jueves, 23 de enero de 2014

YERMA





Siempre creí que era de tierra, 
tierra rojiza y negra, 
el seno fértil que espera la semilla
y devolver en doradas espigas la cosecha.
Tierra ruda de campo,
parcela del labriego,
vientre fecundo, matriz de humus,
molicie generosa.
Siempre creí que era asiento de roca
lo inmutable,
el principio y el fin, 
la madre primigenia.

Pero no, 
no soy tierra,
soy espejo de sal,
agua amarga de lágrimas,
cuenco oscuro de hiel.
Agua negra, 
acíbar y veneno,
un torrente de pena.



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Y ahora vendrá la lluvia,
será el remover en las entrañas
hervir de gusanos en la tierra mojada
Venas abiertas al cielo
linfas oscuras, 
lentos surcos se abren paso 
en una tierra sedienta, que se traga la humedad
y la vuelve en ardiente vapor
calor de tierra seca
tierra árida, desnuda
desierto estéril que por más agua que reciba
nunca regresará en fruto una semilla.

luz, 2014



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