sábado, 25 de agosto de 2007

PEROGRULLO...





Querer alcanzar la comprensión de cómo o porqué piensan y/o actúan de una u otra forma los seres humanos es tanto como tratar de explicar la composición del universo partiendo sólo de observar el cielo (tarea que quizá no sea imposible, pero me da la corazonada que es poquito menos que eso)



Dicen que los instintos básicos: respirar, comer, reproducirse se encuentran asentados en la función del hipotálamo, la raíz de la vida en su modo más simple. Pero el hombre pasó de ser un animal de instintos básicos a ser un ente pensante (o al menos eso dicen), entonces el cerebro creció alrededor de esa raíz madre y desarrolló otras capacidades.



Así, no sólo fue ya el simple animal que respiraba, comía, y se reproducía. Entraron en juego otras funciones que involucraban menos el "actuar" y más el "pensar". El razonamiento -dicen- se volvió pilar de la evolución humana.




Y sin lugar a dudas no podemos negar tan evidente realidad, volteamos a mirar (por encima del hombro, claro, faltaba más..!) a los que parecen ser los representantes vivos más cercanos a lo que pudo ser nuestro origen, a saber: chimpánces, gorilas, orangutanes y a pesar de las similitudes nos sentimos tan lejanos a ellos (y en general a cualquier otro mamífero o animal que -aunque inteligente- no comparte nuestro evidente desarrollo intelectual) que nos refuerzan en la idea de la superioridad del hombre en relación a cualquier otra forma de vida en este nuestro pequeño mundo.




¿Y entonces?, porqué -me pregunto- cada vez la humanidad se parece más a un animal irracional y carente de cualquier tipo de inteligencia, sentimientos, emociones, y sólo parece responder a instintos básicos de supervivencia que le mandan: nacer, crecer, reproducirse y morir (ah, en el ínter pelear y disputar como cualquier otro animalillo guardando su territorio, mostrando sus atributos sexuales, o elevándose amo de la manada)?


Y tal vez sea aún más irracional que los irracionales, porque menciono ahí "instintos de supervivencia" algo que los animales tienen muy claro y que los lleva a tomar actitudes que podrían tomarse como anti-naturales, pero que son necesarias para sobrevivir. Los hombres en cambio, se lanzan contra todo y contra todos sin tomar en cuenta que en ese afán su propia seguridad y supervivencia está en juego. Pero ahí van (vamos) con singular alegría a arrojar a nuestros congéneres al pozo sin tomar en cuenta que estamos atados a ellos. Ahí vamos a acabar con la propiedad del vecino sin pensar que vivimos en esa misma propiedad. Ahí vamos a lanzar proyectiles al cielo sin acordarnos que terminarán por caer (ley de gravedad, ni modo) y muy probablemente caigan en nuestra cara.




Y lo más gracioso de todo esto, resulta en que muchas personas, en diferentes tiempos, épocas, o lugares han venido a dar cuenta de esto. No se descubre ni el hilo negro, ni el agua tibia. Durante las guerras, las hambrunas, los crímenes de lessa humanidad, los ecocidios (para estar a la moda) las epidemias, los desastres naturales; nos damos cuenta de la infinita fragilidad del ser humano, y cuán inútil es toda la arrogancia y soberbia de nuestros adelantos intelectuales y tecnólogicos. Una y otra vez, nuestras muchas miserias y limitaciones nos saltan a la cara y ahí por un momento nos sentimos empequeñecidos y dispuestos a aceptar que no, en realidad no somos tan "omnipotentes" como lo habíamos creído.

Así suele pasar, pero ¡oh "maravilla del espiritú humano"! he aquí que pasado el instante de desconcierto, una vez que logramos apoyar nuestro más pequeño dedo sobre tierra firme y sentimos que estamos de "pie" nuevamente, nos olvidamos de la lección y ahí estamos otra vez, firmes sobre nuestro pedestal preparándonos para seguir escupiendo al cielo. Los "agoreros del desastre", predicadores, científicos, filosófos, etc., regresan a sus rincones a seguir rumiando sus sombrías disquisiciones y rellenando páginas y páginas de datos, conclusiones, análisis y sentencias que como la guardia de César repiten: "recuerda que eres mortal", pero como ella, son apenas un murmullo casi inaudible en la cacofonía de exclamaciones y alabanzas a nuestro moderno y sofisticado estilo de vida.


Y yo, ahora mismo, no sé porqué de repente escribo todo esta inútil colección de frases huecas y triviales, si lo único que siento es una tristeza infinita por la pérdida de una presencia amada.

Pero algo tiene que ver con todo eso, porque igual se relaciona con la necesidad de compartir, la complejidad de los sentimientos de soledad, melancolía, amor, nostalgia..., y también con la necia pretención de pensar que -aún cuando ya todo se sabe y cada vez que se fracasa vuelven las mismas sentencias que comienzan con "...eso era algo previsible y esperado.."- las cosas serán diferentes cada vez y nuestro genio, ingenio, inteligencia, perspicacia (o todo al mismo tiempo), nos salvarán del desastre que de siempre se sabe con certeza.


Como escribí al principio: querer alcanzar la comprensión de cómo o porqué piensan y/o actúan de una u otra forma los seres humanos, es peor aún que tratar de hallar la aguja del pajar sin la ayuda de un buen magneto.



Luz, 2007








No hay comentarios.:

Publicar un comentario