martes, 18 de septiembre de 2007

COINCIDENCIAS.






Sucede que a veces uno se encuentra, sin mayor búsqueda o propósito específico, con situaciones, lugares y personas que son -en su descubrimiento- una fuente constante de sorpresa...agradable sorpresa.
Y lo más significativo de todo ello es que suceden de manera espontánea.., son pequeños grandes "milagros" de los que ocurren constantemente y que tal vez, por su cotidianidad, por su sencillez pasan inadvertidos las más de las veces. Felizmente, en ocasiones tenemos el don, la sensibilidad, ¿la suerte? de verlos clara y llanamente y es entonces cuando algo en el corazón se mueve y de alguna manera sabemos que estamos ante un instante de revelación a la que tal vez muchos atribuirían el calificativo de "prodigio"
¿Cómo se pueden explicar estos acontecimientos?, ¿de qué manera se podrían clasificar, cuantificar, valorar...? dudo mucho que hubiera manera, porque se refieren a un instante personal..estrictamente personal en el que la sensibilidad individual es tocada, marcada, conmovida... y de acuerdo a ello es que se reacciona...o no. Se es feliz inmensamente...o no, se ve todo de una manera distinta....o no.
Puede que duren un segundo, una hora, toda una vida, pero ahí quedaran y serán como dijo Victor Hugo (me parece..) un recuerdo puro que alimente por siempre nuestras almas.

Completamente inesperadas (aunque algo tengan que alegar los teóricos del caos o filósofos de la causalidad), estas epifanías son las que acaban por dejar huella perenne en nuestras vidas. Recuerdos a los que habremos de regresar una y otra vez y fuentes de donde -no pocas veces- sacaremos no sólo agua vivificante sino alimento del alma para continuar el trayecto.

Nos sentaremos nuevamente en la orilla del camino y volverán a nosotros los gestos, las palabras, las remembranzas que nos hagan sonreír, ¡que mejor que sonreír!, y resolver que siempre hay oportunidades, amaneceres y fuerzas -de donde parecen exhaustas- para retomar el rumbo y continuar el viaje.

Y tal vez, en algún lugar y momento de ese mismo camino, alguien también se detenga un minuto en su andar y al evocar nuestra compañía, nuestras palabras, nuestros gestos, risas o silencios, sonría a su vez y piense que vale la pena seguir adelante y aguardar con el corazón expectante la buena nueva que nos traerá cada siguiente paso.


Por todo ello, gracias -a quién haya que darlas- por el feliz momento de coincidir contigo...
P.D. .....pour toi...


Luz, 2007


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