domingo, 28 de octubre de 2007

FUERA ROPA.



Hace unos meses -en Mayo pasado, 5 meses a saber-, el sr. fotógrafo (no es gratuita la referencia a Cantinflas y una de sus buenas películas) Spencer Tunick llegó a la cd. de México a realizar uno de sus estudios ("instalaciones" les llama él) de personas desnudas en grandes cantidades. Fue en la plaza de la constitución de la capital y ahí se pudo ver a la masa de "mexican curious" todos de pensamiento liberal y actitud contestataria (según sus propias declaraciones), un buen número de nostálgicos del "flower power" y el espíritu de Avándaro, yuppies de nuevo cuño, y espontáneos de los que lo mismo van a la presentación del último libro de Monsiváis, un concierto en vivo de los Tigres del norte, o un mitín de apoyo para protestar contra todo lo que pueda ser protestable. En fin, un verdadero collage a gusto del ecléctico más exigente.

Volveré a expresar mi opinión acerca de lo que pienso de esas congregaciones, que a más de todo, es muy simple y poco sesuda. Por mi parte creo que el despojarse de la ropa para manifestar algún tipo de "actitud" o "postura" ante la vida es válido, como lo sería cualquier otra situación -el escribir por ejemplo-, siempre y cuando fuera una determinación personal, individual en tanto que se está haciendo uso de una facultad de libre albedrío. Me dirán que el optar por desnudarse es algo personal, sí estoy de acuerdo. Mi pregunta ahora es: ¿cuántos de los que acudieron y acuden a esas "instalaciones" (las llamaré así por comodidad) van por la vida desnudos, ellos solos, sin estar cobijados por una multitud anónima, y sin que haya un simpático mercader (si el sr. fotógrafo hace su trabajo por un sentido "gracias" hagánmelo saber para devolverle algo de crédito al caballero) gritando con un megáfono lo que deben hacer y la posición que deben adoptar? Que por cierto, una de ellas es bastante poco favorecedora, pero esa discusión ya caería por poco en los terrenos del albur y el doble sentido y no es el caso en esta ocasión.

El punto es, que no me queda muy claro si de verdad estamos ante una "manifestación de libertad llena de sentido de hermandad, humanidad y valor" (la frase anterior no es textual, pero algo así me comentaron dos que tres personas que estuvieron fascinadas con la experiencia y de las cuales tengo una muy respetable opinión) o se trata simplemente de una forma más de enajenación por la cual un buen número de personas se auto-validan por el hecho de formar parte de lo que el stablishment (bueno, pongámonos sesenteros con los conceptos si de eso se trata) cataloga como contestatario.

Sería bastante irónico esto último, pero no irrazonable, en tanto que ejemplos hay muchos de como lo más fácil para acabar con una forma de manifestación radical o sub-cultural es asimilarla y volverla "oficial" adaptándola a la moda imperante. Modos de hablar, de vestir, de actuar.., que en su momento fueron manifestación de rebeldía, contracultura, underground, "protesta", fueron asimilados por la mayoría, puestos a disposición de la masa consumidora y acabaron ahí sus nobles aspiraciones de ser oposición.

Entonces, que se puede pensar de alguien que se autonombra independiente y libre pensador y actor, si una de las formas que utiliza para afirmar esta posición es ponerse en la fila de un montón de alienados que se desnudan y se posicionan dócilmente a las órdenes de un gordito con megáfono que anda por el mundo aglomerando a las mismas multitudes para inmortalizarlas con diferentes paisajes de fondo, pero mostrando siempre la misma masa amorfa de borregos.

Bueno, ya se me salió lo de borregos, pero la analogía se me ocurrió a partir de que he observado a esos perros pastores australianos que están muy bien entrenados para reunir a un rebaño de ovejas con unos cuantos ladridos y una que otra amenaza de "mordida" (evidentemente, los borregos también están bien amaestrados, porque obedientemente se someten a la "voz de su amo", el perro en este caso)

Bien sé que muchos (si no es que todos) disentirán de mis pobres y desfasados argumentos, pero se me ocurrió volver a manifestarlos ahora que el fotógrafo de marras amenaza con tomar por asalto nuevamente a la dócil y bien dispuesta sociedad "libre-pensante", contestataria y propositiva de México para armar de nuevo su tinglado -perdón "instalación"- en las pirámides de Teotihuacán, ante lo cual sólo me quedaría añadir que ojalá Tláloc, Huitzilopochtli o hasta el benévolo Quetzalcoátl le manden algún tipo de señal (con la venganza de Moctezuma estaría bien) para que desista de sus bienintencionadas aspiraciones.

Por lo demás, cada quién sus complejos y la sui-generis manera que tenga de resolverlos.


Luz, 2007.


jueves, 25 de octubre de 2007

VAGABUNDOS.




Otra noche de lluvia en la calle. Ya no debería de tomarle por sorpresa y aún así, ante las primeras gotas frías y persistentes, la piel se le contrae y por reflejo trata de hacerse más pequeño en su ya de por sí, disminuido y huesudo cuerpo.


Como sea es una contrariedad, este lugar por lo menos parecía tranquilo para permanecer un tiempo, nada que comer -lo cual siempre era común y por lo tanto soportable- pero tampoco demasiados niños calamitosos y desocupados que lo tomaran como blanco para sus burlas y crueldades...¡niños! sólo de pensar en ellos se hacía un hueco doloroso en su vientre e involuntariamente sus dientes se juntaban en una mueca que parecía agresiva, pero que no era sino el efecto de un temor justificado. En varias partes de su cuerpo guardaba los "recuerdos" que le dejaron los "inocentes" juegos y bromas de varios niños que había tenido la desgracia de conocer. Y pensándolo bien, no sabía que era peor, porque también los adultos..los hombres resentidos y pendencieros, las mujeres maniáticas y prejuiciosas, en fin, que sólo era cuestión de que vieran su aspecto lastimoso, de inconfundible desposeído, para que llovieran sobre sí, primero las miradas y muecas desaprobatorias, luego las palabras ofensivas y soeces y finalmente la violencia física: golpes, patadas, pedradas...todo para alejarlo del vecindario y desterrar de sus vida la miseria.


Después de años de vivir en esas condiciones, había acabado por entender que parte de todo ese odio y esa malevolencia debía provenir de la propia inmundicia personal. La condición de parias que cada quién llevaba en el alma, era lo que los impulsaba a querer eliminarlo porque de esa manera sentían -quizá- que así acababan con sus propias suciedades. Asi pues, en sus reflexiones, él venía a ser como el chivo expiatorio o el pararrayos de las miserias de los demás, que ironía.


La lluvia arreciaba, ¡que molestia! si no encontraba pronto un lugar donde guarecerse acabaría de nuevo ensopado y hambriento a media calle. Pero era difícil, con una lluvia asi, todo acababa convirtiéndose en arroyuelos más o menos grandes y charcos por doquier. El parque por ejemplo, solía ser un buen lugar, las bancas eran cómodas y sabiendo escoger, había inclusive algunas que eran tan confortables como cualquier habitación decente. Claro que ahora todo aquello sería como querer dormir en el pantano (lo cual había hecho en alguna ocasión y no era nada agradable), y además, existía la desventaja de que su abrigo, tomando en cuenta la desnutrición constante y la intemperie que siempre tenía que soportar, ya no le proporcionaba la misma protección que antaño. Ahora era más bien como una cobija raída y andrajosa que además de todo, era responsable también de muchas enemistades porque aunque a él no le importaba ni poco ni mucho, parecía despedir muy mal olor ya que era la nariz, lo primero que arrugaban las personas al verlo.


Y el dolor, ya había notado hacía tiempo, que en cuanto empezaban las lluvias y el mal tiempo, sus extremidades también se lo hacían saber por medio de punzadas que primero eran cortas y ocasionales, pero últimamente eran ya de un dolor que persistía y cada vez era más intenso. No era por cierto, demasiado viejo, o al menos eso creía con algo de optimismo de su parte, pero ciertamente, en su mente se habían borrado fechas y aniversarios y el presente era lo único que realmente contaba. Los recuerdos eran la mayoría de tal manera dolorosos que lo mejor era tenerlos siempre a raya. Y aquellos momentos de felicidad, eran tan pocos y habían sido tan efímeros que apenas los recordaba, por otro lado, parecía que habían sido hacia mil años y en todo caso, no le servían en el presente de mucho. Por ejemplo ahora, que además del frío y la lluvia, los gruñidos de sus intestinos vacíos ya también se volvían fastidiosos.


La noche cerraba igual que la lluvia, desistió de sacudirse como lo había venido haciendo porque ya estaba completamente empapado, resignado a pasar la noche bajo el agua se detuvo pensando donde pasaría más inadvertido. Una cosa era dormir bajo la lluvia y otra que además en medio del sueño a alguien se le ocurriera despertarlo graciosamente con una ración de patadas. Justo en ese pensamiento fue que divisó la lucecita muy baja entre la bruma de la lluvia y la oscuridad de la noche. Conocía ese lugar y con alivio volvió a retomar sus pasos hacia allá, en ese terreno baldío había pasado algunas noches y entre el escombro y la maleza que crecía seguramente habría algún lugar seco y a cubierto. Y además, en este momento, seguramente que más vagabundos como él estarían ahí mismo, ¡vaya! sin pensar hasta algo de compañía tendría. Y asi fue, dió unos pasos entre cimientos derruidos y montones de tierra, y la luz que había divisado se convirtió en el fuego que otro de sus semejantes había encendido a resguardo de un techo a medio derrumbar. Se acercó con la confianza que da la hermandad de sufrimiento y carencias y buscó lugar donde acomodarse cerca del hombre que también calentaba sus manos esqueléticas ante la pequeña fogata.


Y el hombre, que en ese momento descubría de su grasienta envoltura de papel un pan a medio comer, relleno con algo indefinible que parecía carne, se volvió al perro mojado y macilento que se había acurrucado junto a él ofreciéndole un trozo de su manjar mientras sonreía y balbuceaba con simpatía:


-Come compañero, alcanza para ambos..., y que bueno que encontramos este lugar, ya me imaginaba que pasaría otra noche mojado y a descubierto en esas calles de Dios. Pero ahora, por lo menos tenemos una suite de lujo, una cena de gourmet y lo mejor...compañía.


Y el perro movía su cola pelada mientras atacaba ferozmente su personal maná celestial.



Luz, 2007


domingo, 14 de octubre de 2007

EN EL NOMBRE DE DIOS (II)



He tenido durante mi vida pocas, muy pocas amistades. Entre ellas, una, siempre me ha demostrado por sí misma ese misterio que puede llegar a significar el mantener una afinidad con alguien que puede ser la cara opuesta de uno mismo. Alguien con quién, aparentemente, sería más fácil tener animadversión y que no obstante, al paso del tiempo, se convierte en una amistad entrañable..., de años de complicidades, confianzas, alegrías y penas compartidas.


Ahora, después de todo este tiempo, de repasar cuantas veces esta amistad se ha visto a prueba por factores tan comunes y corrientes, tan inesperados, tan extraños a veces, me es difícil aceptar el motivo por el cual, por fin, esa relación de tantos años viene a resquebrajarse. Como en aquel cuento de Allan Poe, en donde describe la vieja casa que a partir de una fisura imperceptible, apenas visible en la base de uno de los sólidos muros, acaba por ensancharse inexorablemente hasta partir en dos la vieja casona y derrumbarla hasta sus cimientos.


Así lo siento, porque me di cuenta un día, de esa fisura casi invisible, de esa pequeña grieta que se abrió entre los muros que se levantaron con años de confianza y afecto y lentamente fue minando la tolerancia, la comprensión, el buen humor, todo lo que afianzaba esa amistad. Pasa como todo, una serie de eventos que por sí mismos no nos dicen nada, detalles -que ciertamente- vienen a ser la piedra de toque de las enormes empresas. Detalles que pueden acabar con una obra de arte y que pueden engrandecer un trabajo modesto. Detalles que se van acumulando uno tras otro y un día, cuando aparecen en su conjunto, cuando podemos por fin, quitar el velo que no nos deja mirar más allá de nuestra nariz, nos impresionan doblemente: por su magnitud, y por la ceguedad que hemos tenido para no darnos cuenta de ellos hasta que se han salido no sólo de nuestras manos, sino de toda ponderación o esquema.





El tiempo, la distancia, algún malentendido que se creyó insuperable, las humanas flaquezas de las que tenemos abundancia -envidia, celos, egoísmo- nada de eso fue suficiente para derrumbar una relación sencilla y verdadera que sólo necesito tiempo y su afecto sincero para regresar siempre..., con una sonrisa, un café, un vaso de vino o un par de asientos en algún cine, teatro, o cualquier parque..., por eso es que es aún más impactante, doloroso al fin, el darse cuenta que la amistad se acabó. Y sacar en claro los motivos, resulta más triste aún, porque implica el reconocer que las circunstancias que intervinieron, tienen que ver la pérdida -o peor aún, la inexistencia- de valores que se daban por sentados. Uno de ellos, la tolerancia, otro, tal vez, la amplitud de miras, la capacidad de razonamiento, de pensamiento objetivo y crítico, más importante -para mí- el buen humor, la inteligencia...





Cuando nos enfrentamos a la estrechez de miras, al fundamentalismo irracional, al dogma de fé que no permite la mínima autocrítica y cuyo primer mandamiento es: "el que no está contigo, está contra tí" no hay mucho que quede por hacer. Cualquier comentario, toda posibilidad de debate, controversia, discusión para tratar de que entre un rayo de luz en la oscuridad del dogmatismo se vuelven en ataques y atraen, en lugar de la cordura y buena voluntad de la añeja amistad, la desconfianza y la amargura de quién ve a un enemigo en cada persona.





Y no hay manera de reparar los daños, porque también uno, probablemente, contribuyó a agrandar la brecha (aún cuando haya sido sin intención) al apelar constante e inopinadamente al tácito acuerdo de acudir siempre al sentido común, al buen humor, a la paciencia y en el último recurso, a la amistad fraterna. Ese sentimiento que siempre había sido compartido, de saber que nada era tan grave que no pudiera discutirse, nada tan definitivo que no pudiera mirarse desde la perspectiva del tiempo compartido desde hacía años ya. Esa seguridad que nos hace cegarnos ante las señales de que algo no marcha como usualmente, que asi como el agua acaba por horadar la roca, también ciertas actitudes acaban por resquebrajar el afecto.



No sé si el militar de tan ciega manera en una secta (que no puedo llamarla de otra forma) tenga marcha atrás sin que haya lesiones permanentes en la personalidad de un individuo. Si en algún momento, cuando los ídolos de barro se desmoronan, no arrastren en su caída a todos los que ciegamente quemaban incienso ante sus efigies. No sé, por ejemplo, si exista ese "paraíso" que les es prometido a los terroristas que se inmolan en pro de una "guerra santa" llevándose consigo a todos los "infieles" que se puedan, o si el despertar de una alucinación colectiva, si algún día se llega a despertar, no provoque un vacío de pensamiento aún peor que el que orilló a esas personas a dejar tras de sí, convicciones, familia, amistades, bienes.., su propia identidad.

No lo sé, y probablemente nunca lo averigüe, porque ante la persona de quién un día fue tan gran amiga, no quiero permanecer como atenta espectadora, mientras todo aquello que un día nos mantuvo unidas ante toda adversidad, viscisitud, alegría, o casualidad, es ahora, un recuerdo que a mí me duele y ella simplemente ha borrado de su mente.



Ya detallaré en otra ocasión, una más de las causas por las que toda religión, credo, catequesis...., y plataforma política, me causa urticaria.



Luz, 2007

LA PAREJA IDEAL




Ella esperaba a la pareja perfecta, no solamente aquella persona que fuera afín o compatible en muchos de sus gustos y disgustos, no.., ella quería lo que se llamaba "la pareja ideal" "el alma gemela" o más chabacanamente -si lo anterior no era suficiente- "la media naranja". Y también sabía, porque era algo natural y lógico, que llegaría de manera casual y cuando menos lo esperara.., en cualquier lugar, en cualquier momento, sin necesidad de búsquedas o intentos. Sólo era cuestión de paciencia, oportunidad y mantener la atención sobre los más pequeños detalles o situaciones que le indicaran si por fin lo había encontrado.


Él sobrevivía entre los vericuetos de su existencia, sin mucho pensar en porvenires venturosos o románticas lunas de miel. Si alguna vez, entre las pláticas generosamente regadas de cerveza entre los amigos, alguien hablaba de la mujer "ideal" o de una relación romántica y sólida él era el primero en salir con el comentario más mordaz, con el chiste más soez -que por supuesto era sonoramente festejado-, sus encuentros "amorosos" no pasaban de algún encuentro sexual con la joven de turno sin ningún tipo de pensamiento posterior ni sentimiento que le recordara algo más que si el sexo había sido bueno o no.


Así fue como un día se encontraron..., tal como ella había pensado, en el lugar menos esperado, en el momento menos imaginado, en la situación menos favorecedora. Entre un montón de personas anodinas, extrañas, hostiles...mientras ella se esforzaba por contener la ansiedad que le provocaba el estar en un lugar desconocido y estridente, buscando distraída con la mirada a alguien y a nadie en particular. Y él entre un grupo de hombres escandalosos y fanfarrones también recorría el lugar con la vista en la búsqueda de la chica de turno con quién acabar la noche quizás. Y ahí fue que se vieron por primera, y segunda y tercera o cuarta vez..., él pensó "que mujer tan aburrida y pesada" y enseguida desviaba con desdén la mirada..y ella "pero que tipo tan patán y vulgar" y con una mueca de desagrado volvía la cabeza a otro lado.


Pero las cosas no suelen resultar como se planean, o en otras palabras, a veces las cosas menos planeadas son las que resultan mejor, o.... en fin que pasado el tiempo, las ocasiones del encuentro volvieron a presentarse. Frecuentando lugares comunes, no resultó nada extraño que se vieran alguna otra vez, y así, ella reconoció la voz gruesa y la risa estridente y de mal gusto que le molestó en una ocasión. El, a su vez, acabó por volver la vista ante la mirada dura y reprobatoria de aquella mujer que parecía en verdad el ejemplo de la severidad y el aburrimiento. Sólo que para la segunda, tercera, y siguientes ocasiones ella acabó por aceptar que el hombre por lo menos tenía una actitud simpática..., y mirándolo bien, no tenía mal tipo. Por cierto que ella, que era tan "estirada" y antipática, tenía una linda sonrisa cuando dejaba por un momento el gesto adusto, y cuando eso sucedía.., cuando se descuidaba lo suficiente para relajar el ceño y mostrar la sonrisa de su cara...se veía realmente hermosa.., en eso pensaba él cuando la volvió a ver pasar por la acera frente al taller donde trabajaba.


Y así, un día se percataron de que ambos pensaban uno en el otro, de manera que no lo hubieran imaginado. Él conversaba cada vez menos con sus amigos, porque se dió cuenta que muy frecuentemente el tema de ella y lo bonita que era salía a relucir de parte suya y temía (no sin razón) que asi como un día el mismo había hecho burla de sus amigos alabando las bondades y ternezas de sus compañeras, ahora le tocaría a él mismo. Prefería entonces permanecer callado y sonriendo apenas, no tanto por lo que se conversaba, sino por el recuerdo de una sonrisa y una mirada llena de luz que había apenas vislumbrado.


Y ella, cuando vino a darse cuenta, había hecho una nueva ruta al trabajo, y a la casa, y a cualquier parte, y esa ruta, curiosa e inexplicablemente, la llevaba siempre cerca o frente al lugar de trabajo de él. Cuando pensaba en eso, se decía que en realidad no había un motivo real para ese cambio de hábitos en sus caminatas, o bien, había muchos motivos, pero siendo honesta consigo misma, el único motivo concreto era la oportunidad de encontrarse nuevamente con él. A veces, imaginaba cual sería el escenario perfecto para que, "casualmente", pudiera entablar algún tipo de plática casual, y que no pareciera que verdaderamente estaba interesada en él -que por supuesto, NO lo estaba- era sólo que le había parecido simpático y quizás sería agradable conversar un rato con alguien asi. En todo caso, sería con fines didácticos y científicos que haría el intento...todos sus escenarios la llevaban a este pensamiento final lo que siempre la hacía reír con todas sus ganas, debido a eso era que ahora sus conocidos la encontraban más feliz y risueña que de costumbre.


Y pasaban los días uno tras otro, ambos vivían el mejor romance de sus vidas en sus fantasías nocturnas y diurnas, con el objeto de su sublime deseo, siempre a un paso, a un "hola" o la distancia de un brazo que se estira y toca una mano, la estrecha, la acerca ...Sonrisas disfrazadas, miradas elocuentes pero furtivas...y siempre esperando el momento adecuado, la forma más idónea de acercarse. Volvieron a encontrarse en alguna reunión, en esquinas contrarias de un recinto, mirándose con disimulo y comparándose el uno al otro con todos los presentes: "nadie tiene su mirada...es mágica", "nadie es tan guapo, ni atractivo", "es la más dulce y brillante de todas", "es el más varonil e inteligente en este lugar", y sin tocarse, dando vueltas uno en brazos de otro al compás de la música extasiados ante la promesa de un amor especial..., de una pareja ideal.Y un día él se fue..., la rutina fue la misma de siempre. No fue tampoco un día particularmente especial, simplemente ese día él ya no estaba en donde acostumbraba.


Al principio, ella pensó que no era nada, no lo había visto en ese momento...bien, ya sería más tarde. No era la primera vez, un día ella había enfermado. Por dos días tuvo que permanecer en casa y cuando fastidiada se asomó por la ventana, sudorosa por la fiebre y con la nostalgia de no haber visto a su "amor" lo encontró de pie al otro lado de la acera, con un grupo de amigos pero mirando fijamente hacia su ventana. Cuando ella asomó, se dió cuenta de la sonrisa que le dirigió antes de que se fueran todos juntos.


Ella pensó que igual sería, que no pasarían más de dos días sin que volviera a aparecer. Sintió la ausencia, el pequeño dolor que empezaba en la boca del estómago y subía por su pecho y que era la señal de que le faltaba.., pero procuró no darle importancia, se dijo a sí misma que al día siguiente.., o al otro, las cosas volverían a ser igual. El era por eso, su pareja ideal. Lo seguiría siendo, estuviera..o no.Por eso, cuando los años pasaron y alguien por ahí le preguntaba acerca del porque de vivir sola, de no tener un compañero, alguien para compartir sus días, ella decía siempre: ya lo tuve, ya tuve un día...a mi pareja ideal. Y tenía la idea, casi la seguridad, de que en donde estuviera...él también diría lo mismo, si alguien le hubiera preguntado.



Luz, 2007

domingo, 7 de octubre de 2007

EPITAFIO





Aquí se derrumbaron los pilares de tu credo, aquí veniste a ser vencido por la sencilla y abrumadora realidad de tu pequeñez. Toda la fuerza de voluntad, la soberbia que apoyabas en la posesión de tus virtudes -reales o imaginarias-, quedó reducida a polvo y ceniza cuando te topaste con el muro de granito que marcó el fin de tu vida.



Que delgado y frágil resulta ahora el hilo que sostenía el elaborado entramado de tu existencia. Una hebra de telaraña, casi invisible a simple vista, parecería en este momento un cable de acero ( de hecho, proporcionalmente lo es, triste paradoja) en comparación con el sutil hilo de tu vida.



Te das cuenta con asombro y pasmo, que todo sigue ahí, que el mundo no detiene su paso ahora que no estás. Qué golpe más salvaje para tu orgullo desmedido, ¿en donde está el séquito de comparsas que vivían por tí y a partir de tí? ¿adonde los miles de pequeños grandes detalles que sólo tu presencia convocaba y daba sentido?



Entre las ruinas de lo que fue tu cuerpo, apenas ayer erguido y lozano, descansan también los restos de tus "magníficas" obras. El polvo que se va como agua entre tus dedos rígidos se lleva también los vestigios de lo que un día te enorgulleció y te elevó sobre aquellos a quienes te acostumbraste a mirar por encima de tu hombro.




Pero no puedes creerlo. No todo debió perderse, algo de lo mucho que lograste, que creaste, debe perdurar, no es posible que un ser tan magnífico como tú se vaya del mundo sin que nada quede atrás, sin que haya por lo menos algo que recuerde tu paso por el mundo. No, no parece lógico, tampoco justo.



Ahora apelas a la justicia, ¿y porqué no? fue una de tus muchas divisas, toda tu grandeza fue siempre el justo precio por la ferréa voluntad de tu carácter, por tu sola desición de ser no solamente brillante, ir por más..siempre por más, y cómo te acostumbraste a mirar con desdén y finalmente con desprecio a aquellos que se quedaron plácida e indolentemente en la ruta "fácil" de la mediocridad.



No hubo lugar en tu agenda para los sentimentalismos baratos, ni los compromisos que implicaran el perder la vista tu objetivo. El fracaso no estuvo nunca en tus planes y si para evitarlo había que tomar desiciones a veces no tan agradables, ni discutirlo..., ya habría ocasión más tarde de sentarse a hacer amigos, de reparar lo que hubiera quedado dañado en el camino, o mejor aún, reponerlo con algo mejor, ¿quién podía culparte por querer salir del montón, por huir de la masa conformista?




Pero entonces, ¿esto era todo? un anónimo agujero en la tierra, una señal hecha con premura entre tantas iguales, un sudario que en lugar de verdes laureles de triunfo sólo te envuelve en burda tela como a cualquier ignorante y vulgar cualquiera. Nunca te preparaste para esto, ¿cierto? jamás pensaste que tus sueños de gloria perenne se verían de tan tajante manera truncados, ¿a quién culpar? ¿a quién reprocharle las miles de bondades, los muchísimos favores que tu genio pudo haber regalado a la humanidad, ahora que no estás más?




De nada sirven ya tus reclamos de justicia, mucho menos tus lamentaciones o como ahora, las maldiciones de frustración desbordada que nadie puede escuchar ni mucho menos remediar. Fue la vida simplemente, el nunca haber calculado, dentro de tus días tan cuidadosamente agendados, que la inmortalidad es un don reservado únicamente a seres que no son del mundo en que quisiste reinar, porque sí, efectivamente, te concentraste en dominar todo lo que tu vista pudiera abarcar, lo que tus manos pudieran apresar, lo que pudieras dominar con tu inteligencia superior, con tu genio desbordante, con los recursos materiales que de a poco ibas acumulando cada vez más.


No, nada de ello te fue de utilidad, pero consuélate en fin, ahora tendrás tiempo suficiente, mientras asistes al último acto de tu efímera existencia, para reflexionar en todo ello, en tanto los gusanos, si.., los insignificantes, pero laboriosos gusanos, van desmenuzando lentamente tus restos.


Luz, 2007.











PRISIONEROS.




Vivimos en cajas de cristal. Expuestos a las miradas de todos, a su escrutinio, a ser juzgados y condenados por cada uno de nuestros actos, de nuestros gestos; incluso por nuestra apariencia. Sin poder defendernos ni alegar nada a nuestro favor porque nuestras cajas de cristal son a prueba de ruidos y nada se oye afuera, ni nosotros escuchamos nada del exterior.


Lo más notable es que nosotros hicimos estas cajas. Construimos estas cápsulas para protegernos, y las hicimos confortables para poder vivir a gusto en ellas. Ah, pero como cada quién tenía sus preferencias y nadie quiso ceder, ni compartir, ni transigir, acabaron volviéndose nichos individuales. Asi, cada uno podría estar a sus anchas, sin molestias de otra persona alrededor...solos.


Las hicimos fuertes, porque al ver que estabamos solos entre la multitud nos volvimos desconfiados, y egoístas, y avaros de lo poco o mucho que cada quién poseía en su pequeño reducto. Entonces alguien pensó en hacer su caja de cristal para poder vigilar constantemente a los vecinos, pero también a prueba de cualquier impacto para que no se pudiera penetrar en su reducido mundo. Al cabo del tiempo, todos seguimos su ejemplo y nos vimos entonces como rarezas en un exhibidor..siempre vigilantes, pero siempre vigilados.


Y un día, entre la desconfianza y la soberbia, nos encerramos en nuestros refugios y destruimos llaves y cerraduras. En medio del temor irracional y desenfrenado de nuestra locura, volteamos la espalda a todo y a todos para escondernos como animales en su cubil.

Fue así como nos hicimos prisioneros de nuestros miedos, de nuestras flaquezas y carencias. En el orgullo de no reconocer nuestras fallas, de no ser los primeros en desmayar, ni dar lugar a la menor muestra de debilidad o incertidumbre.


Hoy vivimos, o mejor dicho: sobrevivimos, recordando los días en que fuimos más humildes y conocíamos el significado de cosas que hoy se van olvidando . Volteamos de un lado a otro y vemos los ojos inquisidores de aquellos que un día llamamos amigos y hoy no nos reconocen. Gritamos golpeando los muros de nuestra prisión para que no se nos olvide el sonido de nuestra voz, ni se pierdan tantas palabras que ya no tenemos a quién dirigir..porque hace mucho que nosotros sólo hablamos en el pensamiento.

Y esperamos..., esperamos que un día, podamos recordar como fue que llegamos a ser nuestros propios verdugos, y entonces, tal vez, podamos ser nuestros salvadores.


Luz, 2007

martes, 2 de octubre de 2007

HABLANDO DE AMOR.






Hablando de amor, específicamente el amor de pareja, el amor que pudiera ser el más egoísta e interesado, tal vez. El amor que paradójicamente pudiera ser el menos "amoroso".


¿Qué pasa cuando el sentimiento amoroso dirige su atención y/o su energía hacia el objetivo "pareja"? pues que entran en juego varias situaciones a nivel fisiológico y psicológico que provocan las reacciones más extrañas y nos llevan a extremos por demás disímbolos.




Generalmente el objetivo amoroso en esta caso parte de una necesidad, una carencia individual, y eventualmente, influye de gran manera el aspecto social que implica reglas de conducta grupales y formas de vida impuestas por la mayoría. Es decir, en una sociedad en donde se considera a la familia como célula fundamental del grupo constituido, y en donde el vivir en pareja preferenciando la permanencia del individuo mediante la procreación, este factor viene a ser un punto referencial para la necesidad del individuo por no permanecer solo; esta es sin duda, una condicional que le es inducida por impronta desde su más temprana edad.




Por otro lado, está también el aspecto fisiológico, mientras se desarrolla nuestra vida, estamos presenciando cada día los cambios que va sufriendo el cuerpo físico. Desde que nacemos hasta la muerte, el cuerpo humano vive en un constante cambio, por más que sólo sea el envejecer, mueren y nacen células cada día, se crece, se llega un pináculo de desarrollo y a partir de ahí se decrece. Y en cada una de esas etapas, el organismo nos va enviando diferentes estímulos.., que se cubren -o no- de una u otra manera y que por lo mismo nos van marcando pautas de conducta. Dentro de ellas, está el aspecto sexual. Es generalmente en la etapa de la pubertad, cuando los órganos sexuales alcanzan su madurez y las glándulas encargadas de estimularlos empiezan a lanzar sus descargas de hormonas evidenciando que el cuerpo es apto para la reproducción, cuando las ansias "amatorias" se manifiestan de manera más patente, y -por una razón puramente física y hormonal podríamos decir- se busca entonces con singular alegría al objeto de nuestro "amor" (carnal).




Y recordemos que también tenemos lo que se llama intelecto y sentimiento, un factor psico-emocional que nos impulsa por alguna razón proveniente de un resorte emocional o racional (a veces) a desear o buscar una pareja que alivie esas necesidades emocionales, intelectuales o ambas.


El caso entonces, es que nos encontramos ante un impulso por demás egoísta e interesado. Generalmente estamos ante la necesidad de llenar un vacío, un satisfactor que tal vez algo burdamente, podríamos comparar con el comer, dormir, o simplemente cohabitar por el simple instinto. Y bueno, claro que en el proceso, se encuentran un montón de circunstancias a cual más singulares y que en muchos casos parecerían únicas o extraordinarias. El enamoramiento -ese idílico estado que comprende el momento de dar con el objeto de nuestro deseo hasta el despertar a la realidad de que tal vez no era todo lo maravilloso que creímos- conlleva un cúmulo de sensaciones psicosomáticas que han provocado o inspirado todo el universo de conceptos, apologías, monumentos, homenajes, tratados filósoficos, investigaciones cientifícas, y un extenso etcétera de situaciones en torno y a propósito del AMOR, asi con mayúsculas y con esa entonación que implica acaso, el talante de sublimidad y arrobo con que se nombra algo sagrado.


Pero no, tristemente parece ser que no hay tal, que todo parece reducirse al plano más terrenal y práctico que existe. Y que por más que al momento de mirar con ojos entornados al objeto de nuestro "amor" pensando que la vida sin él/ella no es vida, no estamos sino pensando en nuestras egoístas necesidades personales y planeando -desde ya- la mejor manera de solventarlas. En todo caso, y dado que es lo que hay, no creo que tenga nada de extraordinario el disfrutarlo de la mejor manera, dejando que nuestras endorfinas hagan de las suyas retozando a gusto, mientras nos dejamos llevar alegremente por el "sublime sentimiento" del AMOR.


Luz, 2007.