lunes, 22 de julio de 2013

CORAZÓN




Qué asombroso, e impredecible, es el corazón humano. Los sentimientos y el actuar, deberé precisar, antes que por ahí, algún pragmático lector salga a corregirme.
Pero decía, en relación al dolor que puede soportar. Incluso cuando pensamos que de tanto llorar, de tantas lágrimas derramadas, toda esa sal acabó por secar el corazón, lo convirtió en una pedazo de cosa vieja, ajada, muerta...
Pasa el tiempo, pasan los días y los meses.., las heridas todavía sangran por aquí y por allá, durante algún comentario desafortunado, al remover ciertos recuerdos que queremos guardar, como olvidados y que surgen de repente, de manera espontánea e imprevisible. Y el corazón da un latido doloroso, la herida se abre un poco y ahí estamos de nuevo, ejerciendo la cauterización por sal, sal de lágrimas, sal de tristeza y de melancolía.
Pero el tiempo sigue su marcha, no se detiene ni da señales de tener algún sentimiento, ni de simpatía ni de animadversión por nuestros sentir, por nuestro sufrir o gozar. El tiempo avanza, inexorable tanto como si estamos dolidos como si somos felices.., para los primeros, la percepción es que nos hemos quedado estancados en un hoyo de oscuridad, para los segundos, el tiempo es un ráfaga que transcurre demasiado rápido.., demasiado.
Y llega un día en que el tiempo recupera la dimensión que siempre ha tenido, ni lento, ni vertiginoso, simplemente tal como es y ha sido. Llega el día en que, los que habíamos estado en aquel pozo de oscuridad de repente nos deslumbramos con un rayo de luz que llega hasta nuestro abismo. Y ese rayo de luz nos muestra que todo el tiempo, ahí, justo enfrente de nosotros ha estado el camino para salir, sólo que estábamos demasiado absortos en lamer nuestras heridas, en seguir arañando nuestras cicatrices para evitar que cerraran, en mantener ese altar de sacrificio en donde nuestra sangre era la ofrenda constante ante un ídolo cruel que nosotros creamos y que alimentamos de nuestros propios miedos, de nuestras propias miserias.
Llega ese día, en que ese mismo rayo de luz nos infunde calor y  ánimo, nos llama fuera de aquella oscuridad y nos conmina a seguirle, a ir tras esa promesa de alegría, y de paz. 
A nuestros oídos vuelven a llegar las voces, y específicamente, una voz. Esa que nos recuerda que hay palabras más allá de los sollozos, más allá de las maldiciones o las blasfemias. Que hay palabras que pueden llegar a nuestro corazón, antes que a nuestros oídos, y que ahí, barren con todas esas heridas y renuevan un tejido que creíamos muerto para siempre, seco, desgarrado.
Y unos ojos, ojos que nos miran con aquel destello que también habíamos olvidado, ese reflejo que nos habla de comprensión, de ternura, de expectación. Sí, de expectación, pero no de esa ansiedad que nos corroía el pensamiento, esa obsesión que nos ocupaba las noches y los días imaginando escenarios de pesadilla y que nos convirtió en aquellos espectros que vagaban por esos días y noches interminables de suposiciones y celos. No, la clase de expectación que da el querer agradar, el anhelar que la otra persona pueda ver en nuestra mirada el interés.., el amor.
Y eso nos llena, nos alivia, nos nutre de tal manera que en un momento encontramos una cara extraña en el espejo, una cara que exhibe algo que creíamos imposible y olvidado.., una sonrisa. No esa sonrisa irónica y mordaz que intentaba decir al mundo: "me río de todos y de mí, porque nadie me importa, ni yo mismo" 
Nuestra nueva sonrisa es diferente, una sonrisa que nace de la terneza en la mirada, de la tranquilidad en el semblante, de la paz en el corazón. Una sonrisa que apenas puede dibujarse en nuestros labios, pero que sin embargo, abarca todo nuestro ser, todo nuestro cuerpo, y nuestro pensamiento. La sonrisa que no necesita explicarse, ni hacer ostentación, ni publicarse. Una felicidad discreta e íntima, pero no por ello menos cierta y poderosa.
¿Qué cosa ha pasado? ¿qué magia o suceso se ha manifestado?
Nada, simplemente que el amor ha vuelto a tocar en nuestro corazón, y dado que el tiempo siguió pasando, cumpliendo cabalmente su labor, el corazón, ese peculiar órgano nuestro, nos recuerda que sigue ahí, sigue vivo y listo para volver a intentarlo.

luz, 2013

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