jueves, 27 de junio de 2013
NOCHE
Oyó al pasar el suave quejido. Venía de algún lugar, entre la oscuridad azulosa de esa
noche, que, a falta de estrellas, se cubría con el tamiz irreal y amarillento de las luces
artificiales que bordeaban el camino.
Pero oyó el murmullo, apenas un rumor apagado y se detuvo.
¿Tal vez lo había imaginado? tanto tiempo llevaba caminando en esa soledad sin más
compañía que el eco de sus pasos.
Podría haber sido también el gruñido lastimero de un gato, o un perro. Esas pobres
criaturas que buscan un refugio por las noches y aún ellas, en sueños, de cuando en
cuando dejan escapar sonidos que tal vez sean quejas... ¿o suspiros?
Silencio.
Lo imaginó, seguro. O, ¿sería que su propio aliento -con total albedrío sobre sí mismo- sin
tomar en cuenta sus deseos, su voluntad, su control, escapó del interior de sus entrañas
sin que se diera cuenta, y haciendo eco en algún rincón de aquellas avenidas, regresó a
sus oídos con ese dejo de tristeza, de llanto contenido, de soledad...?
Mientras esto pensaba, y sin darse cuenta apenas, se encontró entonces frente a ese
muro sin ventanas, vetusto, desgastado. Esa pared que, desnuda en varias grietas,
mostraba su carne de ladrillos rojizos.., rojo encendido, del mismo tono de una herida
fresca, abierta, a punto de sangrar.
Fue tan real el símil que imaginó, que se vió extendiendo sus dedos con cautela para tocar
la grieta, -la abierta herida- sabiendo que tocaría la frialdad de la piedra, pero
temblando por dentro al presentir que retiraría sus dedos con el rastro húmedo y
caliente de la sangre.
Pero no hubo tal, miró sus dedos blancos y fríos y volvió a tomar conciencia del silencio.
Sólo eso había, y sin embargo, en sus oídos seguía el eco de aquella queja que ahora sólo
era un tono de nostalgia en su memoria; una nota dulce y sostenida que poco a poco se iba
perdiendo en la distancia.
Acerco entonces su cara al frío muro, su boca justo sobre esa herida abierta, que a punto de
sangrar le había llamado, y murmuró a su vez.. ¿qué? fue demasiado quedo, una
contestación casi en silencio para un suspiro de melancolía que ya se había ido con el
viento.
Sonrió, retomó su camino.
Hoy por lo menos, su soledad había encontrado compañía.
luz, 2013
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