lunes, 7 de julio de 2008

Y SI DEJAMOS DE LEER...? Y SI DEJAMOS DE PENSAR...?



¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Philip K. Dick



En un futuro cada vez más cercano, la sociedad se encuentra profundamente alienada y automatizada. Los gobiernos han encontrado la fórmula para hacer un lavado de cerebro a la manera de las antiguas sectas, para dejar a los ciudadanos en calidad de robots que responden a estímulos específicos y cuyas capacidades intelectuales están reducidas a la mínima expresión.
Uno de los mecanismos con el que mantienen este status quo, es la prohibición de tener, distribuir, editar y/leer todo tipo de literatura que implique algo más que seguir un instructivo, o reglamento.
El cuerpo de bomberos, que un día se ocupó de apagar incendios, ahora se dedica a encender hogueras con los libros prohibidos y las casas donde los encuentran. Las personas están a tal grado convencidas del maligno contenido de los libros que ellas mismas delatan y entregan a quienes son sospechosos de poseer tan virulento material.
La esperanza se mantiene sin embargo, encarnada en unos cuantos individuos que han decidido mantener el recuerdo de lo que alguna vez leyeron, un viejo maestro de literatura apático y dedicado a sobrevivir de sus recuerdos, y un bombero renegado que de repente y sin saber porqué se encontró con la luz en el camino a Damasco.

A grandes rasgos, esa es la sinopsis de una novela que ha venido a ser uno de los referentes fundamentales en mi muy limitado acervo bibliográfico: Farenheit 451, de Ray Bradbury *

Farenheit es una novela que se lee rápidamente, no se entretiene demasiado en descripciones prescindibles y mantiene muchas veces la sensación de ser un cuento que se extiende al hacer reminicencias que se acercan más a un cierto contenido poético, un tono de nostalgia e introspección de los personajes que mantiene encendida constantemente una luz de esperanza dentro de un ambiente lleno de oscuridad e insania.
Parádojicamente, el leit motiv de esta sociedad del futuro es el ideal hedonista de la satisfacción de los sentidos. El placer sin más explicación y la felicidad empaquetada en envolturas de drogas, estimulantes, autos, y toda clase de posesiones materiales.
Bradbury introduce en este escenario anodino, en donde todos parecen seres ensamblados en línea y pre-programados con códigos muy bien determinados, a unos cuantos marginales que son desde su punto de vista la única esperanza de romper con la enajenación. Estos parias, estos proscritos en esta moderna sociedad, son los que se atreven a cuestionar, los que aún tienen el dominio de su voluntad como para cerrar los ojos y oídos ante un poder más grande que la política o la guerra: el poder de los medios, el imperio de los sonidos, las imágenes, los estímulos audio-visuales que paulatina y casi imperceptiblemente, fueron ganando terreno y convirtiéndose en los verdaderos factotums de un poder que no se concibe sino por y a partir del control de los medios audio-visuales.
El símbolo visible de esta circunstancia se encuentra representado en la novela por el jefe de la estación de bomberos donde trabaja el protagonista: el capitán Beatty, es el mentor y guía de sus subordinados. Parece tener todas las respuestas y siempre exhibe la tolerante paciencia de un padre ante las torpezas de sus hijos y al mismo tiempo la cruel severidad de un juez que tiene en su mano la mayor autoridad. Beatty es un personaje interesante en el sentido que encarna la naturaleza ideológica del absurdo en que se ha convertido la sociedad.
Al final del día, Beatty es la versiòn del hombre que habiendo contemplado la cúspide de la evolución humana, sus increíbles hazañas intelectuales, tecnológicas y humanísticas, se encuentra de pronto con una decadencia que no entiende, que le parece inexplicable, para la que no halla una respuesta sensata en su entendimiento y antes de enloquecer prefiere tomar la postura del cínico y hastiado que, a sabiendas que empuja un auto al precipicio, apresura el paso para despeñarse lo antes posible.
En un sentido, es la versión del protagonista despojada de los ideales, de la esperanza, de la filantropía que de alguna manera mueve a los otros personajes a buscar y luchar por un visión diferente de las cosas. Beatty, hace tiempo que perdió esa luz, y hará todo lo posible por cumplir con su misión y por ende, acabar con la miseria en que se ha convertido su vida.

Dentro de los personajes que mantienen viva la luz de esperanza para la humanidad, está el protagonita: el bombero Guy Montag, un tipo que en todos los aspectos se maneja en la medianía, sin demasiadas (o muy pocas) ambiciones, casado más por formalidad que por gusto o sentimiento, en algún momento el mismo se define como alguien sin ideas propias..pero en algún momento, mantiene la suficiente sensibilidad como para comprender que su vida, la vida en general debería ser algo más que la rueda de molino en la que vive.
Clarisse, la chica que aparece un breve instante no para clarificar sus incipientes dudas sino para magnificarlas. Un personaje que no se describe a si misma, sino más bien se dedica a describir lo que los demás se niegan a ver. Una mirada subjetiva por la enorme incredulidad y compasiòn que muestra ante lo que no comprende y sin embargo la llena de sentimientos encontrados.
El profesor Fáber, maestro de literatura a quién Montag visualiza como el gurú, la guía que necesita para entender o tratar de entender lo que ha estado molestándole y que no puede explicar porque no encuentra aún las herramientas para echar a andar la maquinaria de su cerebro a medias oxidado. Un hombre que ha guardado sus conocimientos para no aparecer como criminal y mantener su tranquilidad aparente, pero que vive en silencio rumiando la estupidez de las personas y reprochándose su propia cobardía para enfrentarlas.

Una novela corta, un cuento largo, un relato imprescindible para enfrentarnos de manera directa con el camino por el que ¿inadvertidamente? vamos transitando.
Farenheit 451 fue publicada en el año 1953 y es notable, a medio siglo de su publicación estemos casi en el escenario que se planteó en aquel momento.

Una lectura que recomiendo sin duda.

Luz, 2008


* Ray Bradbury
Ray Douglas Bradbury (nacido el 22 de agosto de 1920) estadounidense . Escritor de misterio del género fantástico, terror y ciencia ficción, principalmente conocido por su obra Crónicas Marcianas, un libro escrito en 1950 que es descrito como una colección de historias cortas, además de ser una novela, y en 1953 publica la distópica novela Fahrenheit 451.

Se considera a sí mismo "un narrador de cuentos con propósitos morales".
Por sus peculiares características y temáticas su obra puede considerarse como exponente del realismo épico, aunque nunca la haya definido de éste modo.

Si bien a Bradbury se le conoce como escritor de ficción científica, él mismo ha declarado que no es escritor de ciencia ficción sino de fantasía y que la única novela de ciencia ficción que ha escrito es Fahrenheit 451.

1 comentario:

  1. Colina abajo, cuando el cauce de la lluvia de anoche es apenas un hilo, encuentro, pegado a la base de una hierba silvestre, un papel.
    Tiro la colilla y levanto la hoja, que trae un código. Farenheit 451, dice. "Temperatura en la que el papel se quema... y arde", pienso. Ha cambiado mi día.
    Saludazos.

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