lunes, 27 de julio de 2009

ANIMALES DE COSTUMBRES.






"El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra"
dicho popular.


Bueno, pues no sólo dos veces.., tres, cuatro.., todas las que hagan falta e inclusive hay quienes no dejamos de tropezar hasta que, en un tropezón de esos ya no haya manera de levantarse.
Díganlo si no, por ejemplo, aquellos que están encadenados a una adicción -cualesquiera que sea- y que no hallan la manera de liberarse. Una y otra vez se ven enfrentados a su debilidad y cuando menos lo piensan, lo quieren o lo esperan se encuentran conque ya están de nuevo, y hasta el cuello, dentro del laberinto del que apenas habían vislumbrado la salida.
Alguien dirá que no es más que falta de "voluntad", baja autoestima, factores multicausales que involucren lo mismo situaciones propias y ajenas del individuo.

Palabras...

¿Quién puede penetrar en los pasillos (sombríos las más de las veces) del alma humana? ¿quién podría decir que conoce el mecanismo que detona emociones, sentimientos, patrones de conducta de cada cual.., y que, conociéndolo asi puede entenderlo, o modificarlo?
Lo más importante, ¿quién tiene en su mano el canon o la regla que determine lo "bueno" y lo "malo" en forma absoluta e incuestionable, y por ende pueda dictaminar que cosa si, y cual no, procede para juzgar una conducta?
Debe haberlos sin duda. Investigadores del pensamiento, filósofos, psicoanalistas, profesionales de salud, científicos..., una legión de cerebros preclaros intentando develar el camino y método para entender el porque somos nuestros más fieros predadores y muchas veces no necesitamos más que nuestro propio concurso para aniquilarnos.
Los hay, pero hasta la fecha no creo que lo hayan conseguido (si descartamos el muy aséptico mecanismo de la lobotomía, en donde se reduce al individuo a un feliz estado de catatonia que lo acerca más a un rábano caminante que a otra cosa..) y tampoco creo que lleguen a entenderlo del todo.
Hay en el ¿insensato? afán de la autodestrucción, quizá también un cierto grado de orgullo y soberbia poco apreciado que nos hace creer (o estar seguros) que la siguiente vez que enfilemos derecho al precipicio, en esa ocasión, y sólo en esa, remontaremos los aires con nuestras poderosas alas (por más que sean de cera y se derritan al sol) y no acabaremos de nuevo, precipitados sobre la dura realidad en forma de un frentazo contra el suelo.
Esperanza debía de ser otro nombre para nombrar la terquedad, tal vez.

luz, 2009

1 comentario:

  1. por algo dice la canción que las costumbre es mas fuerte que el amor...no crees 8-)

    jajaja:P

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