
-Si sólo tuviéramos unas pocas horas para permanecer aquí..., es decir, si en un lapso de tiempo muy corto, tuvieras que irte, tal vez para siempre ¿que llevarías contigo?
-¿Y eso?
-si, ¿que llevarías contigo? si tuvieras que irte...
-No entiendo esa pregunta, o más bien, no me queda claro el sentido de la pregunta: ¿si me voy de aquí?, te refieres a esta ciudad, a este país.., ¿te refieres a morir? Por otro lado, ¿de cuánto tiempo estamos hablando? y también ¿a donde vamos a partir de aquí?
-Pues..., todo eso no lo sé, sólo que de repente se me ocurrió que cosas podrías llevar contigo, si no tuvieras mucho tiempo para pensarlo, o para colectarlas. Y también, si no supieras exactamente a donde vas, ni los medios que tendrás que utilizar.
-La única posibilidad que se me ocurre de que eso pasara sería la de morir intempestivamente, solamente así me encontraría del todo desprevenida como para pensar en conservar algo, y también, me iría sin saber a donde...¿a eso te refieres?
-No, no en realidad, pero es un buen ejemplo. Tal vez pudiera ayudarte a responder si lo piensas de esa manera. Entonces dime: si supieras que morirás en veinticuatro, en doce horas...¿que llevarías contigo?
-Vaya, pues que pregunta. Es claro que no llevaría nada ¿que me serviría? ¿para qué? las creencias de aquellas culturas en que debías transitar con todas las cosas que utilizaste en vida, como si fueras sólo a cambiar de residencia, hoy día ya no parecen válidas -por lo menos, no para mí- mi cuerpo incluso acabará descompuesto asi que ni eso permanecerá. ¿Qué podría llevar conmigo?
-No lo sé, algo habrá en todo caso..., piensa.
-No, el hecho es que nada de lo que ahora poseo me serviría. Si tuviera que irme, sin saber a donde, ni cuanto tiempo, lo único que llevaría tal vez sería lo que tengo puesto, y mis recuerdos...
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¿Cuántos recuerdos pueden acumularse en una vida que siempre fue una medianía? ¿cuántos, en todo caso, serían dignos de perdurar en el tiempo a pesar de todo? ¿de cuántos podríamos estar seguros que son hijos de nuestro libre albedrío y no fijaciones involuntarias de un subconciente que se empeña en recordar lo que no queremos y olvidar lo que nos gustaría?
No es una pregunta ociosa (o sí, al final del día, habrá quién opine que toda disquisición filosófica es una forma de ociosidad) tomando en cuenta la cantidad de datos que puede almacenar nuestro cerebro y cuantos de ellos son unas perlas de verdadera trivialidad.
Pero los recuerdos perduran.., y a veces, aunque parecen olvidados, sólo es cuestión de mirar un objeto, escuchar una tonada, leer una palabra, caminar por una calle (hay una expresión que es muy socorrida en estos casos: "deja vú", se refiere a esa sensación de estar viviendo un momento como una repetición) y ¡oh sorpresa! ahí están de nuevo, buenos o malos, viejos o recientes -algunos adeptos al estudio de la parapsicología y pseudo ciencias ocultas diría que inclusive hay recuedos de vidas anteriores,¿quién lo sabe?- ahí están las sensaciones de dolor o placer, los rostros de personas: amados u odiados, las anécdotas de vida: venturosas o aciagas, los caminos y paisajes conocidos, los momentos de soledad y así ad infinitum.
Nuestros recuerdos, lo que nos hace individuos y define el camino que elegimos recorrer, las opciones que tomamos, las desiciones que día con día ejercemos.
Cuando alguien dice: ¿te acuerdas...?, cuántas imágenes acuden en tropel a nuestra mente, desde el momento que tomamos conciencia de nosotros mismos. Toda nuestra vida es susceptible de recordarla, pero no, tenemos una memoria selectiva, recordamos sólo algunos eventos aislados de cada etapa, puede ser que en algún momento haya una profusión de recuerdos acerca de un año, un mes, un día..., y puede ser también que en muchos casos, haya verdaderas lagunas insondables que abarcan años de nuestra vida, tal cual no hubiéramos existido.., o si vivimos, fue en una especie de limbo emocional que filtró toda nuestra experiencia y con ello, los recuerdos.
Que maravilla debe ser el de aquel mecanismo capaz de guardar, archivar, jerarquizar, discriminar y organizar todo ese cúmulo de información para que, en el momento que la necesitamos, con una sola referencia, con un minúsculo detalle como pauta, nos despliegue aquellos recuerdos que le solicitamos.
Un prodigio de tecnología, un milagro de eficiencia..., ¿será que es infalible? o cómo cualquier artefacto ¿se descompondrá alguna vez?
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-Pues mira, eso es algo interesante..y valioso por supuesto: tus recuerdos. Por ejemplo, imaginemos que cada recuerdo tuyo es una piedra preciosa: un rubí, un diamante, una turquesa.., y que puedes llevarlas contigo porque son pequeñas, caben en un cofre nada aparatoso. Un cofre como este, ¿ves? Bien, ahora, ¿que piedra pondrás primero? digamos..., algo sencillo...el recuerdo de tu nombre..¿cuál es tu nombre?
-Piedras preciosas, que buena comparación, una joya..., asi son son los recuerdos. Sólo que..., ahora mismo.., yo no recuerdo mi nombre. Será que no es precisamente ese tipo de joya, será...será que no vale la pena recordarlo.
-No, no lo creo, probemos con otra cosa. Algo feliz, que te haya provocado una alegría inmensa..., no sé, puede ser...cualquier cosa, vamos dime, ¿que puedes recordar que te haya causado esa felicidad?
-Muchas cosas, este sol tibio ahora, por ejemplo, el caminar asi, tranquilamente...¿ves las hojas de los árboles? son de todos colores, y cuando pasan los rayos entre ellas, parece que estuvieran formadas de la misma luz tibia, pero al mismo tiempo descompuesta en mil colores...y son sólo hojas. Alguna vez caminé entre estos mismos árboles, y era el tiempo como ahora, tibio y lleno de olores, y las piedras..., y la tierra crujían de igual manera que lo hacen ahora cuando caminamos. La tierra habla y tiene su lenguaje, pero no todos pueden comprenderlo..., ni siquiera escucharlo, hay que acercarse ¿sabes?, hay que ponerse a ras de suelo.., oler, percibir, escuchar..., llenarse la nariz de sus aromas.., sentir en la cara la aspereza de la tierra, de las hojas, de la grama..., habría que probar inclusive el sabor de todo ello y entonces es que uno va aprendiendo a descifrar ese idioma.., como ahora..
-No, no.., espera, levántate, no hagas eso que puedes lastimarte. Espera, déjame ayudarte..., eso, levántate...asi esta mejor. Mira, tengo aquí un pañuelo, te limpiaré la cara y estarás mejor.
Me parece que no fue una buena idea esta charla. De cualquier modo, es tarde, y tenemos que regresar. Yo volveré, como siempre, podremos seguir hablando..y recordando.
-¿Volverás? ¿lo harás? todos los que me visitan nunca regresan. No puedo recordar a nadie que haya regresado, tampoco recuerdo si ofrecieron volver, pero lo que sí sé es que a tí no te había visto antes, y no sé si te vuelva a ver otra vez. ¿Volverás? ¿de verdad?
-Sí, por supuesto que sí, regresaré como lo hago cada vez, todas las veces. ¿Sabes? yo conseguiré que cuando cierres tu cofre, por lo menos una joya vaya en él. No te dejaré ir con las manos vacías.
-O sea que...¿tú si sabes quién soy yo?
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No existe la perfección en este mundo, no hay sino un desesperado esfuerzo por conseguir óptimos resultados con la materia prima existente y las herramientas que aleatoriamente vamos teniendo a mano.
No hay manera de explicar como es que una planta que tiene a su libre disposición agua, tierra, sol y nutrientes, un día sin explicación alguna empieza a marchitar desde su raíz. Probablemente en alguna parte de su información genética, un reloj cuyo mecanismo desconocemos detuvo su marcha..., asi, sin más. En una circunstancia fortuita.., una planta entre 10, 100, 10000, un millón ¿quién lo sabe?, pudo suceder hoy, y pudo no ocurrir nunca. Una casualidad, un azar que pudo actuar para beneficio o perjuicio, ni siquiera eso sabemos.
Asi un día las células que forman ese tejido insondable que forma nuestra mente, esas conexiones que cada segundo están llevando y trayendo impulsos eléctricos que nos impulsan a realizar desde las acciones más básicas -respirar, comer, sobrevivir- hasta los más abstractas racionalizaciones de una idea, un día decía yo, deciden que llegó la hora de parar, y toda esa maquinaria de reloj, se detiene como si se apagara un interruptor y se oscurece el paisaje. El sol se pone para esa mente que vivía de crear sueños y verlos materializados. Algún tipo de reserva alternativa, mantiene alertas las funciones vitales, pero el pensamiento, la grandeza, la posibilidad de levantarnos sobre nuestros sueños se va...y no regresa.
No sabemos cuando, ni cuanto durará tampoco, no sabemos si hemos de regresar de ese último viaje al territorio desconocido de la oscuridad que al final no sabremos ni siquiera nombrar. Y cuando ese momento llegue, si nos toca vivirlo, cuando por fin el olvido nos alcance, ¿qué cosa, podríamos llevar con nosotros?
Luz, 2008
Mi estimada luz:
ResponderBorrarTe agradezco tu presente relato sobre el olvido, porque ello me llevó a recordar una hermosa canción de un cantautor argentino de allá por los años 70: me llevaré conmigo todas las madrugadas y mis zapatos gastados por todos los caminos por los que he caminado...
Por otro lado, la flor, su raíz y todo lo que forma parte de ella no detiene su reloj... más bien se transforma... evoluciona a un nuevo ser que aún no somos capaces de ver como seres euclidianos y tridimensionales que somos... en las Matemáticas existen teorías como la Teoría de Catástrofes y la Teoría del Caos que nos recuerdan nuestro papel en este vasto Universo, a saber, que nuestro lugar está determinado por el azar.
Finalizo mi comentario a la manera en que Mafalda frecuentemente hacía llegar sus conclusiones a sus compañeros-as:
Siento decepcionarlos, pero no somos sino una simple variable aleatoria en las ecuaciones del Universo.
satnam