jueves, 24 de enero de 2008

LA AGONIA.






Mi amante eterno, el amor que llena mis días toca mis manos, el sólo contacto de sus yemas tibias rozando mis dedos me hace estremecer y recordar días más felices.




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Recostada en su pecho, jugueteando con el vello oscuro que le cubre vuelvo a la misma historia de siempre, el habernos conocido, el primer momento, lo extraño que fue aquello...y al igual que siempre, la sonrisa en su rostro, sus dedos jugueteando y cubriendo mis labios, su boca húmeda y ansiosa que se acerca, "shtt..." murmura a medias mientras los besos se hacen interminables y los recuerdos se olvidan porque sólo existe este ahora y aquí de nuestros cuerpos perdiéndose uno en el otro y la realidad de nuestro amor.


Mucho tiempo después, o quizá en el siguiente segundo, vuelvo a mirar el cuerpo cálido y vigoroso que respira acompasadamente en un sueño plácido de deseo satisfecho, yo no duermo, recorro su cuerpo con mis dedos, lo miro con ansia, con voracidad, quizá desde entonces sentía la angustia de perderlo.




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El viento es más frío ahora, lo noto porque veo a mi alrededor como se ensombrece la tarde, los árboles se agitan y, aunque no me dice nada, mi amor se estremece y me mira con sus ojazos desvalidos y líquidos. Pero aún así permanece a mi lado, sin soltar mi mano que también, supongo, debe estar fría y tensa. Una de las enfermeras, esos seres a veces compasivos y a veces crueles (¿será por eso que les llaman ángeles?) se acerca y le indica que es la hora. Yo creo que él lo sabe, pero no quiere decirmelo. Yo también lo sé, lo noté en el viento, en la oscuridad de la tarde que avanza, en sus ojos.


Yo quiero aferrar su mano, quiero rogarle que se quede, que permanezca conmigo y me libre de ese frío que no es de afuera, quiero que no se vaya porque con él se va la vida y el calor...




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Estoy abrumada, no puede ser que cada día me encuentre más distraída, que las cosas más simples de repente me parezcan indescifrables. No acierto a comprender a que se debe, esta fatiga repentina, el dolor, el cambio de humor. Hoy por ejemplo, acabó en una discusión estúpida un simple comentario de mi parte, y él salió enfadado, lo sé. Lo peor de todo es que ahora que lo pienso, creo que esto ya tiene tiempo. Me siento fatal, quisiera dejar de ir al trabajo pero sé que no puedo...(ahora mismo no recuerdo qué, pero estoy segura que tengo algo muy importante que atender hoy...¡no puede ser! ¿es que no recuerdo siquiera mi agenda de este día?)


Veré lo del malestar más tarde, ahora sólo sé que tengo que ir a trabajar, y después arreglar como se pueda el asunto con mi amor. El es una de las bases de mi vida, menos mal, eso lo tengo bien claro.




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Ahora estoy en la cama, la enfermera fue buena el día de hoy, se limitó a cambiar mis ropas que, nuevamente, estaban húmedas de mi saliva y creo que también tuve alguna fuga de orina en el pañal que ahora uso, como los bebés. Ya seca y limpia, me dejó acostada y cubierta con las mantas gruesas, luego se fue. Le agradezco, es mucho peor cuando maldicen y me llaman con todos los adjetivos posibles para hacerme ver lo molesto que es cambiar un pañal o limpiar mi suciedad. En esta habitación no hay ventanas, la luz de las lámparas está encendida día y noche, así que me mantengo despierta mucho tiempo, asi es como no me olvido de algunas cosas, como cuando las noches eran solo unos cortos intervalos de cerrar los ojos y al siguiente momento abrirlos de nuevo a todo aquello que iluminaba mis días.

Los más insignificantes detalles ahora se me escapan, a veces ni siquiera sé cómo y cuando llegué a este lugar y si he estado aquí un día, dos..o toda mi vida.

Hace unos días recibí un fuerte regaño porque dicen que intenté suicidarme ¡vaya idea ridícula! yo no quería hacerme daño solamente no me di cuenta cuanto tiempo llevaba frotando mis manos y dicen que me desollé la piel, dicen que quería desangrarme. Pero no, yo solo me frotaba las manos que tengo siempre tan frías, ateridas, "me duelen por el frío", les dije. Después ya no dije más, tal vez tengan razón, tal vez si quería acabar con esta espera. Porque yo sé que algo estoy esperando, pero no sé...y además, yo nunca he sido paciente.


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De pie frente a la entrada en casa de mis padres llevo ya un rato pensando que decir. No pensé en otro lugar adonde ir, o más bien, no pensé en nada y cuando me di cuenta estaba frente a esta puerta. Y ahora aquí, no me decido a entrar. Mi madre es aprensiva, todo amor y comprensión pero siempre preocupada y en sus palabras bienintencionadas siempre se puede intuir su angustia. ¿Será que debo irme? ¿será que tengo que demostrar, también en esto, que soy independiente, autosuficiente?

Y sin embargo sigo aquí, sin decidirme a entrar, o dar media vuelta y buscar otro refugio. Sonrío porque en la práctica estoy acostumbrada a observar a los animales: hasta ellos buscan regresar a los parajes conocidos cuando están heridos. Es el instinto, por eso vine aquí, por eso estoy de pie frente a esta puerta y lo único que me detiene es no saber como decirle a los míos que estoy condenada. Cómo pedirles que me ayuden a aceptar que el tiempo que me tocó de vida está por agotarse.


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Hoy no pude estar con mi amor, lo sabía desde que sentí como pasaba el tiempo más lento que de costumbre y yo seguía anclada en esta cama. Ni enfermeras, ni ruidos en los pasillos y hasta la luz siempre encendida y brillante de las lámparas parecía más brumosa que de costumbre. Pensé que tal vez se habían olvidado de mí y lamenté que no vinieran porque seguramente me iban a encontrar sucia y maloliente y eso me acarrearía regaños y malos tratos. Quise palpar mis ropas, pero esta vez el cansancio era tan grande que ni siquiera pude mover mis manos. Agradecí, como siempre lo hago, que los dolores fueran siempre tan soportables. Mi madre -pobrecilla- siempre dice a todo mundo que soy valiente, pero no, yo le he dicho muchas veces que no es que sea valiente, es que en realidad no siento mayor dolor. Y hoy, precisamente hoy, por el contrario, mi cuerpo lo sentí ligero y laxo, completamente relajado y quizá fue eso (y no el cansancio) lo que no me dejó moverme. A decir verdad, me siento tan bien, hasta me acuerdo de tantas cosas que había olvidado. Muchos recuerdos vienen a mí y me hacen sonreír, son todos recuerdos felices. Y entre todos, el rostro de mi amor se distingue una y otra vez. Cuantos buenos momentos disfrutamos, cuanto amor, comprensión, cuanta complicidad y amistad entre nosotros. Por eso hoy me lamento no haber podido verlo. Yo sé que no lo veré y eso me duele, pero, quien sabe...me siento tan bien, estan regresando mis recuerdos, mi cuerpo es un jirón de nube ligero y vaporoso en un cielo azul y soleado. Quien sabe, los milagros ocurren, y pudiera ser que ocurriera el milagro de que sanara.


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"Estuve a verla por la mañana y su respiración ya era muy débil, por eso les avisamos tomando en cuenta que probablemente no llegaría a la hora de la visita habitual. No, no creo que haya sufrido en realidad, los medicamentos que se le administraban la mantenían regularmente drogada y tal vez ni siquiera se dió cuenta de su propio deterioro. De hecho, fue muy corto el tiempo en que cesaron por fin sus funciones vitales. Permanecí con ella y puedo decirles que inclusive conservó todo el tiempo una sonrisa. Si la ven ahora, se darán cuenta que presenta un aspecto de tranquilidad.

Por mi parte es todo, la enfermera les acompañará adonde pueden arreglar los trámites para que se les entregue el cuerpo y por ahora pueden permanecer con ella unos momentos. "

El matrimonio escucha las palabras del médico, asienten, agradecen, se dirigen a la habitación que tantas veces visitaron, en donde la hija permaneció durante el tiempo que duró su agobiante enfermedad hasta ese momento. La madre acaricia el rostro envejecido, las manos esqueléticas y ajadas por todos los pinchazos que recibieron para mantenerla con vida y sin dolor. Mira la blanca sábana que cubre lo que queda de un cuerpo que un día, no hace mucho, caminaba lleno de vida por las calles. Y mientras pasa su mano temblorosa por el cráneo limpio como el de un bebé se dirige al esposo:

-¿Sabes que me duele?

-¿Qué cosa?

-El pensar que todo este tiempo, desde que supo de su enfermedad y llego aquí, siempre guardó la esperanza de que ese hombre a quién tanto amó, recapacitara y volviera a buscarla. Yo creo que murió con esa esperanza.


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Luz, 2008




1 comentario:

  1. Hola Luz...espero que conserves in tacta siempre tu capacidad para escribir...creo que tienes en tus manos un don maravilloso...del que muy poco gozamos.Seguire al tanto de tus "escrituras"...me gusta leerte...un admirador anonimo.

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