sábado, 2 de febrero de 2008

SIGLO XXI, MODERNIDAD Y LOCALISMOS.




Siglo XXI, leo en algún artículo periodístico (con enlace a página electrónica en la red, faltaba más!) acerca de los más recientes adelantos científicos, tecnológicos, médicos...en fin, en algún lugar del mundo unos genios en el estudio de la genética "descifran" el genoma completo de una bacteria, el siguiente paso...¿quién lo sabe?, al mismo tiempo, se realizan pruebas con células humanas "clonadas" para regenerar tejidos y en un futuro cercano erradicar enfermedades como parkinson, alzheimer, en general aquellas que involucran patologías neuro-sómaticas, y cáncer entro otras.


Super computadoras que son capaces de procesar información a una velocidad más rápida que el cerebro humano y que, mediante tecnología que ya ha sido desarrollada, pero que aún no es pública por el costo, pueden transferirla y/o compartirla en fracciones de segundo a cualquier lugar del mundo (eventualmente, a cualquier lugar en el espacio, todo es cuestión de tiempo) y, en el mismo orden de ideas, una fundación dedicada a la búsqueda de vida extraterrestre, abre su señal de internet a todas las computadoras personales para que cualquiera que utilize por períodos largos de tiempo la conexión de internet pueda eventualmente captar algún tipo de señal proveniente del espacio exterior.




Siglo XXI, en un país al azar, en alguno de los continentes de este mismo mundo, mueren cada día un número vergonzante de niños por enfermedades que en última instancia, son consecuencia de desnutrición, ignorancia, pobreza, o la suma de todas las anteriores. En otro lugar, luchas y guerras dejan su triste saldo de muertos, lisiados, huerfános, desterrados y parias. Aún en otro sitio, miles de seres son víctimas de prácticas que, llamándoles por su nombre, no son otra cosa que trata de esclavos y compra-venta de seres humanos para los más abyectos, indignos e inhumanos trabajos. En un mundo de oportunidades, de riqueza material obscena, el analfabetismo, la pobreza, la discriminación, esclavitud y un sinnumero de lacras parecidas son cosa de todos los días.


Ni hablar del trato que reciben en estos escenarios la flora, fauna, el medio ambiente en general de este planeta, cuando entre los hombres hay tan ofensiva indiferencia para la vida y bienestar de sus congéneres.




Uno llega a veces a adquirir la no muy loable facultad de volverse selectivo, de elaborar un esquema mental que opaca o nulifica (por lo menos un rato) todo aquello que de tan abominable, el pensamiento conciente se niega a procesarlo. Entonces podemos pensar un instante: "no es posible" y esa fórmula mágica nos permite proseguir con nuestras vidas, porque si lo pensamos un poco, el quedarse en ese momento de horror, el sumergirnos de lleno en el hecho palpable de que no sólo SI es posible, sino que está sucediendo ahora mismo, ante nuestros ojos, nos llevaría a una depresión o trastorno mental que podría, quizá, nulificarnos en muchos sentidos.


Por ello es que podemos conmovernos un instante, -cuando vemos la imagen de niños-esqueletos a merced de la inanición y el abandono, de cadáveres apilados como si fueran sacos producto de un ataque armado, de matanzas criminales de animales por cacerías barbáras o por envenenamientos provocados por el hombre-, y pasado el momento de conmoción, regresamos a nuestra vida. No porque no nos interese, sino porque también nosotros debemos continuar, haciendo acuse de recibo, pero proseguir con nuestra particular lucha individual.


A las personas que actuamos asi, algunas otras nos llaman indolentes, indiferentes, o, dependiendo del grado de politización o fanatismo, también apátridas o alienadas. En las modernas concepciones de ver la vida, maníqueas y radicales, no hay lugar para el tal vez, o la tolerancia. Esa es, quizá el mayor de los estigmas de nuestra moderna civilización, la falta de comunicación (paradójicamente, en una época en que virtualmente podemos "comunicarnos" al otro lado del mundo en el mismo instante que lo pensamos), la pérdida de valores, el desprecio absoluto por el bienestar común privilegiando el interés personal, la soberbia infinita de pensar que se es omnipotente e inmortal.


Y aquí, en mi país, en este pedazo de mundo en que tuve la suerte de nacer, es donde he aprendido a ser selectiva, a mirar lo uno y lo otro tomando nota y cuenta de cada cosa y tratando de evitar los garrafales errores que percibo en uno y otro lado. Tratando todos los días de no dejarme llevar por la corriente de los radicales que se dedican a denostar a todo el que se les pone enfrente y pugnan por cambiar al mundo sin mirar la enorme tarea que tienen para tratar de cambiar primero ellos. Pero claro, nadie nunca aceptará una equivocación ni error, los equivocados, los errados son siempre los otros, los que no comulgan con sus ideas, los que no les conceden la razón absoluta, los que les increpan y les lanzan a la cara sus debilidades y estupidez y de esa manera la achacan a "los otros". Las discusiones entonces, se vuelven dialógos de sordos en donde el más "honesto" o "veraz" o "acertado" es el que grita más fuerte, el que lanza las acusaciones más contundentes, el que señala con mayor enfásis y dramatismo teatral.

Y yo, miro y escucho todo eso, y me esfuerzo por trabajar y servir a los míos, a los que solicitan mis servicios, a los que por azar tengo en mi mano, trabajar para ser mejor persona y hacer un ambiente de bienestar y armonía alrededor, cumplir con mis metas, pequeñas y simples, pero que alimentan mi alma y me permiten ofrecer una cara amistosa al que se acerca.

Y por ello me llaman "derechista", "alienada", "vendida al sistema", "ignorante", "ciega ante los hechos", pues bien..., todo eso soy, pero en pleno siglo XXI, en medio de tanta tecnología, de tanto y tanto adelanto cientifíco, me niego a ser una nueva déspota ilustrada, una bárbara tecnológica, una fanática radical que se dedica a señalar a todo y a todos, y desde mi lugar, desde mi pequeño, confortable, seguro y particularìsimo reducto, hacer lo mejor que pueda y conservar mi selectividad negándome, sistemáticamente a formar parte de las masas partidistas.


Luz, 2008




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