martes, 10 de agosto de 2010
INSOMNIO
Hace tiempo, en algún compendio de historietas, me encontré un trabajo que me llamó la atención; no tanto por la ejecución gráfica (que ha decir verdad era ingeniosa) sino por el texto que ilustraba.
Una historia corta pero muy efectiva, de la cual, no supe nunca el autor. De hecho, di por sentado que el dibujante había escrito también el texto (quiero pensar que por ahí debía estar la referencia y el crédito al escritor, pero ahora no lo recuerdo)
En fin, que pasado el tiempo, volví a leer ese mismo relato, pero ahora en una reseña literaria de un poeta cubano. Y así llegué de nuevo (por causalidad, que no por casualidad) al relato aquel que tanto me gustó en aquel momento. Aquí lo reproduzco entonces, con una breve nota bibliográfica y algo más del mismo autor.
En el insomnio.
El hombre se acuesta temprano. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda entre las sábanas. Enciende un cigarrillo. Lee un poco. Vuelve a apagar la luz. Pero no puede dormir. A las tres de la madrugada se levanta. Despierta al amigo de al lado y le confía que no puede dormir. Le pide consejo. El amigo le aconseja que haga un pequeño paseo a fin de cansarse un poco. Que en seguida tome una taza de tilo y que apague la luz. Hace todo esto pero no logra dormir. Se vuelve a levantar. Esta vez acude al médico. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero el hombre no se duerme. A las seis de la mañana carga un revólver y se levanta la tapa de los sesos. El hombre está muerto pero no ha podido quedarse dormido. El insomnio es una cosa muy persistente.
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Natación
He aprendido a nadar en seco. Resulta más ventajoso que hacerlo en el agua. No hay temor a hundirse pues uno ya está en el fondo, y por la misma razón se está ahogando de antemano. También se evita que tengan que pescarnos a la luz de un farol o en la claridad deslumbrante de un hermoso día. Por último, la ausencia de agua evitará que nos hinchemos.
No voy a negar que nadar en seco tiene algo de agónico. A primera vista se pensaría en los estertores de la muerte. Sin embargo, eso tiene de distinto con ella: que al par que se agoniza uno está bien vivo, bien alerta, escuchando la música que entra por la ventana y mirando el gusano que se arrastra por el suelo.
Al principio mis amigos censuraron esta decisión. Se hurtaban a mis miradas y sollozaban en los rincones. Felizmente, ya pasó la crisis. Ahora saben que me siento cómodo nadando en seco. De vez en cuando hundo mis manos en las lozas de mármol y les entrego un pececillo que atrapo en las profundidades submarinas.
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Isla
Aunque estoy a punto de renacer,
no lo proclamaré a los cuatro vientos
ni me sentiré un elegido:
sólo me tocó en suerte,
y lo acepto porque no está en mi mano
negarme, y sería por otra parte una descortesía
que un hombre distinguido jamás haría.
Se me ha anunciado que mañana,
a las siete y seis minutos de la tarde,
me convertiré en una isla,
isla como suelen ser las islas.
Mis piernas se irán haciendo tierra y mar,
y poco a poco, igual que un andante chopiniano,
empezarán a salirme árboles en los brazos,
rosas en los ojos y arena en el pecho.
En la boca las palabras morirán
para que el viento a su deseo pueda ulular.
Después, tendido como suelen hacer las islas,
miraré fijamente al horizonte,
veré salir el sol. la luna,
y lejos ya de la inquietud,
diré muy bajito:
¿así que era verdad?
«Isla», 1979
Virgilio Piñera, escritor cubano (1912-1945)
Nace el 4 de Agosto en la ciudad de Cárdenas, provincia de Matanzas y fallece el 18 de Octubre en La Habana. Escribe poesía, narrativa, teatro; es director de revistas literarias y colaborador tanto en Cuba como en Argentina y también traductor.
Una extensa semblanza de su obra se encuentra en :
http://www.cubaliteraria.com/autor/virgilio_pinnera/index.html
luz, 2010
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