domingo, 25 de agosto de 2013

CUIDADO..., NO TE QUEMES...








Me acuerdo de los tacos de frijoles que nos daba mi abuela.
Tortillas recalentadas, con sus orillas negras y rojizas al requemarse en la hornilla. Frijoles humeantes, que hervían en la olla de barro, panzona y requemada, sobre el brasero.
Me acuerdo que no se podían comer, había que soplar sobre el prolijo rollo de maíz relleno de negros granos.

Era ese un olor bueno, de hogar, un olor que relacionaba con la figura medio encorvada de mi abuela, con su cara tan llena de arrugas (ahora sé, que era porque siempre tenía sonrisas para nosotros, por eso su cara era esa arruga constante, cierta, acogedora...)
Me acuerdo de las manos arrugadas de mi abuela, formando el taco, colocándolo en las manos ansiosas. Su sonrisa plácida. Y su voz: "sóplale, está caliente..."

No volví a comer un taco de frijoles que supiera igual;  y pasado casi medio siglo, hoy, al recordar, puedo oler de nuevo aquella tortilla recalentada, puedo sentir el humeante vapor desprendiéndose de ese humilde alimento y con el corazón latiendo con más fuerza, escucho la tranquila voz de mi abuela: "cuidado.., no te quemes.."

luz, 2013

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