jueves, 23 de julio de 2009

OBITUARIO.






Obituario.


Obituario.-(De óbito).(*)
1. m. Libro parroquial en que se anotan las partidas de defunción y de entierro.
2. m. Registro de las fundaciones de aniversario de óbitos.
3. m. necrología.
4. m. Sección necrológica de un periódico.





Solía revisar los obituarios del diario...

Generalmente patrocinados por una casa funeraria de postín, en donde además se ofrecían paquetes y servicios como si de unas placenteras vacaciones en un moderno centro recreativo se tratara.
Pero me gustaba leer los nombres y las edades de las personas que se aprestaban a gozar de los atractivos paquetes, envueltos en sus brillantes galas de satín y convenientemente empacados en sus estuches de maderas y metales.
Ahí podía leerse: "Sra. fulanita de tal, 68 años, será inhumada en fecha tal...", "sr. perengano, 54 años, sus restos serán cremados en tal lugar y fecha tal..", joven, niño, sr., sra.
Los que le llamaban la atención eran aquellos que rezaban: "srita. hermenegilda truécano, 72 años..será inhumada, etc..." Sonreía, empezaba a imaginar como sería la "señorita" de 72 años.., ¿una monja acaso?, ¿una solterona que por fin había dejado de ser una parienta incómoda? En todo caso, lo que mejor me parecía era imaginar a una mujer que, habiendo vivido todo lo que había podido, incluyendo el sano goce de su cuerpo, murió al fin sin casarse (por lo menos no oficialmente) y asi había venido a ser "señorita" en su aviso mortuorio.
Supongo que algo parecido debía funcionar para los hombres, sólo que a estos.., por más que estuvieran en el mismo caso, jamás leí que los "anunciaran" como "señoritos" de edad avanzada.

Después venían las esquelas. Aquellos anuncios a cuarto de página los más pomposos, y en un recuadro modesto los menos. Ahí podía leer las alabanzas al difunto y, como decía una canción popular "cuando vivía el infeliz, ya que se muera..y hoy que ya está en el veliz, que bueno era.."
Si, esa era la pura verdad en donde hubiera: la muerte tenía la peculiaridad de volver en santo al peor ser humano. No importaba mucho su vida de disipación o villanía, estando "del otro lado" alcanzaba cierto aire de pureza inmaculada que
nadie tenía la osadía de turbar con un mal recuerdo o un comentario inoportuno.
Asi, las esquelas hablaban de: "amantísimo esposo", "padre ejemplar", "madre abnegada", "abuela queridísima", "ser humano entrañable.." y también no se olvidaban de señalar que madres, padres, tíos, nietos, bisnietos y hasta el perico, no los olvidarían y su recuerdo sería perenne en los corazones que quedaban ahora huérfanos del susodicho difunto.

Y entonces empezaba a elaborar sus historias: el amantísimo esposo.., ¿como moriría?
las edades me daban una cierta pista de donde partir, cuando eran avanzadas podía pensar que enfermedades habían ganado al fin la batalla al deterioro natural del organismo.
Si eran de mediana edad, ya podía imaginar truculentas historias de accidentes, imponderables, eventos desafortunados que acabaron con la vida en plenitud que asi se despedía del cruel mundo.
Con los niños no había mucho que hacer, de todos modos.., ¿que historia podía contar un recién nacido..? un infante que apenas levantaba su cuerpecillo frágil sobre el piso y que entonces había tenido la buena o mala fortuna de abandonar su puesto.
Y además, aún conservaba un pequeño punto de respeto por las criaturas, y quizá debido a ello me contenía de envolverlos en argumentos de tragicomedia y dolor.
Si, por lo menos eso me quedaba, una pizca de consideración para aquellos cuerpecitos a medio desarrollar que aún en esa circunstancia habían tenido el buen tino (o la mala fortuna, según se mire) de abandonar este plano infame.
Por lo demás, tenía de sobra para elucubrar e inventar historias sin necesidad de esgrimir mis espadas de ironía y mordacidad contra los infantes.

Por fin un día encontré el nombre que (sin admitirlo) había estado buscando todo ese tiempo.
Y tuve entonces la oportunidad de oro para dejar salir toda mi imaginación morbosa y desbordada sobre lo único que quedaba de aquel singular personaje.
Lo único que quedaba.
Un nombre a medias perdido en una lista de difuntos.
Ni siquiera el consabido adjetivo: "sra., srita."
Y entonces, después de tantas historias imaginadas, después de tantas carcajadas a medias reprimidas o punzantes comentarios que corroían más que el ácido..., me quedé sin palabras.
Todas las frases ingeniosas se quedaron hechas nudo en mi garganta. En su lugar, una sola lágrima, una sola, resbaló lentamente por mi cara mientras con mi dedo repasaba una y otra vez las letras de mi nombre en el obituario.


luz, 2009


(*)Real Academia Española © Todos los derechos reservados

1 comentario:

  1. Al final de todo quedara aquello que deseamos que no sea olvido…la memoria nos juega malas pasadas o nosotros a ella y las palabras escritas serán el remanente palpable de nuestros ayeres.

    Olvidamos que los actos unipersonales no formar parte del banquete ni , tan siquiera , del orgullo…somos victimas de los recuerdos que generados y de aquellas acciones que los demás hacen paja en nuestros ojos sin ver la viga en los suyos.

    Somos el egoísmo de la multitud que trata de ser coto de caza para nuestras promesas y acusamos con adjetivos impersonales barriendo hacia los demas…pero :

    ¿para que amordazarnos?

    Vivimos aquel segmento del camino que haremos , al lado de otros:

    desierto , páramo , remanso…oasis.

    Depende de tantas cosas ser poco mas que un movimiento candente o un recuerdo innegable.

    Somos un ahora con pasado cuyo futuro depende/pende de tantas circunstancias que merece la pena compartir nuestro hoy aunque los demás se empeñen en hacernos diana de slas distancias…de los silencios…somos culpables porque alguien nos juzga sin darse cuenta de que las culpas son patrimonio hasta de los dioses y que la razón es una pelota que esta en el tejado de..¿de?..

    Conjugar verbos , aun cuando sean asimétricos , es solo un efecto mas de la vida.

    Ethan

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