maquilador de éxitos comerciales llamado Stephen King y por fin encuentro una justificación para mi sentimiento en contra de los payasos. Ahí estaban, materializados en película todos mis temores y presentimientos: Un payaso de cara blanca, de apariencia siniestra con su traje de caramelo a rayas, su peluca roja y su boca bordeada de rojo. Un disfraz verdaderamente aterrador asomando su cara monstruosa entre un tendedero de blancas sábanas.
Sí, la pesadilla hecha realidad, el payaso aparentemente gentil y amable ofreciendo unos globos a los niños, mientras torcía su horrible boca en una mueca que no logra ocultar sus afilados colmillos de bestia feroz.
Penniwyse, el payaso. El terror absoluto, y más aún, después de saber que el sr. King basó su novela en un caso de la vida real, en donde un asesino serial, se disfrazaba de payaso y salía a matar personas alegremente.
Créanme, esto de las fobias, no siempre es injustificado.
* Coulrofobia, se define como un persistente, anormal e injustificado miedo a los payasos.
luz, 2013
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