
"Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.."
El 7 de Enero de este año (2008) se cumplieron 22 años de la muerte de Juan Rulfo (1917-1986).
Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, conocido simplemente como Juan Rulfo, sólo necesito una novela: Pedro Páramo, y una colección de cuentos: El llano en llamas para pasar al escalón en donde se hallan los más grandes exponentes de la literatura universal.
Pedro Páramo es una novela corta en realidad, pero al igual que su creador, no necesito más para convertirse en un modelo que dificilmente podría ser igualado tanto en su estructura formal como en su contenido de fondo.
¿Qué es lo que distingue a un producto literario universal de un relato cualquiera? yo pienso que es aquello que sin importar nacionalidad o circunstancia particular de cualquier persona, toca aquellas fibras que alcanzan a cualquiera en tanto ser humano y le permiten reconocer e identificarse con lo que está leyendo de tal manera que trasciende género, raza, cultura particular o idioma.
Juan Rulfo está inscrito en una corriente que se ha conocido como realismo mágico (término que procuro evitar) y que tiene otros exponentes latinoamericanos como García Márquez y alguien que es grande en su creación de cuentos: Horacio Quiroga.
Los cuentos de Rulfo, y la feliz manera que tuvo para reunirlos o encadenarlos en esa obra maestra que es Pedro Páramo, tienen ese ingrediente de universalidad al retratar caracteres siempre presentes en cualquier comunidad del mundo. Un pueblo con sus diferentes estereotipos, sólo diferenciados por la circunstancia territorial, cultural e histórica de su contexto.
Y Rulfo tiene el acierto de ser fiel a los acontecimientos tal cual los vive, los recuerda o le han llegado de sus raíces. El realismo mágico tan llevado y traído, aquí no viene a ser más que un recuento puntual de ese sincretismo cultural que deviene de raíces propias, conectadas con el primitivo culto y temor a los fénomenos naturales (el bagaje prehispanico), del sometimiento bárbaro por una ideología ajena que barrió en lo exterior con usos y costumbres imponiendo un dogma no menos primitivo pero que no logró arrancar del espirìtu de los sojuzgados esos atavismos naturales (la colonia), y de una modernidad incipiente que empieza -como antaño- con una rebelión y rechazo a las doctrinas religiosas y el ideal de abolir injusticias y desigualdades (la revolución y el movimiento cristero).
Cada uno de los personajes en los cuentos de Rulfo, provienen de alguna de estas fuentes o son combinaciones de las mismas, creo que ahí reside su éxito. No es solamente que los mexicanos, como parte de ese mosaico, que lo somos, tengamos tan claro el rol que cada personaje juega, es también que, como seres humanos, ahí encontramos también esos sentimientos profundos y enquistados en el subconciente que nos recuerdan nuestros miedos, anhelos, preguntas, alegrías, frustaciones o aspiraciones.
Personajes límites, con esos rasgos de personalidad llevados al extremo en los que nos reflejamos y ante los que no podemos quedar impávidos. El miedo a la muerte, nada de que el mexicano se ríe de la muerte, en general el ser humano mantiene el primitivo instinto de supervivencia y trata por todos los medios de evitar el inexorable momento ("Diles que no me maten") , y solamente en estados alterados de conciencia, locura, enfermedad, narcosis, se desafía el instinto y se pierde aquel miedo (Susana San Juan, una mujer que no era de este mundo, Pedro Páramo, un rencor vivo...)
Cuando se leen los cuentos de Rulfo, algo de los relatos de los abuelos se vienen enseguida a la mente, las consejas escuchadas de niños (perdón, estoy hablando de aquellos que tenemos la suerte de contar con más de tres décadas y aún tuvimos oportunidad inclusive, de tener abuelos) supersticiones y relatos que conforme la modernidad nos aplasta negamos con total convicción pero que siguen ahí, encerrados en lo más profundo de nuestra conciencia y que reconocemos al punto cuando se toca aquella fibra. Y todo ello, repito, no son exclusivos de una sociedad, sino de la humanidad en general. En cualquier pueblo de Europa, Africa, Asia y aún los lejanos confines antárticos, hay las expresiones de aquellas leyendas, creencias, tradiciones, usos y costumbres que nos impactan porque de alguna manera las sentimos tan familiares y cercanas como si no hubieran distancias (en tiempo, geografìa y cultura) que nos vuelven antípodas. Y cuando un escritor toca esos puntos neurálgicos del interior del ser humano, es cuando puede contarse entre los grandes autores universales.
En fin, que sin ser especialista (ni de lejos), crítica (dios me libre), escritora (jajaja), quede aquí mi pequeño y personal homenaje a un autor que entre tantos y tantos grandes escritores de todos los tiempos, estará siempre -por lo menos para mí- en los primeros lugares del genio.
Luz, 2008.
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