Dice Erich Fromm* que el amor es más que nada un acto de fé. También nos dice que " El amor es una actividad, y no un afecto pasivo. Se puede describir, de una forma muy general, con la afirmación de que el amor es, sobre todo, un dar y no un recibir. "**
Así pues podemos entender que el amor, ese curioso sentimiento que parece afectar a un tiempo el intelecto, la emoción y el cuerpo físico, no proviene de algún tipo de razonamiento o actividad intelectual no, todo debiera provenir de algún tipo de característica difícil de cualificar y/o cuantificar porque se encuentra asentado en los límites de lo que llamamos "alma", "espiritú", y sus parámetros se dan a partir de "sensaciones" que más allá de lo físico se refieren a cuestiones mucho más intangibles y abstractas que no por ello menos evidentes.
¿Será por eso que ese sentimiento amoroso parece a veces tan inalcanzable, inexplicable, inverosímil?, si nos atenemos a pensar en que para poder experimentarlo hay que contar con una "calidad emocional" que implica generosidad, desprendimiento, "bondad de corazón", pareciera que sí.
Según esto, alguien carente de fé, de esperanza, no podría alcanzar ese estado de placidez o felicidad que implica el puro y desinteresado desprendimiento de algo propio, con el único y exclusivo fin de proporcionar un bien a otro (o a uno mismo, o si no ¿en donde queda el amor-propio? o caemos acá en la paradoja de que amarse a sí mismo es una forma de egoísmo que impide también el disfrutar el amor?)
Un buen ejemplo de esto sería el amor filial, fraternal, ese amor de los padres o familiares que no vacilan en desdeñar su propio bienestar o salvedad por los consanguíneos, aunque, si pensamos por ejemplo en un animal que defiende a su camada (el instinto les impele a defender la prole puesto que instintivamente saben que es la manera de garantizar la permanencia de la especie) ¿hablaremos ahí de amor filial? o simple instinto...me queda la duda.
Pero pienso ahora en el amor de pareja, ese amor que hombres y mujeres constantemente utilizan como bandera y pendón de sus alegrías, tristezas, logros, fracasos, carencias, trabajos, esfuerzos, glorias y caídas indistintamente. Ese amor que se llama huidizo, incomprensible, al mismo tiempo infierno y gloria; por el que también se desatan cruentas guerras de sexos siempre pretendiendo que unos y otros: amantes y amados, correspondidos y desdeñados, sean los victoriosos y los menos lesionados en ese constante encuentro de voluntades, de deseos, de sentimientos.
Y si es entonces cierto, o por lo menos cercano a la certeza, que hay que tener fé para poder amar, me queda claro que la humanidad está por irse al pozo del desamor (o del caño, que en todo caso sería algo más descriptivo de lo que son actualmente las relaciones interpersonales). La fé, en estos tiempos, se vuelve un artículo de lujo, un valor arcaico y devaluado que -asociado con la práctica de algún culto- se mira con desconfianza, con sorna y del que, invariablemente, la mayor parte de los hombres andamos escasos.
Luz, 2007
* Erich Fromm(Alemania, 1900-1980) Psicoanalista germano estadounidense, célebre por aplicar la teoría psicoanalítica a problemas sociales y culturales.
** El arte de amar (1956)

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