
Sueño
Duermo...
Abro los ojos,
la pesadilla comienza:
no son dulces mis sueños,
sombras ominosas me rodean,
caminos y senderos pedregosos.
La misma lucha una y otra vez
por mantener intacta
la chispa de luz que me acompaña,
que me guía,
descifrando el camino,
entibiando mis miembros ateridos
por el frío,
el dolor,
el miedo.
Voces sin rostro amenazan
desde ningún lugar
(y en todos lados...)
apagados ayes de dolor,
blasfemias, maldiciones,
susurros que pretenden ser
melosas invitaciones al placer,
al goce, al descanso.
Carcajadas burlonas,
una cacofonía donde mi propia voz
se confunde...,
se pierde.
Prefiero entonces sellar mis labios,
caminar en silencio,
entre el murmullo avanzando.
...siempre avanzando,
esperando llegar a mi destino, ¿cuál?
-no lo sé.
La pesadilla no da tregua,
no descansa,
no termina,
y justo cuando siento que ya no puedo más
se abren mis ojos, asustados, a la luz.
Mis manos recobran su gravedad
y reposan sobre el pecho agitado,
calmando el ritmo del corazón
a galope, desbocado.
Pongo la cabeza en la almohada,
mi sonrisa se diluye
en la blanca y difusa claridad.
En mi personal universo,
tan seguro y tranquilo.
Confiada cierro mis ojos
....despierto.
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Esta -y no otra-
debería ser la muerte,
este no estar,
este vivir sin existir
(o viceversa)
este dejar que las horas y los días
transcurran con la aceitosa calma
de un pantano.
Con la inexorable fatalidad
de un destino sellado.
Fuera de mí la luz del sol deslumbra
el hirviente río de personas,
-venas de lava en el crisol furioso-,
se apretujan,
van de prisa.
Comen, caminan, ríen incluso,
gastan las horas en mil quehaceres
que no son más
que cansancio y fastidio en las espaldas.
Lanzas rotas y victorias efímeras
en la diaria, infinita batalla.
Pasan de largo,
miran sin ver (o viceversa)
acaso -igual que yo-
será que ya están muertos
y no han tenido tiempo
de caer en la cuenta.
**********
Hoja seca
Las vetas donde otrora
la savia era corriente pujante,
avasallante,
hoy no son más que mosaico desecado
que cruelmente revela
la triste realidad de la hoja seca.
No basta estar sujeta
al protector abrigo de la rama,
entre el verde lustroso del follaje
resalta aún más la frágil consistencia.
Por un azar,
una casualidad infortunada,
los vientos del otoño
y la escarcha invernal la respetaron.
Y así, por ese olvido condenada,
contempla el esplendor primaveral
estando muerta.
**********
Luz, 2008
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