
Nieve.
Lloras escarcha:
finísimos cristales de aristas afiladas
resbalan por tu cara tan blanca.
De tus ojos,
apenas se perfilan los reflejos de lágrimas
y ya el frío perenne de tu helado corazón
las torna en espejos de la roca
desnuda y despojada que es tu alma.
Todo en tí es la misma vastedad
estéril,
desolada.
Todo en tí es blancura infinita
de las nieves eternas.
La soledad,
el silencio sin ecos de la nada.
Lloras escarcha:
y hasta tus blancas plantas,
pasan indiferentes sobre los hilos púrpura
de sangre enfebrecida
de los tristes mortales que a tu paso,
queriendo vencer tu indiferencia,
mueren y se desangran.
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Destino.
(Afuera..) la noche cubre todo
con manto de negrura.
Las formas de las cosas
se disuelven y toman su lugar
caprichosos fantasmas.
La imaginación retoza,
se desboca.
Resabios de atávicos temores,
de heridas mal cerradas.
Espectros que exhiben sudarios
carcomidos
que se agitan y danzan
entre la bruma que levanta
el viento helado.
Fija la mirada en el macabro
concierto de antiguos pecados (¿enterrados?)
busco un rayo de luz
en la noche cerrada.
Y la luna se oculta entre nubes oscuras
y el cielo de tormenta se rasga
al estruendo del rayo que parece decir:
"!Alma eres condenada, nunca habrá
para tí, más que dolor y lágrimas.!"
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Angel.
En tu cara tan blanca
dos espejos de cuarzo son tus ojos,
y es tu boca
la línea sangrienta
de un ancha herida abierta.
Tu boca:
copa llena hasta el borde de ambrosía,
la única que apaga, que mitiga,
la eterna,
interminable sed que me domina.
No hay en tí
(ni hay en mí)
la conciencia fatal de nuestro sino.
Eres, al mismo tiempo,
la salvaje inocencia de las fieras
y la imponente belleza
de una noche cerrada de tormenta.
Por donde tú caminas,
donde pasas,
un sepulcral silencio te acompaña.
Tu figura se yergue majestuosa
sobre el murmullo temeroso de
las viejas consejas,
sobre los mil rumores que anuncian
la desgracia.
Como un ángel caído,
como la blanca sombra de un fantasma.
Eres, como el ángel expulsado,
criatura fabulosa,
belleza inaccesible,
la promesa de vida
vida eterna,
detrás del negro
pabellón de la muerte.
Luz, 2008
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