domingo, 27 de junio de 2010
DE LAS CARTAS QUE NUNCA SE ENVIARON
Mi amor:
Irremediablemente tengo que seguirte llamando "mío", sé bien que tú nunca lo consideraste asi, y que probablemente ese fue uno de los muchos motivos que precipitaron nuestra separación -uno entre tantos-, pero que puedo hacer, ya lo ves, ni siquiera puedo escribir tu nombre, lo usé tan pocas veces mientras estuvimos juntos, que hasta para mencionarte ante los demás, me parecía que hablaba de otra persona, alguien ajeno, no de mi amor.
Asi que tendrás que perdonarme (una vez más) por esta necedad de no haber podido superar ni siquiera estas sencillas cuestiones de semántica, y seguir llamándote "mi amor" inclusive para escribir esta carta.
Hoy te escribo porque han pasado 14 meses y 28 días y 12 horas con algunos minutos desde que decidimos separarnos (si, si.., otra obsesión más.., llevo la cuenta de esta manera porque estoy tratando de demostrar que los zombies existen, que pueden inclusive llevar una vida aparentemente normal y fingir perfectamente que son felices aunque en realidad sean unos autómatas sin alma) bien, te decía, que sigo recordando esa manera tan civilizada y madura conque nos despedimos.
Sin rencores, dijimos, por no hacernos más daño, afirmamos, es mejor asi, expresamos con total serenidad y aún con sonrisas y buen humor, todavía bromeamos y nos juramos amor eterno, porque.., ¿acaso no era que la separación se daba por mil razones, todas.., pero nunca por falta de amor?
En ese sentido, no había -nos juramos uno al otro- ningún tercero en discordia, no.., simplemente lo nuestro se volvió monótono, gris, se acabó el entusiasmo y la magia. Todavía me acuerdo que dijiste algo como: "ni siquiera sé porqué, simplemente, ya no me hace ilusión el estar contigo", y yo, sintiendo como el corazón se me deshacía y dando gracias por estar sentada y poder mantenerme erguida sonreí y dije: "si, lo entiendo.."
Y no sé cómo seguía manteniendo la sonrisa (algo descompuesta es cierto) al hacer un recuento de todos los detalles que habían ido haciendo esa grieta entre nosotros.., esa pequeña grieta que entonces ya era una zanja profunda que cada vez nos separaba más.
Los dos reímos con esa risa mitad nerviosa, mitad forzada.., esa risa espantosa con que uno disfraza (o al menos trata) la impaciencia, el embarazo, la tristeza...Esa risa que cubre con una máscara patética el llanto o peor aún, el fastidio de querer dar media vuelta y tener aún ese gramo de vergüenza -o escrúpulos- para rematar a alguien a quién ya hemos golpeado hasta la agonía, pero en el último momento.., ante sus ultimos alientos agónicos, cuando nos mira desde la profundidad de su dolor, de su desamparo, de su miseria..., es cuando nos falta el valor de rematarlo.
Y queremos dar media vuelta y alejarnos, dejar que sea el destino, la naturaleza, lo que sea, quién lo remate.., queremos librarnos de ese último acto que nos acabe de hundir en la culpa de nuestro error y entonces.., entonces bromeamos, reímos con esa risita falsa y repetimos aquellos clichés triviales que hablan de "fue bueno mientras duró" "todo principio tiene final" ...
Pero hay veces que dentro nuestro, sabemos (porque lo sabemos, el querer ignorarlo no hace sino aumentar ese sentimiento de culpa que también nos negamos a aceptar) sabemos pues, que estamos mintiendo y con esa mentira estamos acabando con una de las cosas mejores de nuestra vida. Una de esas ocasiones milagrosas que sólo suelen presentarse en contadas, contadísimas ocasiones. Y que para algunos, no llegan nunca.
Y nosotros la tuvimos amor, y lo sabíamos entonces, como lo sabemos ahora (no, yo sé que tú no lo aceptarás jamás, pero es asi) y fue tanto nuestro miedo, tanta nuestra necedad, nuestro orgullo y nuestra soberbia, que alegremente tiramos por la borda todo aquello...
Y nos separamos, sonriendo, nos dimos la espalda arrancando del corazón aquel brote de trigo, como quién arranca una hierba mala. Dejando regado el camino con nuestra sangre, con nuestras lágrimas...
Y no me preguntes amor, que ha sido de este tiempo, sólo puedo decirte los meses, los días, los minutos que han pasado sin que estemos juntos. Pero si le preguntas a alguien más, te alegrará, tal vez, saber que sigo sonriendo, trabajando, haciendo bromas, cantando y bailando...viviendo como siempre y te dirán, probablemente, que no me han visto tan bien como este tiempo. Que soy feliz y que sigo conservando el mismo toque de mordacidad e ironía que siempre gasté.
Sonríe mi amor, es cierto, te dirán seguro, que hace mucho me olvidé de tí...
luz, 2010
martes, 15 de junio de 2010
ESPEJO
Un día cualquiera, tomo el tren subterráneo. Voy en camino a algún lugar, cumpliendo un compromiso que seguramente no he podido evitar.
Encuentro un lugar entre las personas y al acomodarme inmediatamente me evado del entorno y cierro mi mente y mis oídos al mundo alrededor. Me es relativamente fácil hacerlo, tanto tiempo de práctica...
Algo, sin embargo, acaba por devolverme a la "realidad", algo que ha llamado mi atención y que me es imposible ignorar.
La mujer me mira desde su indiferente lejanía
(pero está a mi lado)
sus ojos oscuros y apagados, no muestran emoción; ni siquiera reflejan la luz del exterior, por el contrario,
son agujeros que parecen contener en sí el negro más absoluto, la ausencia total de claridad.
La mujer no tiene contornos definidos
(pero la veo claramente)
sus rasgos se difuminan, se mimetizan con el paisaje a su alrededor: a veces pañoso cristal, a veces una pared de fachada resquebrajada; aún así, las facciones permanecen inmutables. No hay señal de dolor o de alegría, de sorpresa o de hastío; no hay más que esa máscara cetrina en donde el pozo oscuro de los ojos es lo único que no pasa inadvertido.
Descubrí de repente su rostro y no pude apartar más la mirada. Me pregunto: ¿que pensará la mujer? ¿notará mi mirada, llena de ansiosa -angustiosa ya- curiosidad? Porqué en algún momento me dí cuenta que la curiosidad se transformaba en urgencia, en zozobra...
Y es que yo conocía a la mujer.
Yo conocía esos rasgos, esos ojos...
Yo sabía que esa cara, no solía ser así. Con certeza sabía que esos ojos no habían sido siempre esos pozos de negrura sin vida, y que esa cara, no había sido tampoco ese fantasma desdibujado sin expresión, sin sentimientos, sin alma...
Yo había conocido a la mujer en otro tiempo, en otro lugar, en otras circunstancias más felices. Y había mirado tantas veces el punto de luz que irradiaba de aquellas pupilas; ese punto de luz casi imperceptible que era capaz de iluminar todo el espacio alrededor suyo.
Y había conocido el color rosado de sus mejillas tersas, y la roja y húmeda sonrisa que era el dibujo constante de aquella boca, una boca que era como un fruto en sazón, que se antojaba besar, comer, disfrutar...todo lo contrario a este garabato apretado y blanco que hoy miraba.
Recordé todo eso.
Y la angustia que había creciendo como un globo de amargura en mi garganta reventó por fin. Entonces, por primera vez, la cara de la mujer dió una señal de vida: desde el fondo de aquella negrura de los ojos distinguí un minúsculo reflejo que poco a poco, mientras crecía y se hinchaba iba tomando forma. Una lágrima escurrió al fin por la pálida tez...
Y sentí el dolor más hondo, la piedad más dolorosa, cuando extendí mi mano y quise limpiar aquellas amargas lágrimas en el frío cristal de la ventana en donde yo había tardado todo ese tiempo en reconocer mi propio reflejo.
luz, 2010
jueves, 3 de junio de 2010
IMAGINA
Imagina...
Cierra tus ojos, olvídate por un momento que soy yo,olvida inclusive que eres tú,
deja todo afuera...
imagina.
Imagina que el mundo es nuevo; tan nuevo y diferente como tú lo has soñado.
El cielo, la tierra, las estrellas, los mares, todo responde a tu pensamiento, a tu deseo.
Imagina,
que hubo un tiempo y un lugar en donde tú y yo nos encontramos,
pudo haber sido ayer, hace un minuto..., pudo haber sido hace años, en otra época.
Estuvimos juntos, igual que ahora.
Tal vez, sólo tal vez, olvidaste como era entonces, olvidaste como eras tú entonces.
Ahora miras mi rostro, y no le reconoces; te miras al espejo, y has olvidado quién fuiste antes, pero no es difícil recordar...sólo imagina.
Piensa en esta ¿"coincidencia"? de habernos encontrado. En esta extraña situación de haber sentido la misma urgente necesidad de acercarnos; el mismo impulso que nos obligaba a buscar en los ojos del otro, la respuesta a esa punzada en el corazón que sólo se aliviaba al recorrer con la mirada cada detalle de nuestros rostros. Buscando, reconociendo, regresando...
Imagina, ¿y si fuera así?
Si de verdad, fuera así, tal vez entonces habría una forma de explicar como es que me quedé sin alma, el día que por última vez mis ojos contemplaron tu sonrisa, y mis manos se quedaron extendidas al decirte adiós...
luz, 2010
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


