martes, 19 de febrero de 2008

19 DE FEBRERO


"2 de Febrero de 1965.

el vientre abultado de María empezó a contraerse provocando dolores que partían de su cintura y aunque espaciados, eran lo suficientemente agudos como para darse cuenta que era el aviso de algo más que un simple cólico. Después de uno de estos espasmos, sintió aflojarse su esfínter y con algo de angustia (después de todo, no hay nada que te prepare para un acontecimiento asi..) miró correr entre sus piernas el líquido que ocupaba buena parte de su útero. Era la ruptura de fuente, su hijo (o hija) estaba por nacer.

Heredera de una tradición matriarcal, en donde las mujeres daban a luz con poca o ninguna ayuda, rodeada de la madre, la suegra y una comadrona conocida, vió pasar todo el día y la noche sin que se presentara ninguna otra contracción, ni dolor, ni señal ninguna de que la criatura hubiera iniciado el lento y doloroso camino fuera de su vientre. En la madrugada, tomando en cuenta que María estaba ya desesperada por abandonar la cama, con hambre, y de la criatura ni su luz (...), el "consejo de mujeres mayores" determinó que no había más que hacer y cada quién se retiró a su casa, aconsejando a la próxima madre que no dejara de hacer sus labores cotidianas y muy especialmente que no volviera a dar una falsa alarma.


19 de Febrero de 1965.

Por la mañana, María sintió una punzada corta y aguda que pareció partirle la cintura, esta se repitió dos o tres veces más en un corto intervalo de tiempo y esta vez, acompañada de una contracción violenta y dolorosa de su vientre. Pensó que quizá no debería alertar a nadie, ¿y si volvía a ser una falsa alarma?. Sin embargo, cuando los dolores y las contracciones aumentaron de intensidad y frecuencia se olvidó de comedimientos y se aprestó a recibir -ahora sí..ojalá..- a la criatura por la que tanto había pedido en dos años de matrimonio.

Y a las 3 pm. en su casa, asistida por el mismo "consejo de mujeres mayores" a las que se habían añadido algunas otras madres de familia avezadas en cuestiones de parir y críar hijos, recibió a una niña, que -según le contaron días después- era roja como un camarón, pelona como una rodilla y redonda como una albóndiga...ah, eso sí..."pre-cio-sa" (...)


Manos ancianas y amorosas arroparon a la criatura, mientras María luchaba por terminar el heróico trabajo de arrancar de su cuerpo los restos del ser que había cobijado y alimentado con su sangre durante 9 meses. Las consecuencias de la falta de atención, y el retraso al nacer de su hija, ahora se revelaban, la placenta, parte del cordón umbilical y el tejido adyacente, se encontraban completamente secos y pegados de tal manera a su útero, que al tratar de retirarlos le habían provocado una hemorragia que no paraba. Así, sin mirar a su hija, María fue trasladada por fin, en ambulancia y en calidad de "muy grave" a un hospital para salvar su vida.


María y su hija estuvieron separadas por 4 días, tiempo en que ella permaneció en un hospital sufriendo un legrado, y reponiendose de la pérdida brutal de sangre y la inminente infección post-parto. Pero he aquí que las historias de la vida real, a veces tienen también sus finales felices, y María regresó a su casa, débil, demacrada, dolorida, pero con una pregunta que soltó al entrar en su casa: "¿y mi hija...?" y así, pasada esa indeseada y angustiante separación, por fin tomó de los brazos de su madre a la niña que también, por fin, después de todo pudo reconocer el rostro amoroso de la mujer que sin reservas y con total entrega la había amado al punto de arriesgar su vida y que hasta la fecha, lo sigue haciendo.


Por cierto, cuando María emocionada y llorosa acariciaba la cara y recorría con sus manos el cuerpecillo regordete y suave de su hija, escuchó la voz de su suegra: "pensé que no viviría sin su madre..., asi que el mismo día que nació, por la noche, la llevé a la iglesia y la bautizamos..., sólo estabamos el padre y yo, asi que fui su madrina..., escogí el nombre de acuerdo al santo del día, se llama: Lucía." y María, escuchando a medias el discurso de una de las "mujeres mayores" le decía a su hija: Lucía...mi lucía..."*


Hoy, 19 de febrero, hace 43 años de todo aquello...gracias María.., gracias Alejandro. Gracias Mamá y Papá por recibirme como hija.


* Extractos de relatos, cuentos y consejas escuchados de las directamente involucradas puesto que yo era muy pequeña para recordarlo.



Luz, 2008.

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