jueves, 31 de enero de 2008

¿PARA QUÉ SIRVE UN DOMINGO?



En nuestro calendario, la semana de siete días empieza con el Domingo, y no como todos damos a pensar en el Lunes. Los lunes, generalmente comienzan las semanas laborables en la mayoría de los trabajos y tal vez por ello, tendemos a pensar que el primer día de cada semana es un lunes.

Asi pues, el domingo, es el día que consideramos último de la semana que acaba y además, el día antes de volver al trabajo (escuela, obligaciones, etc.,) Los días domingos son por lo tanto, días que a partir del mediodía nos acercan, inexorablemente, al fin del asueto, el abandono o la simple libertad del "me-vale", días en consecuencia que albergan un buen cúmulo de melancolías, frustraciones, depresiones, angustias y, ¿porqué no?, tambien momentos para ejercer filosofía pura nacida de la mejor de las inspiraciones: la holganza.


" domingo en la mañana... soleado... flojera total, pero con muchos pendientes que quedaron de la semana pasada y que amenazan el inicio de la entrante, pero que no llegan aún a perturbarme lo suficiente para arruinar mi domingo... ya veremos a mitad de semana como ando... je

acabo de desayunar granola, me estoy comiendo una pera y en una hora más o menos voy a correr a un parque que hay por aquí como usualmente hago todos los domingos.... ¿uno es lo que hace? ... de chavo pensaba que más bien uno es lo que piensa... siguiendo al colega descartes... pero ya no estoy tan seguro ahora......

el hastío es pavo real que se aburre de sol en la tarde... zaz!!! vaya que el hermano agustín ha de haber estado bien arriba para acuñar tal frase.

[...]

PD: ¿conoces a moody blues? ... dawn is a feeling..." *


Y yo leo esto y me pongo a pensar si uno es lo que hace..o uno es lo que piensa..o lo que come, o lo que dice, o lo que escucha o lo que cree...

¿Y si uno es simplemente lo que es? sin más averiguar, o teorizar.

Un día, un domingo tal vez, uno se queda un momento parado a la orilla del camino, mirando pasar la vida como un río y en ella todo lo que un momento antes importaba, apremiaba o animaba, pero simplemente por alguna circunstancia extraña, salimos de aquella corriente y nos quedamos de pie, mirando con fijeza hasta que esa misma fijación hace que perdamos de vista lo que esta ante nuestros ojos y de repente empezamos a visualizar lo que no está ahí, o si está, pero no lo distinguíamos.

Y se nos ocurre que somos diferentes, o que, siendo iguales, algo en nosotros conforma una diferencia: LA diferencia. Entonces empezamos a imaginar que puede ser esa diferencia, entonces comenzamos a preguntarnos quienes somos y que es lo que nos hace ser.

Regresamos sobre nuestros pasos, tratamos de definir el camino que recorrieron tantos antes de nosotros, el camino que muchos recorren junto a nosotros y el camino que se extiende hacia el horizonte y que tal vez ya no nos toque transitar y examinamos con cuidado nuestras huellas ¿porqué pisamos aquí y allá?, ¿porqué nos detuvimos en este punto, o porqué tomamos a la derecha, o la izquierda en aquella bifurcación?

Pensamos que pensamos y tal vez sólo fue un momento de irracionalidad pura, ¿será que en aquel instante cerramos los ojos ante los hechos y nos guiamos por el sentimiento? ¿será que un simple detalle, nimio en apariencia, un descuido, un pequeño tropiezo, -un rayo de sol que nos deslumbró y nos cegó por un momento- hizo que desviáramos una fracción de segundo la atención y esa milesima de tiempo en el pasado nos arrastró a kilómetros y años de distancia de nuestro objetivo inicial?

Somos lo que somos por un sinfín de circunstancias a cual más aleatorias e impredecibles, desde nuestra concepción hasta nuestra muerte, la condición de nuestro ser deviene en múltiples factores al azar que se conjugan con algunas pocas desiciones que arrogantemente proclamamos como nuestro libre albedrío.

Y cuando llego a este pensamiento, me recuerdo que no es domingo, que es lunes, o martes, o cualquier otro dia "hábil" y que es pasada la medianoche, y que tengo que madrugar pues la agenda marca un buen número de tareas que no sólo tienen que hacerse, sino que da la casualidad que debo hacerlas yo. Y la filosofía de media semana termina resolviendo que somos lo que se pueda sin más discusión, y mientras tanto, sin darme cuenta, asi como tampoco me dí cuenta cabal de en que momento me salí del camino y me quedé parada haciendo castillos en el aire, estoy de nuevo en la corriente de la vida "normal" pensando antes de dormirme: "caray, lo que se le puede ocurrir a una leyendo para que sirve un domingo".


Luz, 2008


* De un mail enviado a mi correo por un amigo que espero no le moleste el haberlo citado. Y si, alguna vez he escuchado a moody blues, aunque debo reconocer que no soy conocedora.

Gracias, bladerunner.






jueves, 24 de enero de 2008

LA AGONIA.






Mi amante eterno, el amor que llena mis días toca mis manos, el sólo contacto de sus yemas tibias rozando mis dedos me hace estremecer y recordar días más felices.




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Recostada en su pecho, jugueteando con el vello oscuro que le cubre vuelvo a la misma historia de siempre, el habernos conocido, el primer momento, lo extraño que fue aquello...y al igual que siempre, la sonrisa en su rostro, sus dedos jugueteando y cubriendo mis labios, su boca húmeda y ansiosa que se acerca, "shtt..." murmura a medias mientras los besos se hacen interminables y los recuerdos se olvidan porque sólo existe este ahora y aquí de nuestros cuerpos perdiéndose uno en el otro y la realidad de nuestro amor.


Mucho tiempo después, o quizá en el siguiente segundo, vuelvo a mirar el cuerpo cálido y vigoroso que respira acompasadamente en un sueño plácido de deseo satisfecho, yo no duermo, recorro su cuerpo con mis dedos, lo miro con ansia, con voracidad, quizá desde entonces sentía la angustia de perderlo.




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El viento es más frío ahora, lo noto porque veo a mi alrededor como se ensombrece la tarde, los árboles se agitan y, aunque no me dice nada, mi amor se estremece y me mira con sus ojazos desvalidos y líquidos. Pero aún así permanece a mi lado, sin soltar mi mano que también, supongo, debe estar fría y tensa. Una de las enfermeras, esos seres a veces compasivos y a veces crueles (¿será por eso que les llaman ángeles?) se acerca y le indica que es la hora. Yo creo que él lo sabe, pero no quiere decirmelo. Yo también lo sé, lo noté en el viento, en la oscuridad de la tarde que avanza, en sus ojos.


Yo quiero aferrar su mano, quiero rogarle que se quede, que permanezca conmigo y me libre de ese frío que no es de afuera, quiero que no se vaya porque con él se va la vida y el calor...




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Estoy abrumada, no puede ser que cada día me encuentre más distraída, que las cosas más simples de repente me parezcan indescifrables. No acierto a comprender a que se debe, esta fatiga repentina, el dolor, el cambio de humor. Hoy por ejemplo, acabó en una discusión estúpida un simple comentario de mi parte, y él salió enfadado, lo sé. Lo peor de todo es que ahora que lo pienso, creo que esto ya tiene tiempo. Me siento fatal, quisiera dejar de ir al trabajo pero sé que no puedo...(ahora mismo no recuerdo qué, pero estoy segura que tengo algo muy importante que atender hoy...¡no puede ser! ¿es que no recuerdo siquiera mi agenda de este día?)


Veré lo del malestar más tarde, ahora sólo sé que tengo que ir a trabajar, y después arreglar como se pueda el asunto con mi amor. El es una de las bases de mi vida, menos mal, eso lo tengo bien claro.




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Ahora estoy en la cama, la enfermera fue buena el día de hoy, se limitó a cambiar mis ropas que, nuevamente, estaban húmedas de mi saliva y creo que también tuve alguna fuga de orina en el pañal que ahora uso, como los bebés. Ya seca y limpia, me dejó acostada y cubierta con las mantas gruesas, luego se fue. Le agradezco, es mucho peor cuando maldicen y me llaman con todos los adjetivos posibles para hacerme ver lo molesto que es cambiar un pañal o limpiar mi suciedad. En esta habitación no hay ventanas, la luz de las lámparas está encendida día y noche, así que me mantengo despierta mucho tiempo, asi es como no me olvido de algunas cosas, como cuando las noches eran solo unos cortos intervalos de cerrar los ojos y al siguiente momento abrirlos de nuevo a todo aquello que iluminaba mis días.

Los más insignificantes detalles ahora se me escapan, a veces ni siquiera sé cómo y cuando llegué a este lugar y si he estado aquí un día, dos..o toda mi vida.

Hace unos días recibí un fuerte regaño porque dicen que intenté suicidarme ¡vaya idea ridícula! yo no quería hacerme daño solamente no me di cuenta cuanto tiempo llevaba frotando mis manos y dicen que me desollé la piel, dicen que quería desangrarme. Pero no, yo solo me frotaba las manos que tengo siempre tan frías, ateridas, "me duelen por el frío", les dije. Después ya no dije más, tal vez tengan razón, tal vez si quería acabar con esta espera. Porque yo sé que algo estoy esperando, pero no sé...y además, yo nunca he sido paciente.


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De pie frente a la entrada en casa de mis padres llevo ya un rato pensando que decir. No pensé en otro lugar adonde ir, o más bien, no pensé en nada y cuando me di cuenta estaba frente a esta puerta. Y ahora aquí, no me decido a entrar. Mi madre es aprensiva, todo amor y comprensión pero siempre preocupada y en sus palabras bienintencionadas siempre se puede intuir su angustia. ¿Será que debo irme? ¿será que tengo que demostrar, también en esto, que soy independiente, autosuficiente?

Y sin embargo sigo aquí, sin decidirme a entrar, o dar media vuelta y buscar otro refugio. Sonrío porque en la práctica estoy acostumbrada a observar a los animales: hasta ellos buscan regresar a los parajes conocidos cuando están heridos. Es el instinto, por eso vine aquí, por eso estoy de pie frente a esta puerta y lo único que me detiene es no saber como decirle a los míos que estoy condenada. Cómo pedirles que me ayuden a aceptar que el tiempo que me tocó de vida está por agotarse.


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Hoy no pude estar con mi amor, lo sabía desde que sentí como pasaba el tiempo más lento que de costumbre y yo seguía anclada en esta cama. Ni enfermeras, ni ruidos en los pasillos y hasta la luz siempre encendida y brillante de las lámparas parecía más brumosa que de costumbre. Pensé que tal vez se habían olvidado de mí y lamenté que no vinieran porque seguramente me iban a encontrar sucia y maloliente y eso me acarrearía regaños y malos tratos. Quise palpar mis ropas, pero esta vez el cansancio era tan grande que ni siquiera pude mover mis manos. Agradecí, como siempre lo hago, que los dolores fueran siempre tan soportables. Mi madre -pobrecilla- siempre dice a todo mundo que soy valiente, pero no, yo le he dicho muchas veces que no es que sea valiente, es que en realidad no siento mayor dolor. Y hoy, precisamente hoy, por el contrario, mi cuerpo lo sentí ligero y laxo, completamente relajado y quizá fue eso (y no el cansancio) lo que no me dejó moverme. A decir verdad, me siento tan bien, hasta me acuerdo de tantas cosas que había olvidado. Muchos recuerdos vienen a mí y me hacen sonreír, son todos recuerdos felices. Y entre todos, el rostro de mi amor se distingue una y otra vez. Cuantos buenos momentos disfrutamos, cuanto amor, comprensión, cuanta complicidad y amistad entre nosotros. Por eso hoy me lamento no haber podido verlo. Yo sé que no lo veré y eso me duele, pero, quien sabe...me siento tan bien, estan regresando mis recuerdos, mi cuerpo es un jirón de nube ligero y vaporoso en un cielo azul y soleado. Quien sabe, los milagros ocurren, y pudiera ser que ocurriera el milagro de que sanara.


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"Estuve a verla por la mañana y su respiración ya era muy débil, por eso les avisamos tomando en cuenta que probablemente no llegaría a la hora de la visita habitual. No, no creo que haya sufrido en realidad, los medicamentos que se le administraban la mantenían regularmente drogada y tal vez ni siquiera se dió cuenta de su propio deterioro. De hecho, fue muy corto el tiempo en que cesaron por fin sus funciones vitales. Permanecí con ella y puedo decirles que inclusive conservó todo el tiempo una sonrisa. Si la ven ahora, se darán cuenta que presenta un aspecto de tranquilidad.

Por mi parte es todo, la enfermera les acompañará adonde pueden arreglar los trámites para que se les entregue el cuerpo y por ahora pueden permanecer con ella unos momentos. "

El matrimonio escucha las palabras del médico, asienten, agradecen, se dirigen a la habitación que tantas veces visitaron, en donde la hija permaneció durante el tiempo que duró su agobiante enfermedad hasta ese momento. La madre acaricia el rostro envejecido, las manos esqueléticas y ajadas por todos los pinchazos que recibieron para mantenerla con vida y sin dolor. Mira la blanca sábana que cubre lo que queda de un cuerpo que un día, no hace mucho, caminaba lleno de vida por las calles. Y mientras pasa su mano temblorosa por el cráneo limpio como el de un bebé se dirige al esposo:

-¿Sabes que me duele?

-¿Qué cosa?

-El pensar que todo este tiempo, desde que supo de su enfermedad y llego aquí, siempre guardó la esperanza de que ese hombre a quién tanto amó, recapacitara y volviera a buscarla. Yo creo que murió con esa esperanza.


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Luz, 2008




PORQUÉ...?




Romántica empedernida e irredenta (por si aún no se notaba), decidí un día -después de leer por enésima vez las rimas de Gustavo Adolfo Bécquer- que no había absolutamente nada más que añadir a lo ahí descrito y que cualquier cosa que yo (pretenciosa y absurdamente, claro) escribiera no tendría por ello, valor alguno.

Pero seguí escribiendo, y seguí leyendo, y recorrí un mínimo y básico catálogo de poetas, amorosos y no, admirando a cual más la inspiración y asombrosa exactitud de aquellas rimas (y no-rimas) tan emotivas, geniales, y deslumbrantes.

Y aún así seguí escribiendo, curiosamente, mientras más leía y releía, más era el impulso de escribir y expresar (sí, yo también) aquello con lo que me sentía tan identificada y cercana, y aún más cosas que sólo apenas vislumbraba en esas palabras que al influjo de mi empatía se volvían cábalas mágicas y premonitorias.

Escribo pues, porque es necesidad y también placer. Y un placer que mientras más practicas menos encuentras el hartazgo o la impaciencia sino hay en ello la tranquilidad y el equilibrio.

Escribo sin importar si es bueno o malo, que al final, los juicios de valor me son irrelevantes en tanto que yo misma soy mi propia censora y crítica.

Escribo sin pensar si en la forma es un poema, un cuento, una charla o una perorata carente de sentido (como lo presente, por ejemplo, y en todo caso, su falta de sentido podría ser el sentido...vaya)

Tampoco me detengo a pensar si alguien compartirá, gustará o abominara mis desvaríos; total, gustos hay para todo.

Escribo simplemente porque es, a más de todo, un privilegio. El poder detenerse y tener este romance o aventura o cómplice relación con el lenguaje y el pensamiento, y estar un momento a la orilla de un espacio en blanco, como quién se detiene a la orilla del océano, y cerrando los ojos, lanzarse de lleno en la gozosa experiencia de escribir.


Luz, 2008

jueves, 17 de enero de 2008

PEDRO PARAMO.







"Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.."






El 7 de Enero de este año (2008) se cumplieron 22 años de la muerte de Juan Rulfo (1917-1986).



Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, conocido simplemente como Juan Rulfo, sólo necesito una novela: Pedro Páramo, y una colección de cuentos: El llano en llamas para pasar al escalón en donde se hallan los más grandes exponentes de la literatura universal.


Pedro Páramo es una novela corta en realidad, pero al igual que su creador, no necesito más para convertirse en un modelo que dificilmente podría ser igualado tanto en su estructura formal como en su contenido de fondo.

¿Qué es lo que distingue a un producto literario universal de un relato cualquiera? yo pienso que es aquello que sin importar nacionalidad o circunstancia particular de cualquier persona, toca aquellas fibras que alcanzan a cualquiera en tanto ser humano y le permiten reconocer e identificarse con lo que está leyendo de tal manera que trasciende género, raza, cultura particular o idioma.

Juan Rulfo está inscrito en una corriente que se ha conocido como realismo mágico (término que procuro evitar) y que tiene otros exponentes latinoamericanos como García Márquez y alguien que es grande en su creación de cuentos: Horacio Quiroga.

Los cuentos de Rulfo, y la feliz manera que tuvo para reunirlos o encadenarlos en esa obra maestra que es Pedro Páramo, tienen ese ingrediente de universalidad al retratar caracteres siempre presentes en cualquier comunidad del mundo. Un pueblo con sus diferentes estereotipos, sólo diferenciados por la circunstancia territorial, cultural e histórica de su contexto.

Y Rulfo tiene el acierto de ser fiel a los acontecimientos tal cual los vive, los recuerda o le han llegado de sus raíces. El realismo mágico tan llevado y traído, aquí no viene a ser más que un recuento puntual de ese sincretismo cultural que deviene de raíces propias, conectadas con el primitivo culto y temor a los fénomenos naturales (el bagaje prehispanico), del sometimiento bárbaro por una ideología ajena que barrió en lo exterior con usos y costumbres imponiendo un dogma no menos primitivo pero que no logró arrancar del espirìtu de los sojuzgados esos atavismos naturales (la colonia), y de una modernidad incipiente que empieza -como antaño- con una rebelión y rechazo a las doctrinas religiosas y el ideal de abolir injusticias y desigualdades (la revolución y el movimiento cristero).

Cada uno de los personajes en los cuentos de Rulfo, provienen de alguna de estas fuentes o son combinaciones de las mismas, creo que ahí reside su éxito. No es solamente que los mexicanos, como parte de ese mosaico, que lo somos, tengamos tan claro el rol que cada personaje juega, es también que, como seres humanos, ahí encontramos también esos sentimientos profundos y enquistados en el subconciente que nos recuerdan nuestros miedos, anhelos, preguntas, alegrías, frustaciones o aspiraciones.

Personajes límites, con esos rasgos de personalidad llevados al extremo en los que nos reflejamos y ante los que no podemos quedar impávidos. El miedo a la muerte, nada de que el mexicano se ríe de la muerte, en general el ser humano mantiene el primitivo instinto de supervivencia y trata por todos los medios de evitar el inexorable momento ("Diles que no me maten") , y solamente en estados alterados de conciencia, locura, enfermedad, narcosis, se desafía el instinto y se pierde aquel miedo (Susana San Juan, una mujer que no era de este mundo, Pedro Páramo, un rencor vivo...)

Cuando se leen los cuentos de Rulfo, algo de los relatos de los abuelos se vienen enseguida a la mente, las consejas escuchadas de niños (perdón, estoy hablando de aquellos que tenemos la suerte de contar con más de tres décadas y aún tuvimos oportunidad inclusive, de tener abuelos) supersticiones y relatos que conforme la modernidad nos aplasta negamos con total convicción pero que siguen ahí, encerrados en lo más profundo de nuestra conciencia y que reconocemos al punto cuando se toca aquella fibra. Y todo ello, repito, no son exclusivos de una sociedad, sino de la humanidad en general. En cualquier pueblo de Europa, Africa, Asia y aún los lejanos confines antárticos, hay las expresiones de aquellas leyendas, creencias, tradiciones, usos y costumbres que nos impactan porque de alguna manera las sentimos tan familiares y cercanas como si no hubieran distancias (en tiempo, geografìa y cultura) que nos vuelven antípodas. Y cuando un escritor toca esos puntos neurálgicos del interior del ser humano, es cuando puede contarse entre los grandes autores universales.
En fin, que sin ser especialista (ni de lejos), crítica (dios me libre), escritora (jajaja), quede aquí mi pequeño y personal homenaje a un autor que entre tantos y tantos grandes escritores de todos los tiempos, estará siempre -por lo menos para mí- en los primeros lugares del genio.
Luz, 2008.

POEMAS VII






La vida mía, este pozo profundo de amargura


esta eterna pregunta sin respuesta.


La vida mía, el extender mis brazos a la nada


el buscar sin descanso la salida.


La vida mía, atravezar a oscuras el abismo


tropezar, aferrarse, caer sin fuerzas.


La vida mía,


¿se puede llamar vida?




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La noche pasa con ojos cerrados para no verme.


La noche,


negra,


fría,


lejana en su silencio, cercana a mi soledad


aún ella me muestra su desprecio.


Y paso yo a través de ella,


y cierra los ojos soberbia


y avanza inexorable,


aún ella, lejos de mí.




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¿Donde estás?,


¿cómo?,


¿con quién?


¿Donde tus ojos, tu sonrisa?


¿donde tus manos, tu imagen toda?


¿donde tus caricias?


Llena estoy de tí, de tus recuerdo


y no podría dejar morir en mi tu imagen,


no podría arrancar de mí la poca luz de vida que poseo.


¿Pensarás en mí?


¿sentirás por mí tan sólo un poco de lo que yo siento?


Es mi vida un serie de preguntas,


"¿me recuerdas?


¿en mí piensas?"


preguntas todas sin respuesta


porque no estás aquí, cerca de mí


porque nunca estarás para responderlas.




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Días como estos,


en que la tristeza y la desilusión me llenan por completo,


días secos,


vacíos,


que agotan la poca esperanza que poseo.


Días que parecen siglos,


que me siento envejecer y morir por dentro


como un páramo desierto que se desquebraja y se cuartea


enseñando sus entrañas secas y sin vida.


Días como estos,


en que ni siquiera acude el consuelo del llanto,


de poder desahogar aquel nudo salobre y amargo que me obstruye por dentro.


Días negros,


aciagos,


días de dolor,


días de miseria.


Días como estos,


en que la idea de la muerte no es temida


porque la siento fría y voraz hurgando en mi interior,


arrancando la fé, la luz, la vida.


Días como estos,


en que desearía tanto estar junto a tí,


simplemente,


estar viva.




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Luz, 2008








sábado, 12 de enero de 2008

EN EL NOMBRE DE DIOS III




Crecí en un ambiente familiar donde los integrantes mayores -hoy llamados adultos en plenitud o personas de la tercera edad, antes sólo les llamábamos "viejos"- fueron educados o quizá debería decir: acostumbrados, a creer en Dios a la manera católica: Dios, la trinidad, la virgen María, ángeles, arcángeles, infinidad de santos, etc., ah sí, y por supuesto la competencia: el diablo, el infierno y el pecado.


Todo esto, sin olvidar claro está toda una suerte de creencias, convenciones, usos y costumbres poco relacionadas con el catolicismo y más cercanas a las raíces prehispánicas de la herbolaria, las creencias animistas, supersticiones y métodos alternativos de enfermedad/sanidad, felizmente reunidos en una forma de sincretismo muy a la mexicana.


De tal manera, que lo mismo asistíamos con obligado (nunca mejor empleado el término) respeto y sumisión a las festividades del calendario católico más señaladas -a saber: semana santa, navidad, etc.- que de igual manera cumplíamos con algunas condiciones necesarias para evitar "el mal de ojo", asegurar el buen funcionamiento de un negocio, evitar el labio leporino en no-natos si su madre permanecía en la calle durante un eclipse, y así como eso mil sucesos aleatorios más. Muchos sacerdotes inclusive alentaban estas prácticas (tomando en cuenta que venían del mismo grupo socio-cultural y que pocos tenían -y tienen- más instrucción que la mínima requerida para esos menesteres)


Así y todo, fue siempre para mí una especie de actividad entre festiva y reverente el acudir a la iglesia y mirar desde mi corta estatura la bóveda acabada en molduras de estuco que trataban de imitar las grandes catedrales de otros países. Los rostros serios y torturados de las estatuas de santos ataviadas con sus ropas seculares (sus muecas invariablemente eran de un dolor inexplicable, creo que esa era la primera señal que nos llegaba acerca de que el amor y servicio a Dios, tenía que conllevar irremediablemente el sufrimiento). El rostro siempre joven y sonriente de la virgen que, sola o cargando su niño Jesús, miraba con ojos entornados esperando las miles de súplicas y pedimentos de los fieles. Y todo ello, con el trasfondo de un órgano que de repente dejaba escuchar sus graves notas en el recinto, el murmullo monocorde de los congregados rezando (¿recitando de memoria, cómo un merolico?) las devociones, y el olor inconfundible del incienso que cubría como un jirón de nube las cabezas inclinadas. Eso era la iglesia para mí, un espéctaculo bastante interesante y no exento de encanto si se le mira bajo la perspectiva de una niña que, vestida de blanco durante el mes de mayo, pasaba al altar de la virgen con un ramo de flores para depositarlo a los pies de la efigie y pensaba con total convencimiento y absoluto fervor que era afortunada de poder estar entre los ángeles que por ser buenos e inocentes podían mirar el rostro de la madre de Jesús con libertad.


Pero los sueños pocas veces son tal cual los imaginamos (debo decir que la realidad también es poco confiable en ese sentido) y conforme fui creciendo, también fueron creciendo las preguntas y las dudas razonables que de todo aspecto también iban dirigidas hacia la comprensión del dogma. Primer error craso, el dogma no se cuestiona, es artículo de fé, se cree o no, no hay razón ni argumento. Algo difícil de aceptar para alguien que siempre quiere saber "¿porqué?" , y de ahí comenzó la debacle, pero nunca tan duramente revelada como el día en que di media vuelta de mis infantiles fantasías y abandoné de una vez y para siempre todos aquellos rituales y convenciones de la "iglesia católica" y sus trabajadores.


Y sucedió que un día, ya algo mayor y por lo mismo algo más desconfiada y cada vez más alejada del sacro misticismo y el misterio de la santísima trinidad, fui enviada en busca de mi hermano menor que ya se había retrasado en su lección de catecismo que lo preparaba para la primera comunión, acontecimiento que él esperaba con gran espectación.
LLegué a la iglesia de la colonia, en donde se impartían las lecciones y no lo vi con los otros niños que jugaban por ahí. Al preguntarles, me dijeron que ese día habían tenido un exámen, y que mi hermano, no lo había terminado a tiempo, asi pues tenía que terminarlo para poder irse a casa.
Entré entonces a la iglesia, en ese momento, estaban oficiando misa, pues era la hora y pensé que tal vez lo habían llevado a la sacristía para terminar su prueba. Cuando caminé hacia la puertita que comunicaba la nave con las oficinas pude ver a mi hermano, hincado en el piso, utilizando la banca como pupitre y con enormes lágrimas escurriendo por su cara de niño. Me llené de angustia, fui hacia él tratando de imaginar que cosa podía hacerlo llorar con tal sentimiento y tal vez por eso, no reparé en el hombre que estaba a su lado, hasta que yo misma estuve junto a él y entonces pude escuchar el terrible discurso que el tipo aquel le decía a esa criatura llorosa y temblorosa hablandole en susurros pero con un gesto terrible y acusador mientras lo increpaba y le amenazaba con los demonios del infierno y la condena de su alma por no saber los mandamientos.


Han pasado ya algunos años, no tantos como parecieran, porque cada vez que lo recuerdo, me parece que ha sido ayer y vuelvo a ver el rostro agrio y arrugado de aquel ser perverso (ministro de su iglesia) con su siseo malévolo y el brillo malsano de sus ojos cada vez que lograba arrancar una lágrima más de ese niño indefenso ante su maldad. Todavía recuerdo la rabia que me impidió tomar una actitud más contundente y solamente pude empujar con todas mis fuerzas ese cuerpo renegrido (más por su maldad que por su sotana) para apartarlo de mi hermano y gritarle que lo dejara en paz, que sólo era un niño.
Todavía recuerdo como salí por el pasillo medio de aquella iglesia y en cada paso que daba hacia la salida me juraba que nunca más volvería a creer en santos, virgenes ni dioses.


Hoy día, con algunos años más, muchas más preguntas sin respuestas, y algo de camino andado creo que he aprendido a detenerme un poco y tratar de analizar no sólo un aspecto de una cosa. Escucho, leo y me entero cada día de todas las atrocidades y horrores de los ministros de la iglesia en contra de niños indefensos. De líderes religiosos fundamentalistas que tienen el terror como bandera en la que envuelven a su dios. De dogmas de fe que obligan a dejarse morir por un cretino que se arroga mesías. De tantas cosas que se hacen y se dejan de hacer en nombre de dios y de la fé, que me alegro que mi hermanito sólo haya sufrido de un episodio de tortura mental y psicológica que confío que no haya dejado huella duradera en su alma.


Pero algo es seguro, sigo repudiando por ello, todo lo que huele a religión, fundamentalismo, sectarismo o dogma y más si se presenta "en el nombre de Dios..."



Luz, 2008