viernes, 21 de marzo de 2008

POESIA EN SERIO I.



















COLOFÓN





Luz...








Cuando mis lágrimas te alcancen








la función de mis ojos ya no será llorar, sino ver.





León Felipe





























En este blog hay algunas entradas que pomposamente ostentan el título de "poesías", en realidad son muestras de lo muy rudimentaria y limitada que puede ser una persona (en este caso yo) y una confirmación contundente de aquella sentencia que reza: "la estupidez es temeraria" ja!


Por eso ahora, y en descargo de mi "temeraria estupidez" quisiera hacer un breve recuento de algunas poesías (estas si) que han influido en mi afición y a las cuales suelo regresar una y otra vez.


Toda antología es incompleta, parcial, arbitraria y generalmente criticada. Gustos hay para todo y, en mi caso, advierto desde ahora que esta, mi personal selección es además, bastante restringida a pocos autores, la mayoría muy conocidos y de corte más bien romántico y podríamos decir que inclusive "almibarados" algunos. En fin, es apenas un comienzo, iré agregando más conforme vuelvan a mi desbalagada memoria. Asi que aquí comienza la poesía en serio de luz.














Tierno saúz,


casi oro, casi ámbar,


casi luz.





José Juan Tablada.





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METAMORFOSIS





Era un cautivo beso enamorado


de una mano de nieve, que tenía


la apariencia de un lirio desmayado


y el palpitar de un ave en la agonía.





Y sucedió que un día,


aquella mano suave de palidez de cirio,


de languidez de lirio,


de palpitar de ave,


se acercó tanto a la prisión del beso,


que ya no pudo más el pobre preso y se escapó;


mas, con voluble giro, huyó la mano hasta el confín lejano,


y el beso que volaba tras la mano,


rompiendo el aire, se volvió suspiro.





Luis G. Urbina





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REÍR LLORANDO





Viendo a Garrik —actor de la Inglaterra—


el pueblo al aplaudirle le decía:


"Eres el mas gracioso de la tierray el más feliz..."


Y el cómico reía.





Víctimas del spleen, los altos lores,


en sus noches más negras y pesadas,


iban a ver al rey de los actores


y cambiaban su spleen en carcajadas.





Una vez, ante un médico famoso,


llegóse un hombre de mirar sombrío:


"Sufro —le dijo—, un mal tan espantoso


como esta palidez del rostro mío.


Nada me causa encanto ni atractivo;


no me importan mi nombre ni mi suerte


en un eterno spleen muriendo vivo,


y es mi única ilusión, la de la muerte".





—Viajad y os distraeréis. — ¡Tanto he viajado!


—Las lecturas buscad. —¡Tanto he leído!


—Que os ame una mujer. —¡Si soy amado!


—¡Un título adquirid! —¡Noble he nacido!


—¿Pobre seréis quizá? —Tengo riquezas


—¿De lisonjas gustáis? —¡Tantas escucho!


—¿Que tenéis de familia? —Mis tristezas


—¿Vais a los cementerios? —Mucho... mucho...


—¿De vuestra vida actual, tenéis testigos?


—Sí, mas no dejo que me impongan yugos;


yo les llamo a los muertos mis amigos;y les llamo a los vivos mis verdugos.





—Me deja —agrega el médico— perplejo


vuestro mal y no debo acobardaros;


Tomad hoy por receta este consejo:


sólo viendo a Garrik, podréis curaros.


—¿A Garrik? —Sí, a Garrik...


La más remisay austera sociedad le busca ansiosa;


todo aquél que lo ve, muere de risa:


tiene una gracia artística asombrosa.


—¿Y a mí, me hará reír? —¡Ah!, sí, os lo juro,él sí y nadie más que él;


mas... ¿qué os inquieta?—Así —dijo el enfermo— no me curo;


¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.





¡Cuántos hay que, cansados de la vida,


enfermos de pesar, muertos de tedio,


hacen reír como el actor suicida,


sin encontrar para su mal remedio!





¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!


¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,


porque en los seres que el dolor devora,


el alma gime cuando el rostro ríe!





Si se muere la fe, si huye la calma,


si sólo abrojos nuestra planta pisa,


lanza a la faz la tempestad del alma,


un relámpago triste: la sonrisa.


El carnaval del mundo engaña tanto,


que las vidas son breves mascaradas;


aquí aprendemos a reír con llanto


y también a llorar con carcajadas.





Juan de Dios Peza.





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PARA ENTONCES





Quiero morir cuando decline el día,


en alta mar y con la cara al cielo,


donde parezca sueño la agonía


y el alma un ave que remonta el vuelo.





No escuchar en los últimos instantes,


ya con el cielo y con el mar a solas,


más voces ni plegarias sollozantes


que el majestuoso tumbo de las olas.





Morir cuando la luz retira


sus áureas redes de la onda verde,


y ser como ese sol que lento expira;


algo muy luminoso que se pierde.





Morir, y joven;


antes que destruya el tiempo aleve la gentil corona,


cuando la vida dice aún: "Soy tuya",


aunque sepamos bien que nos traiciona.





Manuel Gutiérrez Nájera





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RIMA XXXVII


Antes que tú me moriré;


escondido en las entrañas ya el hierro llevo


con que abrió tu mano la ancha herida mortal.





Antes que tú me moriré;


y mi espíritu, en su empeño tenaz,


se sentará a las puertas de la muerte, esperándote allá.





Con las horas los días,


con los días los años volarán,


y a aquella puerta llamarás al cabo...


¿Quién deja de llamar?





Entonces, que tu culpa y tus despojos la tierra guardará,


lavándote en las ondas de la muerte como en otro Jordán;


allí donde el murmullo de la vida temblando a morir va,


como la ola que a la playa viene silenciosa a expirar;


allí donde el sepulcro que se cierra abre una eternidad,


todo cuanto los dos hemos callado, allí lo hemos de hablar.








RIMA XXX


Asomaba a sus ojos una lágrima


y a mi labio una frase de perdón;


habló el orgullo y se enjugó su llanto,


y la frase en mis labios expiró.


Yo voy por un camino; ella, por otro;


pero, al pensar en nuestro mutuo amor,


yo digo aún: —¿Por qué callé aquel día?


Y ella dirá: —¿Por qué no lloré yo?








RIMA XXXIII


Es cuestión de palabras y, no obstante,


ni tú ni yo jamás, después de lo pasado,


convendremos en quién la culpa está.


¡Lástima que el Amor


un diccionario no tenga donde hallar


cuándo el orgullo es simplemente orgullo y cuándo es dignidad!.








Gustavo Adolfo Bécquer





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HISTORIA DE MI MUERTE





Soñé la muerte y era muy sencillo;


una hebra de seda me envolvía,


y a cada beso tuyo, con una vuelta menos me ceñía


y cada beso tuyo era un día;


y el tiempo que mediaba entre dos besos una noche.


La muerte era muy sencilla.





Y poco a poco fue desenvolviéndose la hebra fatal.


Ya no la retenía sino por solo un cabo entre los dedos...


Cuando de pronto te pusiste fría


y ya no me besaste...


y solté el cabo, y se me fue la vida.





Leopoldo Lugones





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EL DULCE MILAGRO





¿Qué es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen.


Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.


Mi amante besóme las manos, y en ellas,


¡oh gracia! brotaron rosas como estrellas.





Y voy por la senda voceando el encanto


y de dicha alterno sonrisa con llanto


y bajo el milagro de mi encantamiento


se aroman de rosas las alas del viento.





Y murmura al verme la gente que pasa:


"¿No veis que está loca? Tornadla a su casa.


¡Dice que en las manos le han nacido rosas


y las va agitando como mariposas!"





¡Ah, pobre la gente que nunca comprende un milagro de éstos


y que sólo entiende, que no nacen rosas más que en los rosales


y que no hay más trigo que el de los trigales!


que requiere líneas y color y forma,


y que sólo admite realidad por norma.


Que cuando uno dice: "Voy con la dulzura", de inmediato buscan a la criatura.





Que me digan loca, que en celda me encierren,


que con siete llaves la puerta me cierren,


que junto a la puerta pongan un lebrel, carcelero rudo, carcelero fiel.


Cantaré lo mismo: "Mis manos florecen. Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen".


¡Y toda mi celda tendrá la fragancia de un inmenso ramo de rosas de Francia!





La higuera.


Porque es áspera y fea,


porque todas sus ramas son grises,


yo le tengo piedad a la higuera.


En mi quinta hay cien árboles bellos,


ciruelos redondos, limoneros rectos


y naranjos de brotes lustrosos.





En las primaveras,


todos ellos se cubren de flores en torno a la higuera.


Y la pobre parece tan triste


con sus gajos torcidos que nunca de apretados capullos se viste...





Por eso, cada vez que yo paso a su lado, digo,


procurando hacer dulce y alegre mi acento:


"Es la higuera el más bello de los árboles todos del huerto".





Si ella escucha,


si comprende el idioma en que hablo,


¡qué dulzura tan honda hará nido en su alma sensible de árbol!


Y tal vez, a la noche,


cuando el viento abanique su copa,


embriagada de gozo le cuente:


¡Hoy a mí me dijeron hermosa!





Juana de Ibarbourou





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Deshaced este verso





Deshaced este verso.


Quitadle los caireles de la rima,


el metro, la cadencia


y hasta la idea misma.


Aventad las palabras,


y si después queda algo todavía,


eso,


será la poesía.





Que importa


que la estrella esté remota


y deshecha la rosa?


Aún tendremos


el brillo y el aroma.





León Felipe.





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No es nada de tu cuerpo.





No es nada de tu cuerpo,


ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,


ni ese lugar secreto que los dos conocemos,


fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.


No es tu boca —tu boca que es igual que tu sexo—,


ni la reunión exacta de tus pechos,


ni tu espalda dulcísima y suave,


ni tu ombligo, en que bebo.


Ni son tus muslos duros como el día,


ni tus rodillas de marfil al fuego,


ni tus pies diminutos y sangrantes,


ni tu olor, ni tu pelo.


No es tu mirada —¿qué es una mirada?—


triste luz descarriada, paz sin dueño,


ni el álbum de tu oído, ni tus voces,


ni las ojeras que te deja el sueño.


Ni es tu lengua de víbora tampoco,


flecha de avispas en el aire ciego,


ni la humedad caliente de tu asfixia que sostiene tu beso.


No es nada de tu cuerpo,


ni una brizna, ni un pétalo, ni una gota, ni un gramo, ni un momento:


Es sólo este lugar donde estuviste, estos mis brazos tercos.








No es que muera de amor.





No es que muera de amor, muero de ti.


Muero de ti, amor, de amor de ti,


de urgencia mía de mi piel de ti,


de mi alma de ti y de mi boca


y del insoportable que yo soy sin ti.


Muero de ti y de mí, muero de ambos,


de nosotros, de ese, desgarrado, partido, me muero, te muero, lo morimos.





Morimos en mi cuarto en que estoy solo,


en mi cama en que faltas,


en la calle donde mi brazo va vacío,


en el cine y los parques, los tranvías,


los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza y mi mano tu mano


y todo yo te sé como yo mismo.


Morimos en el sitio que le he prestado al aire para que estés fuera de mí,


y en el lugar en que el aire se acaba cuando te echo mi piel encima y nos conocemos en nosotros, separados del mundo, dichosa, penetrada, y cierto, interminable.


Morimos, lo sabemos, lo ignoran,


nos morimos entre los dos, ahora, separados, del uno al otro, diariamente,


cayéndonos en múltiples estatuas, en gestos que no vemos,


en nuestras manos que nos necesitan.





Nos morimos, amor,


muero en tu vientre que no muerdo ni beso,


en tus muslos dulcísimos y vivos,


en tu carne sin fin, muero de máscaras, de triángulos obscuros e incesantes.


Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,


de nuestra muerte, amor, muero, morimos.


En el pozo de amor a todas horas, inconsolable, a gritos,


dentro de mí, quiero decir, te llamo, te llaman los que nacen,


los que vienen de atrás, de ti, los que a ti llegan.


Nos morimos, amor, y nada hacemos sino morirnos más,


hora tras hora, y escribirnos y hablarnos y morirnos.





Jaime Sabines














Luz, 2008





León Felipe, -(España, 1884-1968)


José Juan Tablada,- (México, 1871-1945)


Luis G. Urbina,-(México,1868-1934)


Juan de Dios Peza,-(México,1852-1910)


Manuel Gutiérrez Nájera,-(México,1859-1895)


Gustavo Adolfo Bécquer,-(España,1836-1870)


Leopoldo Lugones,-(Argentina,1874 – 1938)


Juana de Ibarbourou,-(Uruguay,1892-1979)


Jaime Sabines,-(México,1926-1999)





Y para más información y otros poemas de los mismos autores:





http://www.los-poetas.com/


http://www.epdlp.com/index.php


http://amediavoz.com/perdurable.htm








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