sábado, 22 de septiembre de 2007

UN ABRAZO.










¿Qué poder especial tiene el contacto físico entre los seres humanos?...aún más ..entre varias especies animales también. Experimentos con chimpancés demuestran que los individuos que son retirados de su madre y sus semejantes y criados en un ambiente en donde sólo ellos se encuentran, crecen y desarrollan conductas enfermizas que se identifican como stress, neurosis, depresión, agresividad...los científicos explican que ello se debe básicamente a la falta del contacto físico entre la madre y el bebé primero..y luego entre los miembros de su familia. Es decir, son necesarios para el sano desarrollo psico-social el que los individuos tengan la posibilidad de dar y recibir abrazos, caricias, en fin lo que se puede llamar contacto que implique atención, afecto, reconocimiento y aceptación.






Si esto es en estos primates, ¿que no será entre los seres humanos? las conductas de los individuos respecto al entorno en el que se desarrollan son diversas, influyen en ellas factores múltiples que van desde la herencia genética hasta impactos mediáticos exteriores; no obstante el factor emocional que proviene del reconocimiento, la aceptación y la convivencia con el círculo afectivo cercano parece ser un factor relativamente común a todos los individuos.




Tal vez sea por eso que la mayoría de los seres humanos reaccionamos casi de igual manera ante la posibilidad de una caricia, de un abrazo, de un beso..., ese momento de contacto físico, más allá de las implicaciones emocionales parece ser o tener una especie de magia o encanto que no solo resulta en la mayoría de los casos placentero, sino también necesario. Es casi imposible imaginar cualquier tipo de relación interpersonal sin la presencia de algún tipo de contacto.., desde el apretón de manos en un saludo, una palmada en la espalda, brazos sobre los hombros, caricias..., se dice inclusive, que son más elocuentes que un discurso cuando se tiene necesidad de consuelo, compañía, o también cuando se festeja y hay la necesidad de compartir alegrías o triunfos.




Compartir..., tomar algo nuestro y darlo a otro, en este caso, al otorgar una caricia estamos tomando parte de nuestra persona, de lo que tenemos como intimidad porque, es cierto también, que nuestro cuerpo físico es lo único que realmente "poseemos" en cierto modo, y el hecho de que conciente y voluntariamente decidamos ponerlo a disposición de otro es un acto de generosidad, tal vez muy sencillo, pero no por eso menos importante o significativo.




Es cierto, un abrazo no resuelve una crisis emocional, una caricia no te ahorra los sufrimientos de una enfermedad, un beso no evita que tengas que asumir las consecuencias de desiciones equivocadas, ni el tener la mano de alguien entre las tuyas te hace más corto y amable un camino lleno de piedras y tropiezos...no, y sin embargo...pienso ¿cómo podría sobrellevar todo ello sin ese maravilloso auxilio? y también, cómo podría ser una dicha o un logro, completamente satisfactorio si no hubiera alguien a quién compartirlo mientras lo estrechas en tus brazos...?




Luz, 2007




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