
Ella esperaba a la pareja perfecta, no solamente aquella persona que fuera afín o compatible en muchos de sus gustos y disgustos, no.., ella quería lo que se llamaba "la pareja ideal" "el alma gemela" o más chabacanamente -si lo anterior no era suficiente- "la media naranja". Y también sabía, porque era algo natural y lógico, que llegaría de manera casual y cuando menos lo esperara.., en cualquier lugar, en cualquier momento, sin necesidad de búsquedas o intentos. Sólo era cuestión de paciencia, oportunidad y mantener la atención sobre los más pequeños detalles o situaciones que le indicaran si por fin lo había encontrado.
Él sobrevivía entre los vericuetos de su existencia, sin mucho pensar en porvenires venturosos o románticas lunas de miel. Si alguna vez, entre las pláticas generosamente regadas de cerveza entre los amigos, alguien hablaba de la mujer "ideal" o de una relación romántica y sólida él era el primero en salir con el comentario más mordaz, con el chiste más soez -que por supuesto era sonoramente festejado-, sus encuentros "amorosos" no pasaban de algún encuentro sexual con la joven de turno sin ningún tipo de pensamiento posterior ni sentimiento que le recordara algo más que si el sexo había sido bueno o no.
Así fue como un día se encontraron..., tal como ella había pensado, en el lugar menos esperado, en el momento menos imaginado, en la situación menos favorecedora. Entre un montón de personas anodinas, extrañas, hostiles...mientras ella se esforzaba por contener la ansiedad que le provocaba el estar en un lugar desconocido y estridente, buscando distraída con la mirada a alguien y a nadie en particular. Y él entre un grupo de hombres escandalosos y fanfarrones también recorría el lugar con la vista en la búsqueda de la chica de turno con quién acabar la noche quizás. Y ahí fue que se vieron por primera, y segunda y tercera o cuarta vez..., él pensó "que mujer tan aburrida y pesada" y enseguida desviaba con desdén la mirada..y ella "pero que tipo tan patán y vulgar" y con una mueca de desagrado volvía la cabeza a otro lado.
Pero las cosas no suelen resultar como se planean, o en otras palabras, a veces las cosas menos planeadas son las que resultan mejor, o.... en fin que pasado el tiempo, las ocasiones del encuentro volvieron a presentarse. Frecuentando lugares comunes, no resultó nada extraño que se vieran alguna otra vez, y así, ella reconoció la voz gruesa y la risa estridente y de mal gusto que le molestó en una ocasión. El, a su vez, acabó por volver la vista ante la mirada dura y reprobatoria de aquella mujer que parecía en verdad el ejemplo de la severidad y el aburrimiento. Sólo que para la segunda, tercera, y siguientes ocasiones ella acabó por aceptar que el hombre por lo menos tenía una actitud simpática..., y mirándolo bien, no tenía mal tipo. Por cierto que ella, que era tan "estirada" y antipática, tenía una linda sonrisa cuando dejaba por un momento el gesto adusto, y cuando eso sucedía.., cuando se descuidaba lo suficiente para relajar el ceño y mostrar la sonrisa de su cara...se veía realmente hermosa.., en eso pensaba él cuando la volvió a ver pasar por la acera frente al taller donde trabajaba.
Y así, un día se percataron de que ambos pensaban uno en el otro, de manera que no lo hubieran imaginado. Él conversaba cada vez menos con sus amigos, porque se dió cuenta que muy frecuentemente el tema de ella y lo bonita que era salía a relucir de parte suya y temía (no sin razón) que asi como un día el mismo había hecho burla de sus amigos alabando las bondades y ternezas de sus compañeras, ahora le tocaría a él mismo. Prefería entonces permanecer callado y sonriendo apenas, no tanto por lo que se conversaba, sino por el recuerdo de una sonrisa y una mirada llena de luz que había apenas vislumbrado.
Y ella, cuando vino a darse cuenta, había hecho una nueva ruta al trabajo, y a la casa, y a cualquier parte, y esa ruta, curiosa e inexplicablemente, la llevaba siempre cerca o frente al lugar de trabajo de él. Cuando pensaba en eso, se decía que en realidad no había un motivo real para ese cambio de hábitos en sus caminatas, o bien, había muchos motivos, pero siendo honesta consigo misma, el único motivo concreto era la oportunidad de encontrarse nuevamente con él. A veces, imaginaba cual sería el escenario perfecto para que, "casualmente", pudiera entablar algún tipo de plática casual, y que no pareciera que verdaderamente estaba interesada en él -que por supuesto, NO lo estaba- era sólo que le había parecido simpático y quizás sería agradable conversar un rato con alguien asi. En todo caso, sería con fines didácticos y científicos que haría el intento...todos sus escenarios la llevaban a este pensamiento final lo que siempre la hacía reír con todas sus ganas, debido a eso era que ahora sus conocidos la encontraban más feliz y risueña que de costumbre.
Y pasaban los días uno tras otro, ambos vivían el mejor romance de sus vidas en sus fantasías nocturnas y diurnas, con el objeto de su sublime deseo, siempre a un paso, a un "hola" o la distancia de un brazo que se estira y toca una mano, la estrecha, la acerca ...Sonrisas disfrazadas, miradas elocuentes pero furtivas...y siempre esperando el momento adecuado, la forma más idónea de acercarse. Volvieron a encontrarse en alguna reunión, en esquinas contrarias de un recinto, mirándose con disimulo y comparándose el uno al otro con todos los presentes: "nadie tiene su mirada...es mágica", "nadie es tan guapo, ni atractivo", "es la más dulce y brillante de todas", "es el más varonil e inteligente en este lugar", y sin tocarse, dando vueltas uno en brazos de otro al compás de la música extasiados ante la promesa de un amor especial..., de una pareja ideal.Y un día él se fue..., la rutina fue la misma de siempre. No fue tampoco un día particularmente especial, simplemente ese día él ya no estaba en donde acostumbraba.
Al principio, ella pensó que no era nada, no lo había visto en ese momento...bien, ya sería más tarde. No era la primera vez, un día ella había enfermado. Por dos días tuvo que permanecer en casa y cuando fastidiada se asomó por la ventana, sudorosa por la fiebre y con la nostalgia de no haber visto a su "amor" lo encontró de pie al otro lado de la acera, con un grupo de amigos pero mirando fijamente hacia su ventana. Cuando ella asomó, se dió cuenta de la sonrisa que le dirigió antes de que se fueran todos juntos.
Ella pensó que igual sería, que no pasarían más de dos días sin que volviera a aparecer. Sintió la ausencia, el pequeño dolor que empezaba en la boca del estómago y subía por su pecho y que era la señal de que le faltaba.., pero procuró no darle importancia, se dijo a sí misma que al día siguiente.., o al otro, las cosas volverían a ser igual. El era por eso, su pareja ideal. Lo seguiría siendo, estuviera..o no.Por eso, cuando los años pasaron y alguien por ahí le preguntaba acerca del porque de vivir sola, de no tener un compañero, alguien para compartir sus días, ella decía siempre: ya lo tuve, ya tuve un día...a mi pareja ideal. Y tenía la idea, casi la seguridad, de que en donde estuviera...él también diría lo mismo, si alguien le hubiera preguntado.
Luz, 2007
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