domingo, 12 de noviembre de 2017

ME DIJERON



Me dijeron


 -Pasaron muchos años.
-¿Años? sí, creo que fueron años. ¿Muchos? no recuerdo ahora, quizá sí.
Tal vez no fueron tantos después de todo, ahora me parece que fue ayer apenas.

De todos modos hay algo que está mal. La verdad no sé a qué viene esto. No recuerdo como fue que nos reencontramos; qué pudimos hablar o cuándo. 
Y ahora estoy por dar este paso definitivo. Concretar aquel sueño por el que entonces, hace años (¿o ayer?) hubiera empeñado mi alma al diablo.

Y no lo creo. No lo creo, y aún más: no lo quiero. Esta no soy yo, y no eres tú. Quiero reconocerte y no te encuentro; ni en tus palabras, ni en tu aspecto, ni en la parte más verdadera y cierta que es la que dejaste en mi alma.

Se acerca la hora y me invade cada vez más la desconfianza, ahora ya casi angustia. Pasan los minutos y me parece que voy a cumplir una sentencia, que voy camino a una ejecución.

Me pregunto tantas cosas...¡espera! ¿porqué volviste?, ¿para qué...?


-


Estoy cansada es todo. La noche fue una sucesión espantosa de recuerdos. ¿Pesadillas? no, sólo los pensamientos que se volvieron demasiado reales. Un fantasma que pensé enterrado y olvidado cobró vida, y fue tan vívida su presencia que durante toda la noche me tuvo tomada de la mano, contagiándome su soledad, su angustia.

Una aparición que me trajo de regreso todos aquellos pasajes que me costó tanto remontar. Y no sólo eso, los impregnó con un sentimiento de dolor, de melancolía y miedo como nunca había sentido.

Un mal sueño, el día se encargará de llevárselo.


-


-Pasaron muchos años.

-¿Años?, ¿quién habla?

-Ha pasado mucho tiempo, ya no recuerdas...

-Sí, ahora recuerdo, disculpe, pero recién ahora me doy cuenta que efectivamente ha pasado algo de tiempo.

-Tiempo y distancia. Te ocupaste de que la distancia también fuera bastante. ¿Estás bien?

-Sí, estoy bien, no se preocupe, dígame...

-...

-Y eso,...fue, ¿cuándo...?, ¿anoche...?


-


-Me dijeron que quiso hablar conmigo.

Dicen que casi al final de su agonía se levantó en su cama pronunciando mi nombre.

Dicen que en el último esfuerzo aferró la sábana arrugada con unos dedos descarnados como garfios llamándome con la poca voz que le quedaba, y que mientras luchaban por recostarlo de nuevo murmuraba: "perdón" y "te amo"

Eso me dijeron hoy, cuando hablaron conmigo -después de tantos años- para avisarme que había muerto.

Y esa es la razón de mi viaje, voy de regreso a ese panteón en el que creí que había sepultado el pasado, pero desde donde un fantasma regresó por mí para que me asegure que quede bien muerto y enterrado por fin. Voy de regreso a México, a la patria que abandoné huyendo de sus fantasmas, sin darme cuenta que esos fantasmas viajan con nosotros, no importa el tiempo, ni la distancia. 

luz, 2017



Ángel.


¿De qué sueñan los ángeles?
Llevando en sí las visiones de un tiempo infinito,
pasado y presente confundidos en una milésima de aliento.
El reflejo de universos incontables
en sus ojos oscuros, profundos como abismos,
¿de qué sueñan los ángeles?
¿sueñan,
acaso?





No sabía entonces que era un ángel. No pude adivinarlo. Nada en su aspecto, en su expresión, en sus gestos, me indicó jamás que trataba con alguien (o algo) que no era humano, acaso ni siquiera real.
No se acercó a mí, ni a nadie. Apareció un día y ocupó un lugar en la calle oscura y decadente por donde transcurrían nuestras vidas monótonas y ordinarias y desde ahí parecía mirar todo sin que en realidad estuviera atento a nada.

Una figura desgarbada, ropajes gastados, una cabellera larga y descuidada que le cubría a medias el rostro y no dejaba adivinar gestos ni facciones. 
A nadie le interesó. Con esa facha se integró inmediatamente al paisaje y pasó a formar parte de la sucia calle nuestra. Pronto lo mirábamos como mirar las paredes descostradas de las viviendas derrumbándose a medias, el agua sucia que corría por la orillas de la acera o los postes que se iluminaban por la noche dándole a la calle su aura amarillenta de cadáver. A veces yo misma, como saliendo de mi catatonia crónica detenía mis ojos en ese paisaje irreal y me preguntaba: "¿qué país? ¿qué sueño es éste?" -México, susurraba un fantasma en mi cabeza; México repetían mis labios sin que saliera de ellos ningún sonido. Algún lugar, algún barrio perdido en la capital del país.Luego volvía al estupor, y seguía caminando.

Pero un día, mientras pasaba por su lado intentando adivinar que había tras esos mechones de pelo enmarañado, que escondían las manos empuñadas en los bolsillos de la chaqueta gastada, intentando adivinar en fin, quién era el extranjero en un barrio en el que todos eramos extraños, levantó la cara y me miró.
Yo no sabía entonces que era un ángel, pero tendría que haberlo adivinado en ese instante. En ese momento que miré un par de agujeros tan negros que reflejaron mi propio rostro un instante, antes que esos hoyos oscuros me traspasaran con su penumbra y me atrajeran hacia el fondo como un remolino fortísimo e inevitable.

Pero no lo pensé entonces, no pude pensar en realidad. Temblaba como si de pronto me hubiera atacado una fiebre desmedida. Esos ojos me estaban desnudando el alma y enfrentándome en un instante con todas mis grandes y pequeñas miserias, con mis miedos, con los pecados que había cometido y que siempre mantuve enterrados tratando de olvidarlos. Me ponían frente a los sueños que enterré, las esperanzas que abandoné, los sentimientos que herí y los corazones que laceré, haciendo con ello mi propio tormento.

Tuve en ese minuto definitivo la oportunidad de liberarme de todo aquello, cuando sentí en mi piel el roce de unos dedos. El hombre tomó mi mano y abrió el puño que tenía crispado y tenso, yo supe entonces que me daba la oportunidad de despojarme de todo mi dolor, de mi soledad, de mi miseria. 
Entendí, no sabré nunca cómo ni porqué, que toda aquella negrura en la que me había sumergido al mirar aquellos ojos, era un océano de lágrimas y lacras que otros muchos -hombres y mujeres- habían descargado en él, en sus espaldas, en sí mismo. 

Y lloré. Lágrimas de arrepentimiento, de gratitud, de reconciliación; conmigo misma y con la vida, con la humanidad, con el mundo.
Lágrimas que se convirtieron en torrente, en manantial que no dejaba de fluir y que pronto hizo un hilillo que bajó por mis piernas y llegó al suelo haciendo una mancha oscura, viscosa, espesa.
El hombre retiró entonces su mano, mojada también con aquellas lágrimas mías que habían adquirido esa densa consistencia y con un olor metálico y dulzón que asociaba a la sangre; hasta entonces, a medias, vislumbré el reflejo del acero que retiraba de mi cuerpo con esa gesto delicado y suave, casi de verdadera piedad.

Pero yo no sabía entonces que era un ángel, y pasado el segundo de iluminación retiré mi mano, limpié mi rostro y sin decir palabra me alejé.
Al otro día, el hombre se había ido. No volví a verlo nunca.

No volví a ver nada. Ni a nadie. Nunca más...


luz, 2017

domingo, 21 de febrero de 2016

UN PAJARITO






Siempre decías: si regreso a esta vida, me gustaría ser algo pequeño, un pollito quizás... Luego lo pensabas mejor: No, un pollito no porque crecen y se los comen, mejor un pajarito.
A un pajarito también lo matan, te decía yo. Sí, respondías, pero un pajarito es lo que quiero ser, me gustaría volar hasta el mar, sobre los campos.., mirarlo todo desde arriba y llenarme los ojos de verde de los árboles, de azul del agua, de cerros y de milpas..., mirar todo, ir hasta donde están todos, los que están lejos..y no fatigarme, sólo dejarme llevar por las alas y el viento.
Y luego te quedabas pensando otra vez.
Pero mejor no, porque luego.., ¿cómo hago para aterrizar...?
Y yo me reía.
Pero ahora mamita linda, ya puedes volar, ¿cierto? y no eres un pajarito, pero también tienes alas.., y puedes ir lejos, hasta donde tú quieras, lejos, adonde están los que no puedes ver aquí..., y no tienes que preocuparte por aterrizar ¿sabes? los ángeles simplemente aparecen.

luz, 2016.

domingo, 17 de enero de 2016

REFLEXIONES








Fuímos felices hasta que dejamos de serlo. ¿Porqué? Mil razones, todas válidas y al mismo tiempo ninguna en especial. La más aceptable, tal vez, se refirió al hastío. La poca o ninguna posibilidad de encontrarnos y el aburrimiento que siguió a la falta de un contacto real. 
Pero nos queríamos, eso -quiero creer- fue cierto. Real, hasta donde la realidad quiere decir necesidad urgente de saber uno del otro, comprensión, compañía, empatía. 
Aún así, la ilusión se acabó (noten que no digo el amor, tal vez, todo el tiempo fue sólo eso: ilusión), y ahí hubo entonces espacio para que una nueva ilusión apareciera.
Mucho tiempo culpé a esta circunstancia: una tercera persona en discordia. Me costó tiempo y amargas lágrimas el entender que nadie se va si no quiere, aún cuando haya mil distracciones alrededor, así como nadie se queda tampoco, aunque no haya nada más en el  horizonte.
Pero para él fue entonces más sencillo, a pesar de que sintió mi dolor (como se siente el de cualquier ser humano que sufre, con sólo un poco de humanidad que tengas), así se lamentó un instante mientras se alejaba sonriendo de la mano de lo que él entonces, pensó que era -¡eso sí!- el amor.
Mucho tiempo transité por todas esas etapas que corroen el corazón como ácido: el enojo, la culpa, el resentimiento, y la soledad..., la soledad más amarga todavía después de haber conocido el paraíso.
Pasó el tiempo, me forcé a alejarme lo más que pude, me tragué mis lágrimas aderezadas con un gran orgullo y una máxima que no se me caí nunca de la boca: "antes muerta que gusano"
Él, claro, como todo civilizado, insistió en esa entelequia llamada "amistad", pero para mí no había tal. Si yo no lo quería de amigo. Para mí era todo, todo o nada, y como no estaba ya conmigo entonces sería nada. Claro, al paso del tiempo no perdió ocasión de reprocharme siempre que pudo, que fuí yo la que eligió no tener más contacto, pero yo no quería estar al tanto de su felicidad con otra persona, no quería enterarme (como al final pasó) de que había decidido hacer el largo viaje para conocerla, que había compartido -con ella sí- el tiempo y la compañía que conmigo nunca pudo ni siquiera imaginar. No quería saber, dado que todo marchaba sobre ruedas, que ya había resuelto su vida y que ahora era parte de una de esas parejas felices que hacen planes de vida juntos, y yo seguía aquí, rumiando mi soledad. Recordándolo siempre.
Pero pasó el tiempo, él no olvidaba los cumpleaños, y siempre solíamos conversar en aquella anual ocasión de las felicitaciones. Así me enteré de sus viajes, de que habían terminado y regresado un par de veces, o tres, no sé cuántas. Y de repente un día, un día después de tantos años, de tantas lágrimas y de tanto recordar me encontré mirándolo como a un desconocido. 
¿Qué había cambiado? ¿cuándo dejé de amarlo? ¡espera! ¿yo dije eso?: "¿dejar-de-amarlo?" 
En el cuasi espanto de la revelación me quedé un momento en blanco. No, eso no podía ser, si yo había fundado esa secta en donde yo era oficiante y grey del culto eterno a su memoria. No, había que analizar este nuevo sentimiento. ¿En donde había quedado el amor de mi vida? ¿en qué momento, este ser tan común y corriente, tan normal como cualquier otro ser humano había suplantado la identidad del ídolo que llevaba en un altar de mi alma?
Y así, tan claro como abrir los ojos en una mañana de sol, entendí de pronto que sí, efectivamente, la ilusión para mí, como para él tantos años antes, ya se había acabado. Que el traje que yo  hice para revestirlo y que él mismo se quitó cuando se alejó, ya no vendaba mis ojos. Que el amor que tanto él como yo sentimos un día, y que había sido auténtico mientras duró, también era ya nadamás que un bonito recuerdo en el camino de la vida de cada uno.
Y lloré, sí. Pero mis lágrimas fueron esta vez no de dolor, ni de rabia, ni de soledad. Fueron lágrimas de perdón, de absolución, de limpieza para esa mujer a la que encadené durante tantos años a un recuerdo, a la que privé durante todos esos años de la posibilidad de mirar el horizonte con esperanza, con fé, con amor.
Lágrimas que pedían perdón por todo ese sufrimiento que me impuse a mí misma y que al mismo tiempo otorgaban ese perdón y miraban todo desde otra perspectiva más serena, más esperanzada, más en paz.
Fuí feliz con él hasta que dejé de serlo. Él lo entendió antes que yo y es por eso que no tengo ninguna deuda que saldar con él. Él sigue siendo el mismo, y yo... yo puedo decir que ahora soy mejor.

luz, 2016

martes, 1 de diciembre de 2015

EN DONDE ESTÉS.

En donde estés,
sigo escribiendo para tí. Sigo guardando tu recuerdo en el corazón.
En donde estés,
sigo esperando por tí. Sé que la espera será larga, que tendremos que volvernos a encontrar, tendremos que reconocernos, tendremos que empezar de nuevo.
En donde estés,
sigo amándote, pase lo que pase.

luz, 2015

sábado, 21 de noviembre de 2015

SEMINARE, HOY





No hay fuerza alrededor..., no hay pociones para el amor.

Y si pudieras olvidar tu mente frente a mí, ya no sé, si tu corazón diría que sí...




viernes, 25 de septiembre de 2015

UNA PUBLICACIÓN



Pues muy feliz en este día, al ver publicado un pequeño texto en una página digital que sigo.
No será mucho, pero a mí me llena de alegría. 
Mira mi gumi.. 

http://fandelacultura.mx/lectores-fdlc-colonia-del-valle-cronica-de-una-infancia-feliz/



luz, 2015