
"¡Qué raro y maravilloso es ese fugaz instante en el que nos damos cuenta de que hemos descubierto un amigo!"
William Rotsler (1926-1997) Escritor estadounidense.
William Rotsler (1926-1997) Escritor estadounidense.
Y aún, tendríamos siempre que estar alertas a ese "fugaz instante", porque suele presentarse tan inopinadamente, tan pocas veces en la vida, que solemos pasar de largo sin apenas darnos cuenta de que justo frente a nuestros ojos se ha revelado un tesoro.
Como si fuera un espejismo en el sol del mediodía, o una sombra velada en el ocaso; como aquellos detalles de un paisaje que sólo se aprecian de manera momentánea, que parecen estar y no y hay que volver a mirar y estar seguros de que aquello que percibimos en un momento, en verdad está ahí, o es fue sólo una broma de nuestra imaginación o efectos de óptica que tal vez un científico pudiera explicarnos con certeza.
Pero a veces, por una bendición de algún buen hado, nos encontramos en cualquier recodo del camino con ese ser que nos devuelve con su sola presencia, la fuerza y confianza que emana de la comprensión y del afecto. Un amigo, esa alma con la que podemos sentirnos libres de abrir nuestro corazón para dar y recibir las cosas que son preciadas para cada cual.
¿Cuánto puede durar una amistad? ¿cuánto hay que cultivarla? ¿qué tiempo ha de pasar para poder llamar a alguien "amigo" y saber que dejará su huella en nuestro corazón y nuestra vida?
Difícil aventurar una respuesta. Por tratarse de asuntos que involucran al mismo tiempo, sentimiento, pensamiento, empatía en tantos niveles y en tantas formas, no habría manera de determinar el "cómo", el "cuándo" o el "porqué"
Son cosas que simplemente suceden -e inclusive- como al principio de esta parráfada infame lo apunto, a veces ni siquiera nos damos cuenta.
Lo único cierto y seguro en todo esto, es que si ya tuvimos la fortuna de vivir la experiencia, de entender o percibir el regalo que estamos viviendo, lo único que queda es disfrutarlo el tiempo que dure, porque otra cosa también segura, es que en el momento en que damos la primera sonrisa de bienvenida, el primer paso en el camino, estamos avanzando inexorablemente al final de todo aquello. ¿Y cuándo sobrevendrá ese final?
Puede ser al siguiente instante.., o puede durar toda nuestra estancia en este plano..nadie lo sabe, y por eso es menester aprovechar cada instante. Porque de igual manera que el amor y la amistad nos encontraron en el camino, asi también nos dejarán un día; y como lo hicimos cuando recibimos con alegría el regalo de una sonrisa, sin hacer muchas preguntas del "porqué" y del "cómo", asi también tendremos que esbozar una sonrisa y aceptar el final de todo aquello, a sabiendas de que -por lo menos- tuvimos la suerte de experimentarlo.
No hay comienzo, que no lleve en sí mismo, su final.
luz, 2010
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